04 de septiembre de 2007
04.09.2007

Cuando el comunismo es un mal recuerdo

04.09.2007 | 02:00
Cuando el comunismo es un mal recuerdo

Hubo en Portugal, en plena dictadura salazarista, una muchacha de 17 años que abandonó casa y familia y se incorporó en cuerpo y alma al Partido Comunista Portugués. Al tomar esta decisión se sumergió en la clandestinidad más rigurosa, con todas sus consecuencias: desaparición de la vida pública, cambios constantes de domicilio, de itinerarios e  indumentaria para no caer en manos de la temible PIDE (Policía Interna de Defensa del Estado) y plena dedicación a las tareas que el Partido le irá dictando en cada momento y circunstancias. Pasa de una vida burguesa cómoda, libre y sin problemas, a someterse de forma total a la disciplina más férrea, que la llevará a realizar a ella, hasta entonces hija única y mimada, las labores domésticas más ingratas y pesadas. Hay que decir que este radical cambio de vida no se debió a problemas personales, ni siquiera a una labor de captación política. Se debió a una decisión libérrima fascinada por un ideal de libertad y justicia: «conseguir una sociedad más justa y crear un hombre nuevo». Algo que sólo creía posible en una sociedad comunista.


La renuncia de esta muchacha incluyó también a la pasión de su vida: el ballet clásico, para el que disponía de indudables cualidades y en el que había realizado notables progresos practicándolo desde los 4 años. Todo quedó pospuesto al ideal y la militancia comunistas.


La historia de esta aventura que duró veintitrés años (desde 1965 a 1988) la narra su protagonista, Zita Seabra, en una extensa obra que acaba de aparecer en Lisboa con el título, «Foi assim» («Así fue»), Alêtheia. 2007. Es un testimonio minucioso, desapasionado, sin acusaciones personales y comprensiva consigo misma de alguien que llegó a alcanzar altas responsabilidades dentro del partido como miembro del comité central. Pero, al final, los largos años de militancia desembocan en la descalificación total del comunismo al descubrir su mentira, desde dentro y a través de dolorosas experiencias personales. Aún hoy no se puede borrar de su conciencia no haberse rebelado ante el fusilamiento en Angola de una íntima amiga y compañera de militancia por ser considerada disidente con la línea del partido y encontrándose embarazada. Su actitud crítica le supondrá también a ella, más tarde, la expulsión del partido y la descalificación personal.


Por poca curiosidad histórica que se tenga, estas memorias resultan de gran interés para conocer, no sólo lo que fue el Partido Comunista Portugués y su funcionamiento, así como el papel histórico de sus líderes en el cambio de régimen y la transición a la democracia en el país vecino, sino, además, como ilustración fehaciente, a través de una experiencia y testimonio personal, del colosal engaño histórico que supuso el comunismo.


No hay que olvidar que el siglo XX pasará a la historia de la Humanidad por la puesta en práctica e intento de implantación de dos proyectos políticos totalitarios, inhumanos, tiránicos y de las más nefastas consecuencias: el comunismo y el nazismo. Sus efectos destructores y perversos no sólo afectaron a Europa -donde tuvieron sus orígenes y sus máximos efectos-, incidieron también, con mayor o menor intensidad, en otras extensas áreas del planeta.


Ante casos como el de Zita Seabra no puede uno dejar de preguntarse: ¿cómo es posible que el ideal comunista pudiera seducir de manera tan total a una adolescente que sólo está terminando el Bachillerato y que forzosamente tendría de la ideología comunista y de su proyecto político una vaga y lejanísima idea? Se podrá hablar del deseo de justicia social y de libertad, unidas a la generosidad propia de la juventud. Sin duda que en casos así juegan estos factores. Pero no es menos importante la carencia de ideas que incardinen a una personalidad en formación con proyectos vitales radicales, coherentes con nuestra naturaleza de hombres y de ciudadanos. En el caso de la protagonista hay que decir que, como ella confiesa, sus padres, sin manifestar ninguna hostilidad a la religión, carecían de toda práctica religiosa y ella ni siquiera había sido bautizada.


Y, se preguntará el lector, ¿qué ha sido de esta aguerrida militante comunista, después de haber abandonado el comunismo? Zita Maria de Seabra Roseiro es actualmente militante y diputada socialdemócrata, defiende el liberalismo económico, se dedica también a la empresa editorial, no quiere hablar de su vida privada, ni de su fe religiosa, aunque su libro lleva como exergo las palabras de San Juan: «La verdad os hará libres»; está casada y tiene dos hijas de una relación anterior al actual matrimonio, del que tiene un hijo.

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