Opinión | Crónicas de barrio
Crónica de este Gijón del alma
Amaneció Gijón, en la fiesta de San Pedro, con ese cielo ceniciento que aquí no entristece a nadie. Al contrario. Parece que la ciudad se reconoce mejor bajo las nubes, como si el Cantábrico hubiera enseñado a los gijoneses que la alegría no necesita siempre del sol. Los paraguas florecieron temprano por las calles, negros, azules, de cuadros. Un jardín al revés que camina hacia la iglesia.
Había ambiente de fiesta. No de estruendo, sino de esos días en que un pueblo sabe que va a encontrarse consigo mismo. Dentro del templo reinaba la alegría. Esa piedad sin alardes, hecha de manos que se persignan despacio, de miradas que buscan el sagrario y de silencios que hablan mejor que muchas palabras.
La misa asturiana sonó con buen tono, como si las voces hubieran aprendido desde niños a subir hasta las bóvedas sin hacer ruido. Los monaguillos, con Pablo al frente, cumplían su oficio con esa mezcla de inocencia y solemnidad que sólo tienen quienes todavía creen que servir el altar es la tarea más importante del mundo.
Se veía el cuidado en los gestos humanos. Nadie corría. Nadie quería sobresalir. Bastaba observar la sonrisa serena de Martínez Camino, el buen hacer del arzobispo don Jesús, la naturalidad con la que cada sacerdote ocupaba su lugar, para comprender que las ceremonias también pueden tener alma.
Javier Gómez Cuesta arrancó más de una sonrisa cuando habló de los sufijos «grandones», tan nuestros, capaces de agrandar las palabras sin quitarles la ternura. Y entonces recordó que también Cimadevilla merecía una letanía: Cimadevilla, ora pro nobis. Porque este barrio viejo seguía sosteniendo, como un espaldar de piedra y sal, el Gijón del alma.
Carmen Moriyón, la alcaldesa, estaba entre los asistentes; vestía pantalones negros, chaqueta de rayas blancas y negras, y zapatos negros abiertos. En ese momento salió un rayo de sol. Apenas duró un instante. Volvió enseguida el orbayu, como si Asturias quisiera recordar que aquí la luz y la lluvia nunca discuten.
Y antes de la despedida, la oración se hizo universal. Desde San Pedro, junto al mar, hubo un recuerdo emocionado por Venezuela. Porque la fe, cuando es verdadera, siempre acaba cruzando océanos.
Suscríbete para seguir leyendo
- La gijonesa Cristina Méndez, premio de la Real Sociedad Española de Física, fallece a los 31 años
- Fallece Fran Rosal, encargado durante dos décadas del mítico Bulevar de Gijón
- Samuel Trabanco, gerente de Sidra Trabanco: 'Perdí la voz durante 6 años cuando el banco nos dejó sin un duro por culpa de un crédito de 175 millones de pesetas
- Locura en Gijón con Luis Enrique en la inauguración de la playa verde: 'Mi nombre aparece en los postes, pero yo veo el de mis padres; con humildad y trabajo, ellos me enseñaron el camino
- Herida una niña de 9 años en Gijón a la que se le quedó el brazo atrapado entre una escalera mecánica y la pared
- Atasco kilométrico en la autovía Minera: un accidente entre dos coches en un túnel moviliza a la Guardia Civil
- Samuel Trabanco, lagarero: 'Toda la vida vi traer manzana de Galicia y nunca oí en el chigre: ‘Esa sidra ye gallega’
- Gran revuelo en San Lorenzo por una trifulca: dos hermanos, con síntomas de ebriedad, denunciados por una pelea
