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Sembrar odio, recoger votos

El caladero natural de votos de VOX es escaso. Viendo su programa, lo que vota en el Parlamento, Comunidades y Ayuntamientos, y su discurso diario, contaría con cayetanos, los mal llamados nostálgicos y poco más. No bastan, así que tienen que rascar en otros caladeros. Si la macroeconomía nos sitúa en el podio, la microeconomía, el día a día, lo que importa a la gente de la calle, dice lo contrario, así que van a por ellos, pero es difícil pedir el voto de los más desfavorecidos cuando se han opuesto a aumentar el salario mínimo, al ingreso mínimo vital, a la dependencia, a indiciar las pensiones al IPC y pretenden privatizarlas , cuando se oponen a la educación y la sanidad pública, a ayudas a la vivienda, becas comedor o suprimir tasas, cuando sus preferencias van por la caza o los toros, cuando sus intereses son los de las empresas que los financian y pretenden revertir todos los avances sociales.

Con la mentira por bandera, intentan convencerles de que su precariedad viene en patera, contraponen a tu abuela con los menas, dicen que los comedores sociales son un foco de conflictos, tachan a la comunidad LGTBI de  enfermos que se niegan a recibir la terapia que los devuelva al buen camino, culpabilizan a los inmigrantes ilegales de cualquier incidente, si no son ellos es igual, la semilla estará sembrada. Siembran odio, alimentan el descontento, buscan falsos culpables para que sean unos vulnerables quienes se enfrenten a otros vulnerables. Hablan de España y sus valores, de la cristiandad, de lo que fuimos y ya no somos por culpa del comunismo, se envuelven en la bandera, cantan la grandeza de la milicia aunque se hayan escaqueado de la mili, la épica siempre vende. Utilizan los medios que financian para difundir bulos, y sus asociaciones para llevarlos al juzgado; cuando se archiven las denuncias, ya el telediario habrá dictado condena y sus medios obviarán ese archivo, además, si conviene, las causas se pueden estirar como el chicle, aunque la acusación final tenga poco que ver con el principio. Y hacen ruido, mucho ruido, y si un presidente autonómico la caga, la culpa es del gobierno central.

Así, normalizado lo de “Pedro Sánchez hijo de puta”, el odio hará que, para joderle, voten a quienes los consideran siervos. Y si se inclinan por el PP, que ha calcado íntegro el discurso ultra,  no importa, tras una “durísima” campaña, pelillos a la mar, pactos y a repartir el botín que es lo que interesa.

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