06 de julio de 2009
06.07.2009
 
Perfil El cuestionario del desayuno

«El mayor impacto de la obra de El Musel es la ocupación de un fondo marino que estaba libre»

«La costa asturiana se encuentra bien conservada, ha habido épocas peores, pero no debemos bajar la guardia»

06.07.2009 | 02:00
«El mayor impacto de la obra de El Musel es la ocupación de un fondo marino que estaba libre»

Director del Centro Oceanográfico de Gijón

C. JIMÉNEZ


Javier Cristobo cumple ahora seis meses desde su nombramiento como director del Centro Oceanográfico de Gijón, el más joven de los adscritos a la red del Instituto Español de Oceanografía (IEO). Recién finalizada una misión en la Antártida y con los preparativos de la siguiente ya en marcha, habla de los retos más inmediatos que se plantean para la oceanografía.


-¿La costa asturiana está bien conservada?


-En general la costa asturiana es un ejemplo de conservación. Tener una cantidad de costa importante implica una renovación de las aguas y, por tanto, una calidad de aguas bastante buena. Está claro que hay muchos aspectos en los que todavía hay que trabajar. La ría de Avilés quizá sea un ejemplo de contaminación, pero cada vez se están poniendo más los mecanismos para que esa contaminación no llegue al mar. Hemos pasado épocas peores, pero no se debe bajar la guardia.


-¿La obra de El Musel puede tener alguna repercusión para el medio marino?


-La acción del hombre sobre el medio marino es difícil que tenga efectos positivos. Cualquier modificación del medio que no sea natural no va a provocar nunca cambios positivos. Lo que hay que valorar siempre en este tipo de acciones es ver si realmente una obra importante trae beneficios para una comunidad y comparar la diferencia entre la implantación de un puerto y las consecuencias ambientales que puede tener.


-¿Se han analizado esas consecuencias desde el Centro Oceanográfico de Gijón?


-Lo que se persigue siempre en cualquier obra es un desarrollo sostenible. El hombre cada vez necesita más y mejores vías de comunicación; el asunto es cuántos puertos necesita y dónde hay que ponerlos. Una obra como la de El Musel conlleva un impacto, como cualquier otra, pero el mayor impacto no son los cambios de corrientes, sino el construir una estructura encima de unos fondos donde antes no había nada. Hay que establecer un equilibrio entre lo que impactamos, los beneficios económicos de esa infraestructura y las consecuencias ecológicas que puede tener.


-¿En qué campañas se han embarcado para esta temporada?


-Ahora mismo estamos con el proyecto «Indemares», que tiene repercusión en todos los centros oceanográficos de España y en algunas áreas del CSIC para evaluar zonas que se sospechaba que podían ser interesantes porque son ecosistemas vulnerables, porque tienen una alta biodiversidad o porque pueden ser unas reservas de pesca importantes donde se reproducen especies. Hay muchas razones por las que pueden declarar áreas marinas protegidas, como ya se hizo con El Cachucho. En la zona norte estamos trabajando en el cañón de Avilés y en la zona de Galicia los centros oceanográficos de Gijón, Santander y La Coruña. La primera campaña de prospección empieza en Gijón este mes a bordo del barco oceanográfico «Cornide de Saavedra», del IEO.


-¿Qué hay de nuevo sobre El Cachucho?


-Ahora mismo estamos analizando los resultados obtenidos de la última campaña. Las razones por las que se había hecho área marina protegida se confirman: tiene una alta biodiversidad de especies y unos ecosistemas muy característicos y muy interesantes desde el punto de vista faunístico. Son espectaculares los resultados que se observan y los mapas y la cartografía en tres dimensiones de esta gran montaña submarina.


-¿Cómo acceden al fondo marino para obtener información de esas profundidades?


