Opinión
Sin hablar alto
Vicente García deja, desde su humildad, una breve e intensa obra poética regida por la exigencia expresiva
Vicente García era la antítesis del poeta figurón y declamatorio, el que mete los codos con destreza pugilística para buscar el alboroto de los focos y el relumbrón. Al contrario, le gustaba más bien pasar desapercibido, escuchar y envolverse en su timidez, en su buena educación y en unos suaves silencios que contrastaban tal vez con su fisonomía un poco ruda. Acaba de morir a los 55 años recién cumplidos, casi de puntillas, sin ruido, como le gustaba a él pasar por la vida que tanto hizo por amar y con la que mantuvo siempre, sin embargo, el pulso de los que no acaban de entregar el brazo a la enfermedad, la desilusión amarga o el silencio. Lo dice en uno de sus últimos poemas: “El universo / es una pesadilla en todos los sentidos. // Pero puede salvarnos la poesía. / Las palabras ajenas y las propias”.
Licenciado en Derecho por la Universidad de Oviedo, Vicente García hizo de la poesía una forma de resistencia frente a las erosiones del paso de los años y las sombras de la biografía. Versos y humildad. Una trinchera, un burladero de las ásperas horas y los días gijoneses en los que fatigaba las calles a grandes pasos, como si buscara esas palabras propias y sencillas con las que explicarnos la bondad de su corazón atento. Fue esa lírica querencia la que le llevó a la tertulia literaria Oliver, fragua asturiana de tan buenos poetas. Allí encontró afinidades y la complicidad de un grupo que le ayudó a crecer y a encontrar su voz, tan llena de matices delicados, sobria, sin impostaciones ni imposturas. Asomaba a veces un humor tenue: “Quizá en el futuro nuestros libros / parezcan trasnochados / en la memoria de alguien. / Por lo menos, / no hablábamos muy alto”.
Poeta figurativo y frecuentador de algunas de las líneas claras de la llamada “poesía de la experiencia”, Vicente García encontró pronto su camino en una tradición alejada de las pirotecnias verbales de las vanguardias o de los juegos de manos del irracionalismo. Sus maestros fueron Luis Cernuda, Borges o Jaime Gil de Biedma, entre otros. Colaboró en todas las revistas ligadas a la tertulia Oliver y su obra lírica, bien afinada por el lado de la métrica, podemos leerla en tres títulos fundamentales: "Ahora" (Renacimiento, 2008), donde selecciona sus textos hasta esa fecha, incluido "De ayer a hoy" (Renacimiento, 1996), además de "Años otoñales" (Bajamar, 2017) y el inédito "Todos aquellos sueños". Un puñado de poemas, no muchos, que hablan de la autoexigencia expresiva del gijonés. Casi todo lo que daba a la estampa tenía oxígeno, meditación, trabajo, aunque lo disimulaba, como hacen los buenos, con el difícil arte de la sencillez.
En “La voz arañada de Vicente García”, artículo incluido en "Acercamientos naturales" (Impronta, 2025), subrayé la continuidad temática y estilística de este poeta, desde sus primeros versos. Habrá que esperar a la salida de "Todos aquellos sueños", aunque sospecho que las composiciones de este último volumen confirmarán mi opinión. Eso suele ocurrir con los autores de obra breve e intensa, como es el caso. Desolación y ternura, amor y desamor, la pérdida de la infancia y las despedidas de la juventud, la muerte… Una poesía amasada con las materias que han hecho suyas los poetas de ayer y de hoy. Y que ocupará a los de mañana. Lo original era la dicción de su voz íntima, entre la desolación y la lucidez, nunca estridente.
Vicente García tiene un lugar reconocible entre los poetas españoles de su generación. El mayor homenaje que podemos rendirle es leer algunos de sus mejores poemas. Y hacerlo en una de esas tardes melancólicas iguales a las que asoman por sus versos, tan llenos de verdad y tiempo.
Suscríbete para seguir leyendo
- Fallece un hombre de 68 años tras caer por unas escaleras en un edificio de Gijón
- Fallece Rafael Pablo Romero, padre de la actriz Blanca Romero
- Pelayo, el socorrista más veterano de Gijón, con 92 años, se acuerda de San Lorenzo 'cuando el mar entraba más y había corrientes más fuertes
- Generaciones de jesuitas de Gijón montan su verbena de verano: 'Lo bonito es reencontrarse y compartir el mismo sentimiento de pertenencia al colegio
- Varias picaduras de carabela portuguesa obligan a ondear la bandera roja en la playa de San Lorenzo, en Gijón
- La nueva gran urbanización de chalés en Gijón, al norte del hospital de Cabueñes, ya está en obras
- El 'Solitaire', el buque de mayor longitud que llega a Gijón, llevará a cabo una maniobra inédita en El Musel
- Cecilia Alvargonzález, Grandes de Semana Grande: 'Pasear la playa de Gijón, darte un baño y volver a casa es una gozada, de privilegiados
