Opinión
Los dibujos de guerra de Moré vistos por Bande
La publicación de “El trazo a la intemperie” y la tarea de reunir en una exposición las obras del imaginado "frente del arte"
No todo es olvido, aunque el olvido sea el destino de casi todo. La publicación de "El trazo a la intemperie", selección de los dibujos que el pintor Mariano Moré (1899-1974) hizo en el frente de guerra asturiano para el periódico "CNT", entre febrero y mayo de 1937, es una de las buenas noticias que nos deja la última Semana Negra de Gijón, ese festival de literatura de género que aún copian aquí y allá. Y lo es por un doble motivo: esa obra dibujística del gran artista gijonés, conservada en el Museo Casa Natal Jovellanos, llega ahora a un público más amplio gracias a esta edición popular y lo hace, además, con la cobertura de unos precisos y enjundiosos textos del escritor y cineasta Ramón Lluis Bande.
Desde que asumió la dirección de la Semana Negra, Miguel Barrero ha tenido el acierto de recuperar la colección Avance, dirigida por el propio Bande, donde ahora aparece "El trazo a la intemperie", después de títulos tan bien traídos como los "Apuntes de guerra", un repertorio de las excelentes crónicas que Juan Antonio Cabezas escribió durante la Guerra Civil, al pie de la trinchera, y "La revolución escrita", donde Iván Cuevas reúne una treintena de escritos (de Lorca o Camus a Alberti y Sender) sobre la revolución de octubre de 1934.
El interés de Bande por los agitados acontecimientos políticos que los asturianos vivieron en la última centuria (el colofón de las revoluciones obreras de Occidente, la Guerra Civil, la resistencia extrema de los "fugaos" o las huelgas mineras de los años sesenta; una notable y densa contribución a lo que Pedro de Silva denomina, en relación con Asturias, la "ecuación heroica") atraviesan su singular y extraordinaria aportación fílmica a esa muy interesante manifestación creativa que llamamos "nuevu cine asturianu". Un intelectual y artista consistente, reflexivo, que en los textos fragmentarios de "El trazo a la intemperie" muestra, asimismo, las fortalezas de uno de los ensayistas importantes en lengua asturiana.
Moré es, a mi juicio, el autor de una de las grandes pinturas asturianas del siglo XX, su "Niño de la Cuenca / Y llegará a ser hombre", de la que pronto se cumplirá un siglo. Perteneciente a una generación posterior a la de Evaristo Valle (1873- 1951) y Nicanor Piñole (1878-1978), ni siquiera la alargada sombra de estos dos poderosos maestros, con sendos y hermosos museos de artista en su ciudad natal, ha podido oscurecer el legado y la trayectoria de Moré. En su figuración de calidades clásicas hay una aquilatada viveza que logra triunfar en cualquier tema, incluso en aquellos de más subrayado costumbrismo. No es un vanguardista, claro, pero tampoco le hace falta para conmovernos con su pintura atenta a las gentes y paisajes de este lado del Payares.
Los dibujos que ahora recupera Bande llevaron a Moré a la cárcel de El Coto. Están en el origen del consejo de guerra que le abrieron los militares sublevados tras la derrota en la Guerra Civil. Fue acusado de auxilio a la rebelión y de "intelectual antifascista". Hubo quien declaró que el pintor iba a mítines socialistas en los Campos Elíseos y que mostraba, vaya delito, una flor roja en la solapa de su chaqueta. Por fortuna, otros testimonios pesaron en su favor y fue absuelto el 8 de marzo de 1940. Todo este inicuo proceso ha sido contado con detalle por Juan Carlos Aparicio Vega en su ajustada monografía "El pintor Mariano Moré (1899-1974)", publicada en 2017 por la Fundación Alvargonzález. El director de esta institución, Ramón Alvargonzález, escribió entonces que el artista gijonés era una "figura fundamental de la pintura española de la primera mitad del siglo XX". No nos parece que incurriera en hipérbole.
Digamos que Moré lo veía todo con los ojos de quien necesita dibujar y pintar para entender mejor el fondo de las cosas. Dibujó en los frentes militares de la guerra civil en Asturias (del cerco de Oviedo a Lillo), pero también en las prisiones del Coto, donde trasladó al papel escenas cotidianas de sus compañeros de cautiverio, e incluso antes, cuando cumplió como soldado de cuota en Marruecos tras el desastre por la derrota de las tropas españolas en Annual, en 1921. Asturianos a los que deberíamos reservar un lugar preferente entre la "tribu" (la palabra que prefería el gran Manu Leguineche) de los corresponsales de guerra: Cabezas, Constantino Suárez, Moré… Estos dos últimos fueron los protagonistas, en 2007, de la exposición de título goyesco "La Guerra Civil en los Museos de Gijón. Los desastres de la guerra". Otro acierto.
Lleva razón Bande cuando señala en "El trazo a la intemperie" que Moré nos plantea en estos dibujos de acuciante sobriedad, por los que el artista cobró del periódico "CNT" 450 pesetas mensuales, algunos interrogantes sobre la experiencia de la mirada en "condiciones extremas", si la muerte acecha y percute la metralla. ¿Qué significa "mirar" cuando la historia estalla de pronto y nos arrolla con una sucesión de acontecimientos terribles? En estos dibujos de Moré hay un persistente eco de esta pregunta. Apuntes del natural, sin afectación o rimbombancia.
Bande califica este trabajo, en el que su prosa exacta ilumina de muchas maneras los dibujos, de un ejercicio de "montaje". En realidad, el cineasta propone un relato de conjunto –tal y como sucede con la experiencia cinematográfica, nos dice– para adunar memoria y presente, o lo que es lo mismo, para establecer una continuidad contra el olvido. En su opinión, estas piezas de Moré, que no deberíamos considerar como menores, rebasan la "categoría tranquilizadora" de obra histórica y son un pertinente ejemplo de arte de la mirada en pugna con los pasadizos hacia la amnesia que engendra el tiempo. No hay arte importante sin punto de vista.
En "El trazo a la intemperie" encontramos, por último, una muy excitante intuición bandiana de la que esperamos algún futuro desarrollo. Especula el escritor y cineasta con la imaginada existencia de un "frente del arte" en aquellos quince meses, aproximadamente, de guerra civil en Asturias. Una referencia a distintos encargos y obras que firmaron, en relación con la dramática contienda, creadores tan descollantes como Valle, Piñole, Goico-Aguirre, Germán Horacio, Suárez o Moré. No sería tarea menor la de reunir todas esas obras, por fin juntas con el pretexto de una exposición, en algún grato espacio de Gijón.
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