Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

Secciones

Opinión

Cinco años sin Alfonso Peláez

Hace cinco años que murió Alfonso Peláez Canal, «Alfonso el Drogueru» por estar al frente de la Droguería Asturiana en la calle de Munuza esquina con La Merced. A Alfonso muchos y muchas lo seguimos teniendo en la cabeza porque nos marcó, como es mi caso desde muy pequeño. Con él fui a la llamada Escuela de doña Anita, a la misma clase sin tener su misma edad (a la clase de los niños, las niñas eran cosa de doña Elisa) y allí aprendimos nada menos que a leer y a escribir. Hablamos de la escuela instalada en el mismo edificio del Salón Ideal con entrada por la calle de San Agustín y éramos ambos residentes en la zona porque Alfonso vivía en San Bernardo 56 y yo en el número 94 muy cerca del cine Albéniz. El Parchís era nuestra zona de juegos con las respectivas madres (Olvido Canal en su caso, Elena Entrialgo en el mío) sentadas y vigilantes; el paseo de Begoña estaba muy lejos y era para ellas «muy peligroso». Luego los dos fuimos al colegio de la Inmaculada, Alfonso hasta el Preuniversitario y yo hasta los catorce años.

Hablar con Alfonso era un placer, se hacía querer. Desde luego  era un lujo leerlo en «La Nueva España» o en sus libros y conversar en su droguería o en múltiples situaciones. Por ejemplo en los Jardines de la Reina poco antes de las nueve de la mañana, yo camino del Archivo Municipal y él finalizando su madrugador paseo antes de ponerse detrás del mostrador de la droguería

Por la izquierda, Luismi Piñera, Julio Puente, David Viña, Francisco Prendes Quirós y Alfonso Peléz; en la proyección, Dioni Viña, Lola Aguado y Juan Ramón Pérez Las Clotas.

Por la izquierda, Luismi Piñera, Julio Puente, David Viña, Francisco Prendes Quirós y Alfonso Peléz; en la proyección, Dioni Viña, Lola Aguado y Juan Ramón Pérez Las Clotas. / Juan Plaza

Lo despedimos hace cinco años con mascarilla tapándonos media cara, y ciertamente le echamos mucho de menos. Hablo en plural porque sé lo que digo, como se suele decir «creo hablar en nombre de todos cuando digo…». Lo recuerdo como si fuera ayer ―era Alfonso muy playeru, muy amante del bendito mar― apoyados los dos en la barandilla de El Muro: «Luismi, Gijón ye muy grande. Limita al norte con Inglaterra, el Cantábrico mediante». No sé, igual lo soñé y no me dijo exactamente eso. Los dos somos escorpio (Alfonso el 26 de octubre yo del 25) y dicen que los de ese signo fabulamos.

A veces veo a Alfonso Peláez. Cuando coincido por la calle con Isabel, su viuda, no puedo evitar recordarlo, y cada vez que veo a su hijo Nacho ahí está Alfonso. Tengo que hacérmelo mirar.

Cuando murió, su periódico lo despidió el jueves 22 de julio de 2021 con un titular que pone: «Adiós a Alfonso Peláez, gijonés a la máxima potencia». Ciertamente que sí. La alcaldesa Ana González y las exalcaldesas Carmen Moriyón y Paz Fernández Felgueroso escribieron tres artículos, respectivamente con estos títulos: «Un referente humano», «Apasionado por Gijón» y «Un gijonés de pura raza».

Qué añadir. Que esas tres mujeres tienen razón.

TEMAS

Tracking Pixel Contents