09 de mayo de 2008
09.05.2008
Enrique gonzález duro
Psiquiatra
 

«Acabaremos diciendo que la vida es una adicción»

«Creo que las personas se sienten cada vez más solas y tienen miedos»

09.05.2008 | 02:00
Enrique González Duro.

M. LUGILDE

Sexo, trabajo, comida, juego, incluso el amor está siendo considerado por muchos expertos como potencial adicción del siglo XXI. Vendrían a sumarse a las clásicas como el tabaco, el alcohol o las drogas no legales. Para Enrique González Duro, psiquiatra del Hospital Gregorio Marañón de Madrid y ponente de la conferencia inaugural de la XIV Jornada municipal sobre drogas, la sinrazón de este planteamiento ha de servir para revisar el concepto de adicción y también para reflexionar sobre el tipo de sociedad.


-¿Usted cuestiona el mismo concepto de adicción?


-Lo que cuestiono es la idea de adicción como enfermedad ingobernable e incurable si no se cuenta con ayuda externa. Desde luego, yo prefiero hablar de manías y nunca le diagnostico a un paciente ni adicciones ni manías. Huyo del diagnóstico, lo considero una exigencia burocrática. Es meter en la cabeza del paciente el concepto de enfermedad para darle tratamiento.


-¿Por qué cataloga de «seudosoluciones» la labor de entidades como Alcohólicos Anónimos o de algunos psicólogos?


-Para mí, el funcionamiento de organizaciones como AA es similar al de las sectas; se exige una especie de conversión religiosa que pasa, entre otras cosas, por el reconocimiento de que uno se ve enfermo e impotente ante su problema. La realidad es que un alcohólico puede rehabilitarse solo, sin ayuda, como los fumadores. Los psicólogos cognitivos conductuales, su trabajo es un programa de autoayuda, y los psiquiatras buscan siempre el fondo de ansiedad y depresión para medicar. Es bueno que la población sepa que la inmensa mayoría de los médicos está sobornada por las multinacionales farmacéuticas; no es un delito, pero sí una corruptela general.


-¿Cómo ayudar a una persona que tiene una adicción?


-Atendiéndola de forma personalizada, escuchándola, ayudándola a que analice la forma en la que ha planteando su vida y a que tome sus propias decisiones al respecto.


-¿Descarta que sexo, comida, trabajo o incluso amor puedan ser generadores de adicciones?


-Por supuesto. Tal y como algunos están planteando las cosas, parece que vivir es un gran riesgo y acabaremos diciendo que la propia vida es una adicción. Después de siglos defendiendo el amor como un sentimiento deseable, ahora se le trata como un riesgo potencial... en cuanto al sexo, espero que resista el envite; si nos quitan el sexo, no sé cómo podríamos vivir.


-¿Usted es partidario de legalizar las drogas?


-Desde luego, se ahorraría mucho sufrimiento. La heroína, por poner un ejemplo, es una droga de efecto sedante y, sin embargo, asociamos al heroinómano con la violencia y la delincuencia. Lo que le hace delinquir es la necesidad de conseguirla, no la heroína en sí. En definitiva, de lo que se trata es de ofrecer toda la información sobre las drogas.


-¿A qué conclusión ha llegado después de toda una vida de práctica psiquiátrica?


-Veo que las personas se sienten cada vez más solas y tienen más miedos.


-¿El «monstruo de Amstetten» es un enfermo mental?


-No. Es un ejemplo de machismo elevado a la enésima potencia. El suyo fue un ejercicio de dominación total sobre su familia. Porque, a mi juicio, su mujer debía tener conocimiento de la situación, pero no hizo nada por cambiarla debido al enorme miedo que le tenía.


-¿Y las familias con enfermos mentales que reclaman centros?


-No hay suficientes recursos. No podemos plantear centros de internamiento de por vida.

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