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Festejos y polémicas

El julio gijonés ha comenzado animado y con alguna que otra polémica. El buen tiempo del pasado fin de semana provocó un esperado lleno de playas y calles, mientras los eventos festivos tomaban la ciudad de Este a Oeste. La noche del pasado viernes, por ejemplo, Gijón bullía en una sucesión de celebraciones. Multitudinario concierto de “Taburete” en Metrópoli, fiesta benéfica a favor de la ONG de Kike Figaredo en Somió, luces y empavesado con la bandera nacional en el Club de Regatas para la cena del Carmen de la Armada, y animación en la Semana Negra inaugurada sólo unas horas antes.

Este último festival lúdico-cultural ya ha comenzado con polémica. Algunos partidos políticos locales han mostrado su descontento, a mi modo de ver más que justificado, por algunas encuentros programados, maquillados de carácter supuestamente cultural, pero que constituyen un blanqueamiento, sino apoyo inequívoco, al decadente régimen dictatorial cubano.

A mí personalmente también me ha sorprendido, y no muy gratamente, ver imágenes de las principales autoridades regionales y representantes municipales cortando la cinta inaugural, con el fondo musical del himno de Riego fusilado por una ruidosa charanga. ¿A santo de qué?

Son detalles tan improcedentes como inquietantes. En eventos financiados con fondos municipales, es decir por todos los gijoneses, y ocupando de forma privativa espacios públicos, debería pedirse una mínima neutralidad política. Una cita que reiteradamente trata de venderse como cultural, y con toda legitimidad debería aspirar a ello, no debería degenerar en un chiringuito al servicio de determinados intereses ideológicos, casualmente siempre en la misma dirección. Quien quiera promoverlos está en su derecho, pero tirando de su propio bolsillo, no de recursos públicos ni parasitando eventos que no deberían ir más allá del tono festivo y cultural que sus organizadores auto predican. En cuanto a la defensa de un régimen dictatorial, ya se desacredita por sí sola sin necesidad de mayores explicaciones. Los responsables municipales de la cosa cultural, a quienes suponemos poco afines a estas ocurrencias, no pueden, ni deben, mirar para otro lado haciendo el don Tancredo. El síndrome de Estocolmo no les hará arañar votos entre la izquierda radical, y si quizá perder alguno entre su habitual electorado que asiste estupefacto a estas cesiones.

Afortunadamente sí ha habido también estos días otros anuncios y acontecimientos en la buena línea. En la de buscar consensos y personas acreedoras de reconocimiento por sus méritos y esfuerzo, alejadas de polémicas o sectarismos. Me refiero, por citar algunos ejemplos, a la inauguración de la playa verde dedicada a nuestro paisano “Luis Enrique”, o a la designación del próximo pregonero de la Semana Grande. La elección del conocido periodista deportivo gijonés Antón Meana, que como ha destacado la alcaldesa mantiene la sencillez y el apego a sus raíces, supone un acierto digno de felicitación.

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