Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

Secciones

Opinión

Malos tiempos para la lírica

El título de este tema de los ochenta del pasado siglo, del grupo “Golpes bajos”, me viene a la cabeza a la hora de describir la situación del género en nuestra villa. Aunque este julio será una excepción al celebrarse, el día 11, la tercera edición de la exitosa gala “Gijón del Aria Mía”, nacida de la iniciativa privada. Sus responsables organizaron la semana pasada un preludio, en forma de conferencia-debate sobre el pasado, presente y futuro de la lírica local, en las instalaciones del Club de Regatas. Allí compartí tribuna con dos grandes: el doctor en Musicología, y colaborador de este diario, Jonathan Mallada, y el periodista y comunicador local Pachi Poncela.

Me tocó repasar la historia local de esta afición y sus principales acontecimientos. Fundamentalmente desde la apertura, en 1899, del teatro Dindurra, a partir de 1942 Jovellanos, con sus momentos más históricos vinculados siempre a espectáculos líricos.

Desgraciadamente su telón se bajó para la ópera y la zarzuela hace años. Las últimas óperas en el bienio 2015-2016: dos títulos ofrecidos exitosamente en colaboración con la Opera de Oviedo ("Madama Butterfly" y "Nabucco"), y los modestos montajes de la International Opera Studio.

Más sangrante aún la situación de la zarzuela, con afición local más numerosa que la operística y siempre llenando funciones. La última representación tuvo lugar hace la friolera de veinticinco años, en 2001. La Compañía Lírica Española, que cesó su actividad a los pocos años, no volvió nunca a Gijón tras sufrir en su viaje de regreso a Madrid un fatal accidente mortal.

Gobiernos municipales de distinto signo político desde entonces, y ninguno de ellos ha mostrado la atención debida a este sector. Como contraste a esta situación puse sólo como ejemplo histórico los años 1962-63, en pleno supuesto desierto cultural del franquismo. Gijón no tenía entonces ni un solo teatro público (Jovellanos y Arango estaban en manos privadas) y el de la Laboral era sólo el salón de actos del centro educativo. GIFESA, antecedente podríamos decir de la actual Divertia, organizó aquellos veranos, y alguno más, temporadas de ópera con cuatro títulos anuales en el Jovellanos. En el 62 Alfredo Kras fue la gran figura. En el año siguiente, y además de la temporada, la plaza de toros acogió una representación de Carmen con Pedro Lavirgen como don José. Tenor que sólo unos días antes cantó doña Francisquita en el Arango, en una temporada de zarzuela con otros cuatro títulos. Hoy, y sobre todo en estos meses en que el Campoamor cesa su programación, nuestro coliseo municipal debería tener el coraje de programar al menos un título de cada género, no es mucho pedir. Conformarse con fórmulas meramente comerciales de musicales a lo Broadway o comedias cubaneras no parece de recibo para un teatro público.

Suscríbete para seguir leyendo

Tracking Pixel Contents