Opinión
¡Viva San Pedro! ¡Viva Gijón!
Discurso íntegro del párroco de San Pedro durante la ceremonia de bendición de las aguas
Cumplimos la tradición, que sigue viva en la mayor parte de la las ciudades y pueblos litorales y costeros, de bendecir las aguas para agradecer los bienes que reciben por el mar que las baña y la belleza seductora que les da y, también para prevenir los peligros que una mar enfurecida les puede causar. Para los playos indígenas fue siempre una costumbre secular, primero el agua bendita y después zambullirse en las olas del mar.
Estamos de aniversario. Hace veinticinco años que esta fiesta de San Pedro, por gracia de la entonces maternal y laboriosa alcaldesa Paz Fernández Felgueroso, a quien le rindo el mayor de los agradecimientos por llevar la ciudad como una familia, a veces arisca y revoltosa, pero ella haciendo honor a su nombre: Paz, recuperó el volver a ser fiesta laboral de la ciudad como lo fue durante siglos, documentada al menos desde el siglo XVI. En esos anales, queda claro que ya entonces había toros y fuegos artificiales que tanto gustan a los gijoneses.
A la fiesta patronal se le asignó la concesión de honores y medallas que anualmente concede el municipio. Este año, a Massiel, la de aquel sempiterno "La-la-la. Yo canto a la mañana que ve mi juventud…" del festival de Eurovisión del 68, que cantó toda España y, todavía cuando los Pirineos eran altos, nos asomó a Europa.
Y a la Feria del Libro, antes que los algoritmos de la IA acaben con los libros y anulen la verdad de la genial máxima de Descartes de "Cogito ergo sum" en latín, del "Pienso luego éxisto" que superó a la duda metódica. Si la "tecnología de la IA" piensa y decide por nosotros, y encima "no tiene corazón, como nos dice el arzobispo D. Jesús en su escrito semanal, ¿qué nos queda?
Con especial alegría celebramos la medalla de plata concedida al muy querido misionero gijonés Kike Figaredo, prefecto apostólico en Battambang en la lejana Camboya, y que es hoy un personaje universal conocido como "el obispo de las sillas de ruedas" que va haciendo patria por donde pasa, pero sobre todo demostrando que la fe cristiana va unida a la defensa de la dignidad humana y los derechos de los más necesitados. ¡Lástima que, por compromisos anteriormente concertados, hoy no pueda disfrutar este día con nosotros! Desde Este Gijón del alma, ¡un abrazo "online"!
La de oro ha sido otorgada a los Misioneros Claretianos por el Corazón de María en el que se han educado miles de gijoneses labrando una personalidad y preparados para ejercer una profesión sin olvidar que la vida tiene una dimensión social. San Pedro tiene una nota histórica que recordar: su fundador, San Antonio María Claret, arzobispo de La Habana, muchos años antes de establecer la congregación en la ciudad, estuvo en aquí en esta Parroquia, durante el mes de agosto de 1858, con motivo de la estancia de la reina Isabel II, de la que era capellán y confesor, que vino a baños a esta playa de san Lorenzo. ¿Le dijeron que el aire y el agua de Gijón son medicinales? Mientras la Reina disfrutaba de la playa, el santo predicaba dos o tres veces al día viendo aumentar la afluencia de los asistentes porque su palabra llegaba al corazón de los gijoneses.
Pero este año, en esta bendición de las aguas, tenemos que hablar de la torre, de la torre de San Pedro. Las ciudades importantes quieren alcanzar el cielo y levantan una torre. Empezaron los de Babel y no se entendieron. A los de Pisa se les entornó y no aciertan a ponerla derecha. París a base hierro alzó la Eiffel y Londres a la Big Beng le colocó el reloj con campanillas para andar con puntualidad. La de Oviedo, la vecina, es de fina orfebrería, gótico-flamígera, y con magistral, D. Fermín de Pas, que Clarín colocó en la literatura universal
Barcelona, inspirados por el genio de Gaudí, sin duda un santo, acaba de marcar un hito con la dedicada a Jesucristo, de 172,5 metros, que apunta al cielo, a la divinidad y nos invita a "alzar la mirada".
Gijón tiene la suya, la de San Pedro, más sobria, que señala el mar como inmensidad que nos agranda el corazón y nos invita a trascender, a saltar fronteras, al "más allá". Es icono popular y respetado de la ciudad. Milagrosamente se libró del "sufijo aumentativo" "tan usual en nuestro lenguaje coloquial: Escalerona, Solarón, Iglesiona... Lo de "torrona", suena mal, no le pega, por su señorío y nobleza. Inaugurada el 8 de diciembre de 1953, lleva 72 años abatida por las lluvias, los calores y los vientos, que esquebrajan el mortero y el hormigón de aquellos años de materiales de baja calidad. Como podéis apreciar, hubo que vendarla, como a los jugadores de futbol la cabeza cuando se dan con la testa un golpe con el contrario. Está a la espera de que los obreros-traumatólogos la sometan a cura. Sin duda es el monumento más fotografiado de Gijón. Ahora, más que le saquen fotos necesita que le manden bizums para afrontar los daños que sufre.
Ha sido una agradable sorpresa la noticia de la colaboración del Museo del Prado con el futuro Centro de Arte ofreciendo un programa pionero: "Ventanas al prado" utilizando las fachadas para exponer algunas de los oleos famosos de la gran pinacoteca. Esta noticia me ha hecho recordar lo del nombre con que bautizar el nuevo Museo Gijonés. El Museo del Prado se llama así porque está edificado en el que fue "Prado de los Jerónimos de Madrid". Pues el de Gijón está en Cimadevilla, ya sabe: "Museo de Cimadevilla". El barrio espera dar con él un salto cualitativo. Lo necesita.
Añado una segunda anotación que me la sugiere la "Meditación del cuadro" de Ortega y Gasset, en la que el filósofo dice con acierto que: "Viven los cuadros alojados en los marcos. Esa asociación de marco y cuadro no es accidental. El uno necesita del otro… La relación entre uno y otro es, pues, esencial y no fortuita" Haciendo la aplicación: el cuadro será el Gran Museo y el marco el entorno del barrio de Cimadevilla que necesita entonces lustre para que como marco haga destacar más el cuadro. Cimadevilla parece el barrio de los planes y promesas. Va a tener que llamarse "Cimadevilla: Ora pro nobis", cuando Cimadevilla es el Partenón de Gijón.
San Pedro es la fiesta de la ciudad, es un día para expresarle nuestro cariño y nuestro gozo de vivir en ella. Es un día para celebrar su historia y su memoria, para honrar sus orígenes, para luchar y soñar con su futuro. Y alegrarnos de este mar y este litoral que el Creador nos donó, y que nos empuja a ser una ciudad abierta, alegre, generosa, tolerante. Mirando al mar no hay paredes, no hay fronteras. Queremos formar parte y contribuir a esa "Magnífica humanidad" de la que nos habla en su primera encíclica el Papa León que nos acaba de visitar y animar.
Que san Pedro nos bendiga, empezando por Cabueñes llevando salud y consuelo, siguiendo por el Municipio sembrando colaboración, entendimiento y concordia para el bien común y -las circunstancias mandan- llegando con solidaridad y ayuda a la destrozada Venezuela. Para los que están aquí y los de allá nuestra cercanía y nuestra mano tendida.
Y si al santo patrón le queda todavía agua en el acetre que pase por El Molinón, a ver si de una vez volvemos, donde nos corresponde, a primera división.
Y ya sabéis: Mientras Gijón sea Gijón, San Pedro es su patrón. ¡Viva San Pedro! ¡Viva Gijón! n
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