03 de abril de 2008
03.04.2008
 

Comer en hoteles

03.04.2008 | 02:00
Comer en hoteles

Comedor amplio; mesas lo suficientemente separadas entre sí como para asegurar cierta intimidad; ambiente tranquilo; servicio amable y eficaz; comida bien preparada y presentada, y un precio muy competitivo. Éste podría ser el «retrato-robot» de muchos restaurantes de hotel en Asturias.


Hoy día -hablo de mi experiencia personal-, por el mismo dinero, o poco más, del que me gasto cuando voy «de tapeo» a establecimientos «populares», puedo cenar un viernes o un sábado o comer un domingo estupendamente y muy a gusto en un buen número de hoteles asturianos. Paradójicamente los comedores de estos establecimientos, en esos días -salvo que haya algún banquete- casi nunca están llenos de comensales, mientras muchísimos bares, sidrerías, restaurantes en los que reina el tapeo están «a reventar».


¿Por qué los restaurantes de muchos hoteles de Asturias no tienen «el éxito que se merecen» entre los asturianos? Sospecho que, principalmente, por desconocimiento: mucha gente piensa -me baso en lo que oigo «por ahí»- que comer en un hotel «es muy caro». Además, en un buen número de hoteles los comedores «no se ven desde la calle», y para encontrarlos hay que entrar por la puerta principal del hotel, preguntar en recepciónÉ, y esto parece que «corta» un poco a bastante gente.


¿Qué podrían hacer esos hoteles, cuyos restaurantes no tienen «el éxito que se merecen», para captar más clientes entre las personas que viven en su entorno? Ahí van algunas de mis «recetas»:


Contra el desconocimiento antes mencionado «no va a quedar más remedio» que gastar «x» euros en publicidad.


«Sacar el comedor a la calle». En esos hoteles en los que el comedor es interior y con «vistas» a otras dependencias del hotel, casi siempre sería bueno ubicarlo cara al exterior para que los clientes que estén en él puedan disfrutar de luz natural y de vistas del entorno del hotel. La entrada al comedor, desde el exterior, que se pueda hacer por una puerta diferente a la principal del hotel. Soy partidario de que el restaurante, además de entrada «particular», tenga una «aspecto externo» con personalidad propia y un nombre diferente al del hotel.


Oferta de platos y bebidas en clara sintonía con los gustos y tendencias de la clientela potencial que el hotel tiene en su entorno: más «cocina casera», más tapeo, más oferta de pinchos, más vinos por copas, más sidra -la de «escanciar», muy poco presente en comedores de hotel.


Intentar captar colectivos de clientes potenciales a los que la restauración no hotelera no dedica demasiada atención, en general: celiacos, diabéticos, niñosÉ Incluir dentro de las cartas del restaurante «mini-cartas» de 4 o 5 platos dirigidas a estos colectivos puede captar bastantes de esos clientes y, por supuesto, muchos de sus familiares. Y un detalle que seguramente agradecerían muchos clientes ciegos: la carta en Braille.


Aprovechar otras dependencias y servicios del hotel para hacer más atractivo el restaurante. Por ejemplo: aparcamiento gratis para comensales en el garaje del hotel; «guardería infantil» -muchos hoteles tienen varios salones, algunos infrautilizados gran parte del año; en alguno se podría montar una «guardería» para que papá y mamá puedan disfrutar de la comida tranquilamente, mientras en el salón de al lado sus «retoños», María de 4 años y Javier de 6, juegan y se divierten bajo la atenta mirada de un/a trabajador/a del hotel; las habitaciones del hotel también podrían contribuir a captar clientes para el restaurante: ofreciendo a clientes que coman en él la posibilidad de «siesta gratuita» de 4 a 6 de la tarde, por ejemplo, o descuentos en el precio de la habitación, o una noche de hotel gratis por un consumo en el comedor superior aÉ; permitirles el acceso gratuito o con descuento a otros servicios que pueda tener el hotel como spa, sauna, cancha de tenis, internetÉ contribuiría al mismo objetivo.


Estas recetas, para que resulten eficaces, deben estar aderezadas con un ingrediente fundamental: una atención al cliente de muy alta calidad. Si se le da «el oro y el moro», pero se falla a la hora de atenderlo personalmente ¿qué pasará? Seguramente que lo que se gana por un lado se pierde por otro, o sea: mal negocio; o dicho de una forma más «culinaria», lo comido por lo servido.


José Antonio Suárez es profesor del CIFP de Hostelería y Turismo. Gijón.

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