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Tocar a rebato

El Diccionario de la Lengua Española (DLE) mantiene una definición preciosa, aunque advierte que en desuso, del sintagma titular: "Se empleaba para expresar el peligro de una incursión repentina del enemigo sobre el pueblo, al cual se avisaba tocando aprisa las campanas para que se pusiese en defensa". Y el sustantivo "rebato" aparece definido en el DLE con una primera acepción no menos sino más primorosa aún: "Convocación de los vecinos de uno o más pueblos, hecha por medio de campana, tambor, almenara u otra señal, con el fin de defenderse cuando sobreviene un peligro".

Sería recomendable que no nos dejáramos deslumbrar por la belleza precisa de los diccionarios, pero abundan, en verdad, huellas históricas que nos invitan a considerar la efectividad de las llamadas a rebato. Entre los siglos XVI y XVIII, las torres de vigía y las campanas alertaban a la población de la llegada de corsarios norteafricanos. El toque a rebato permitía que los habitantes se refugiaran o se prepararan para defenderse. Cuando las tropas francesas avanzaban por pueblos y ciudades, las campanas de las iglesias tocaban a rebato para reunir a los vecinos y organizar la resistencia. El levantamiento popular que siguió al 2 de mayo de 1808 se apoyó en gran medida en este tipo de avisos. Durante las guerras carlistas, el toque a rebato servía para convocar rápidamente a los partidarios de uno u otro bando. Los somatenes (o milicias tradicionales de Cataluña) estaban estrechamente vinculados a esos toques a rebato bajo el grito de "Vía fora" (algo así como "todos a la calle"), una convocatoria a las armas que se difundía mediante campanas y otros avisos. Hasta bien entrado el siglo XX, en muchos pueblos las campanas emitían toques específicos para incendios, inundaciones o terremotos. Cada toque a rebato movilizaba a los vecinos disponibles para ayudar.

Aunque las usanzas reseñadas hayan ido desapareciendo con el paso del tiempo por la irrupción de otras tecnologías, otros procedimientos y otras fórmulas organizativas, curiosamente la expresión sigue muy viva en el lenguaje político y periodístico. Cuando se dice que alguien ha tocado a rebato, normalmente significa que ha lanzado una advertencia urgente para movilizar a un grupo o a la opinión pública, aunque ya no haya campanas, tambores, almenaras o cuernos sonoros de por medio. Reconozco que, cual marmota, no percibo ya campanas repicantes llamativas ni vislumbro tañedores habilidosos y confiables. Tal me parece que ahora solo predomina la tercera acepción del DLE del término "rebato", la más fea, aquella del todo desaconsejable por su cariz agresivo, belicoso que lo define sin ambages así: "Acometimiento repentino que se hace al enemigo".

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