Directora del Centro de Terapia Sexual de Gijón

María IGLESIAS

«No quiero volver más al ginecólogo a pedir la píldora y que me pregunte para qué la quiero». Sila Murillo habla abiertamente de su sexualidad y de su derecho a poder vivirla como cualquiera. Debido a su discapacidad -que la ha tenido postrada en una silla de ruedas desde hace 25 años- la coordinadora de la Comisión de la Mujer de Cocemfe Asturias reclama su «derecho al placer». El caso de Murillo no es el único, hay muchas mujeres en su misma situación. Por ello, Cocemfe Asturias organizó ayer la primera jornada de la sexualidad, en la que participaron ponentes tan destacadas como la directora del Centro de Terapia Sexual y Mediación Familiar de Gijón, Pilar Sampedro, que ofreció una conferencia bajo el título «Relaciones sexuales, una cosa de dos».

-¿Con qué problemas se enfrenta una mujer discapacitada a la hora de mantener relaciones sexuales?

-El deseo es una parte muy importante de las relaciones personales y lo que tienen que comprender es que son mujeres capaces de despertar deseo. El problema de las personas con discapacidad es que se sienten más vulnerables que el resto; en segundo lugar están sobreprotegidas por la familia para evitar que sufran y sus relaciones están más invisibilizadas en los medios de comunicación.

-¿Cuáles son las barreras que deben superar?

-Las mujeres discapacitadas tienen las mismas necesidades y deseos que el resto de mujeres. Yo lo que intento es animarlas para que se sientan bien con el cuerpo que tienen, que sepan que pueden despertar deseo y erotismo. En este sentido, deben buscar la autonomía.

-¿La mujer discapacitada puede tener una vida sexual plena?

-Depende de lo que entendamos por vida sexual plena. Si por ello se entienden los genitales, hay que tener en cuenta que, en muchas ocasiones, la discapacidad les va a impedir desarrollar esa vida sexual. Ahora, si por vida sexual plena entendemos el amor placentero, compartir los afectos y los cuerpos, entonces claro que alcanzan la plenitud.

-¿Para construir hay que deconstruir?

-El modelo de romanticismo y el tipo de relaciones afectivas que nos han enseñado a las mujeres, no nos hace ningún bien. De ese amor romántico hay que pasar a la ética del cuidado. De saber que las relaciones afectivas se basan en cuidar el uno del otro, de aportar cosas a las otras personas y que nos aporten. Ese modelo de amor romántico y esa necesidad que tenemos las mujeres de sentirnos queridas hace que a veces busquemos amores que nos hacen daño. De nuevo, la educación de las nuevas generaciones vuelve a ser el telón de fondo.