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¿Qué es mejor un “marino” o un “submarino”?

En la película Campeones, como recordarán, en el gran partido final el equipo protagonista pierde por un punto y, lejos de disgustarse, enfadarse o venirse abajo, lo celebran con una grandísima fiesta. Esto lleva al entrenador a decirles que han perdido, que no hay motivo de alegría, pero en la respuesta que le dan de: “no hemos perdido, hemos quedado subcampeones y ¿qué es mejor un marino o un submarino?” hay toda una lección de vida y de saber cómo enfrentarse a ella.

Estas semanas han estado llenas, entre otras cosas, de fútbol y de competición, y así nos hemos encontrado con imágenes de victorias y de derrotas, de lágrimas y sonrisas y, sobre todo, de lo que debería ser el deporte y lo que este trae consigo. Aplaudir al rival, ayudar al otro a levantarse si se comete una falta o ser lo suficientemente humilde como para aceptar un resultado adverso, es lo que yo creo que debe transmitir un acontecimiento como el Mundial de fútbol. La superación, la constancia, la rivalidad bien entendida son valores que promueve el deporte, pero si solo nos quedamos con el resultado final y no con el trayecto que nos ha llevado a él, entonces se confunden los términos y se pierden los papeles, algo que, por desgracia, también hemos visto estos días.

Es cierto que en nuestra sociedad parece que solo es válida la opción de ganar y nos centramos tanto en eso que no nos paramos a enseñar qué hacer cuando las cosas no salen como pensábamos. Perder y ganar son dos caras de la misma moneda y deberíamos saber gestionar ambas cosas.

No es la primera vez que hablo de la importancia de educar en la frustración, en “perder el partido” y en el reconocimiento a quienes lo hayan hecho mejor. Hay que aprender a perder para saber ganar y es que en unos tiempos en los que todo debe ser inmediato (incluyendo las recompensas) es difícil preparar y prepararse para aprender de los errores y crecer con ellos porque no son fracasos sino oportunidades.

Así que si hay que quedarse con alguna de las imágenes que hemos visto estas semanas escojo las que mostraban alegría por una clasificación inesperada, por una parada a tiempo o por qué no, por una victoria merecida.

Aprovechemos el verano y las vacaciones para enseñar y aprender a celebrar los éxitos y para aceptar las derrotas haciendo de ellas no fracasos sin más sino oportunidades incluso de volver a empezar.

Tengan un feliz descanso veraniego. Nos reencontraremos en septiembre. Más y mejor.

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