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La Rebelión de los Robots

Antes nos llamaban la atención las películas de ciencia ficción y esa idea de una invasión de la IA en la que los robots terminaban dominando el mundo. Pero, mientras vivimos enganchados a las pantallas e hiperconectados a una red Wi-Fi, está pasando algo real y triste: nos estamos volviendo de hielo.

El ejemplo más claro no es un microchip en la cabeza. Es que entras en un ascensor o en una tienda, te cruzas con alguien y el silencio brilla por su presencia. Los saludos y los detalles cotidianos que los acompañan han perdido valor. Pasar de largo como si el vecino fuera transparente es el primer síntoma de que nos estamos deshumanizando.

Tampoco es que la gente se haya vuelto indiferente de golpe. Más bien podría ser que muchas personas estén quemadas y, por lo tanto, también más inaccesibles. Vivimos en una tensión permanente, donde nuestro sistema de alerta está activo las veinticuatro horas. La situación política asfixia a diario, conseguir una vivienda digna es una odisea, el trabajo es precario, mientras que la sanidad y la educación públicas están al límite.

Pero luego maquillamos esa realidad a través del mundo hipócrita que venden las redes sociales. Nos bombardean con un universo feliz y perfecto, donde todo el mundo es guapo, hace deporte, viaja y sonríe. Detrás de esa imagen idílica, muchas veces hay tragedia, soledad y tristeza. Nos muestran una versión de la vida que no se corresponde con el día a día y luego nos sorprende encontrarnos con la verdad de repente, en un entorno donde la mentira se ha convertido en la mejor aliada de un alto porcentaje de la sociedad.

Pero, precisamente por esa falta de empatía y de cuidado humano, lo que viene en camino puede parecer una auténtica invasión de robots. El problema es que, cuando miremos atrás, recordaremos: ¿Tarjeta de puntos, vida? ¡Cuánto echo de menos aquel simple gesto! Entonces comprenderemos que la tecnología nunca podrá sustituirlo.

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