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Luis Antuña Maese

San Pedro volvía para quedarse

Una restitución histórica y emocional

El 29 de junio de 2001 marcó un antes y un después en la historia reciente de Gijón. Aquel día, bajo la alcaldía de Paz Fernández Felgueroso, la ciudad recuperaba oficialmente como fiesta local la festividad de San Pedro Apóstol, su patrón. No fue una simple decisión administrativa, sino un gesto de restitución histórica y emocional.

La ciudad se volcó desde primera hora. El Campo Valdés se convirtió en el corazón de la celebración, con la tradicional bendición de las aguas del Cantábrico, que el anterior párroco don Bonifcacio Sanchez “Don Boni” venia celebrando desde años atrás. Allí, su sustituto, Javier Gómez Cuesta, trasladó en nombre del patrón un mensaje tan simbólico como popular: la promesa de una "mar llena de peces" si la festividad se mantenía en el calendario.

La escena resumía perfectamente el espíritu de la jornada: una mirada al mar, otra a Cimadevilla, y una ciudad reencontrándose con sus raíces. Vecinos, pescadores, autoridades y ciudadanos compartieron un día cargado de emoción y significado. El impulso dado a la recuperación de la fiesta por parte de la Asociación de Amigos de la Iglesia de San Pedro, veía reconocido su trabajo constante de los últimos años.

La corporación municipal recogió el sentir colectivo y asumió el compromiso de dar continuidad a la festividad. Tambien el parecer de muchos munícipes que acudían puntualmente cada 29 de junio con el anterior alcalde Vicente Alvarez Areces al frente a acompañar al patrono de la ciudad. Era difícil sustraerse al sentir popular y al simbolismo del momento. San Pedro volvía para quedarse.

La jornada concluyó entre música, tradición y memoria recuperada. La salve marinera cantada en el Campo Valdés puso voz a un sentimiento compartido: Gijón volvía a celebrar a su patrón como lo había hecho durante siglos. Aquella primera recuperación no fue un gesto puntual, sino el inicio de una continuidad que hoy, veinticinco años después, sigue viva.

La decisión de 2001 no supuso la creación de una tradición, sino su restitución. El patronazgo de San Pedro sobre Gijón está sólidamente documentado y hunde sus raíces en siglos de historia. Lejos de ser una atribución reciente o discutible, existen abundantes pruebas en archivos municipales, diocesanos y documentales que confirman a San Pedro como patrón de nuestra ciudad.

Ya en el siglo XVII, el Ayuntamiento de Gijón organizaba solemnemente su festividad. En un acuerdo municipal de 1651 se establecía la celebración con vísperas, procesión, luminarias, hogueras y actos festivos, con la clara intención de que "todos los años se hiciera fiesta".

La importancia institucional de la fecha queda reflejada también en el "Libro de ceremonial del Ayuntamiento" de 1848, que regulaba la presencia de autoridades en los actos del 29 de junio, reconociendo oficialmente el papel de San Pedro como patrono.

El reconocimiento eclesiástico es igualmente claro. En 1955, la Sagrada Congregación de Ritos ratificó el patronazgo de San Pedro tras una petición para sustituirlo por la Virgen de la Asunción. La respuesta fue concluyente: no procedía el cambio.

Aún antes, documentación histórica recordaba el carácter central de esta festividad. En 1649 ya se describe como la principal celebración de la ciudad, con iluminación nocturna, hogueras, fuegos artificiales y grandes celebraciones populares y municipales.

Este arraigo no es casual. San Pedro, pescador y símbolo del mundo de la mar, representa como pocos la identidad de una ciudad que ha vivido siempre vinculada al Cantábrico. La bendición de las aguas, que ha sobrevivido al paso del tiempo, resume esa relación entre fe, tradición y subsistencia.

Pese a ello, los cambios históricos y administrativos hicieron que la festividad perdiera su condición de fiesta local durante décadas. Sin embargo, nunca desapareció del todo: permaneció viva en la parroquia, en Cimavilla y en la memoria colectiva de los gijoneses. Por eso, la recuperación de 2001 tuvo un valor mucho más profundo que el meramente festivo. Supuso reconocer una verdad histórica y devolver a la ciudad una de sus celebraciones más antiguas y significativas.

Veinticinco años después, Gijón sigue mirando al mar cada 29 de junio. Entre la memoria y la celebración, entre la historia y la emoción, San Pedro continúa siendo mucho más que un patrono: es un símbolo de la identidad gijonesa, que mira al arenal de San Lorenzo desde el balcón del Campo de Valdés.

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