-Nosotros trabajamos normalmente en las partes más altas del banco, hasta los 2.000 metros de profundidad. No bajamos físicamente más allá porque la tecnología es carísima y España no dispone todavía de esos medios. Aunque ya estamos apostando por nuevas tecnologías y gestionando la compra de un robot que pueda bajar hasta los 2.000 metros, grabar imágenes, hacer fotos e, incluso, se está pensando que incorpore una pequeña pinza para coger una pequeña muestra, siempre con métodos lo menos invasivos posible.


-¿Cuánto cuesta una expedición científica en el mar?


-El coste del buque «Cornide de Saavedra», que iniciará el próximo día 14 una campaña en el Cantábrico, es de casi 13.000 euros por día. Serán 13 días de navegación. Pero no sólo cuesta el barco, también los aparatos que adquieres, la tripulación, la dedicación de los científicos...


-¿Y cómo se prepara una expedición a la Antártida como la que realizó el invierno pasado?


-Depende del tipo de trabajo que vayas a realizar. No es lo mismo realizar un muestreo de plancton que del sedimento del fondo. Las campañas se organizan en función de los objetivos que persiguen. En la última, el proyecto «Actiquim», se trataba de observar la actividad química de invertebrados. No trabajamos a bordo de un barco, sino que estamos en una base antártica española, la Grabriel de Castilla, situada en la isla de Excepción. Lo que necesitamos para trabajar allí son equipos de buceo, que son más sofisticados que los que podemos emplear en el Cantábrico, y toda nuestra actividad está relacionada con el buceo. Son experimentos para ver cómo reaccionan determinados invertebrados a determinados compuestos que existen en el medio marino.


-¿A qué temperaturas bucean?


-Normalmente, el punto de congelación de las aguas antárticas se sitúa en -1,8 grados centígrados, depende de la época del año. Llevamos trajes especiales de neopreno secos y debajo un mono de forro polar. El tiempo que estamos buceando no excede de media hora o de cuarenta minutos, para que el frío no llegue a penetrar.


-¿Son visibles los efectos del cambio climático en la Antártida?


-Los expertos han constatado una pérdida de la masa de hielo de la Antártida que va a más de año en año y nos dicen que la cosa seguirá en plan exponencial. El problema se centra en la pérdida de salinidad de las aguas marinas como consecuencia del deshielo.


-¿Qué objetivos persiguen esas misiones en condiciones extremas?


-Todavía no se conoce la ecología química de los invertebrados. En el medio marino hay cientos de compuestos que no se sabe cómo evolucionan y cómo interaccionan con las especies y queremos saberlo.


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Javier Cristobo


Doctorado en Biología (1996) y doctor europeo. Es investigador titular del Instituto Español de Oceanografía (IEO) en la especialidad de ecología bentónica, labor que desempeña en el Centro Oceanográfico de Gijón.


En su trayectoria profesional ha ejercido como profesor de Biología Subacuática de la Escuela Taller de Buceo Científico de la Xunta de Galicia en Vigo, ha sido director de desarrollo de SINEMAR, profesor del Instituto Gallego de Formación en Acuicultura, de Acuicultura de la Facultad de Ciencias del Mar en la Universidad de Vigo, asesor científico y cámara submarino para TVE. Es buceador profesional y deportivo.

-¿Qué talento desearía tener?


-Pintar acuarelas.


-¿Cuándo y dónde ha sido más feliz?


-En París, en diferentes etapas de formación e investigación en el Museo de Historia Natural. Y en Gijón estoy pasando una de las mejores etapas profesionales y personales.


-¿A cambio de qué daría todo lo que tiene?


-De no perder nunca a las personas que me importan.


-¿Qué reforma de la sociedad considera más urgente?


-Reducir las desigualdades socioeconómicas y compensar las desventajas de los más desfavorecidos.


-¿Mar o montaña?


-Mar, pero sería imperdonable no disfrutar del monte en Asturias.


-¿Un lugar de Gijón para perderse?


-En bicicleta por la ruta verde de La Camocha y del Piles.

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