16 de mayo de 2010
16.05.2010
40 Años
40 Años
 

Bata blanca y escudo verde

16.05.2010 | 02:00

No es gijonés. Ni siquiera asturiano. Pero siente como suyo este terruño cantábrico en el que echó raíces hace treinta y nueve años, y preservarlo de las aberraciones del progreso se ha convertido en uno de sus caballos de batalla. Desde la parroquia de Cabueñes, donde reside, lucha contra la expansión del urbanismo local como una especie de rey Pelayo. El «ejército» que encabeza, con formación de plataforma ciudadana, lleva en la resistencia desde hace dos años. Su oposición a la política urbanística municipal está resultando infatigable.


Este batallador, de nombre Francisco Díaz Cadórniga (Orense, 1941), es hombre discreto, de los que prefieren no exponerse al foco de la vida pública. Pero no tuvo inconveniente en dar la cara por Cabueñes cuando los vecinos decidieron rebelarse contra los 600 pisos que el Ayuntamiento planea en la parroquia. Foro por Asturias le concedía, el pasado viernes, el premio «Defensa de la democracia» 2010 por «enfrentarse a los intereses especulativos en favor de la mayoría».


Este premio reconoce, por extensión, «el valor cívico» de un movimiento de reivindicación vecinal conocido como Plataforma Ciudadana contra el «Muro» de Cabueñes. A este colectivo, del que Díaz Cadórniga es firme presidente, jamás le ha temblado el pulso ante los avances del modelo urbanístico que amenaza la tranquilidad de su territorio. Y, en la protección medioambiental de esos confines de la zona rural, han llegado incluso a sentar en el banquillo al que fuera arquitecto del Ayuntamiento hasta diciembre de 2003. Un golpe duro para el gobierno municipal.


El «caso Blanco» y el plan de Cabueñes aceleran el discurso de Francisco Díaz Cadórniga hasta el enfado. Pero este gallego de corazón asturiano no descuida las formas ni en los momentos de mayor tensión. Lo cortés no quita lo valiente. «La falta de educación... es que no puedo con ella», desahogó tras una de sus últimas reuniones con miembros del equipo de gobierno, en la que hubo más tiras que aflojas.


Díaz Cadórniga se acerca a los 69 años con el inconformismo de un chaval y la confianza de una vida jalonada de estrellas. Porque, mucho antes de ponerse al frente de la Plataforma de Cabueñes, ya se había ganado los galones como médico endocrino. Llegó a la región con treinta y pocos años para incorporarse a la plantilla del Hospital Central y acabó convirtiendo el gigante sanitario asturiano en un referente de su especialidad. Se jubiló como jefe del servicio de Endocrinología y Nutrición con la medalla de plata del Principado en la solapa. Con este galardón, el Gobierno autonómico le ponía broche a una carrera volcada en la sanidad pública y en la investigación.


El doctor Díaz Cadórniga sólo exterioriza su satisfacción por haber erradicado el bocio en Asturias, aunque sus colegas aseguran que es uno de los mejores endocrinos del país. Más allá del brillante currículum, está el médico humano, el que antepone el trato con el paciente a la burocracia. Todavía hoy le piden diagnósticos al vuelo o recetas infalibles contra la gordura. A lo último siempre responde con los dedos cerrando la boca en cremallera, gesto con el recomienda contención en la dieta.


A él la naturaleza le ha regalado un metabolismo ágil, sin grasas, que transforma la energía personal en solidaridad hacia los demás. Desde 1995, Francisco Díaz Cadórniga lucha contra la diabetes en el desierto argelino de Tinduf, donde los refugiados saharauis viven su particular calvario. Las necesidades de este pueblo expulsado por Marruecos de la antigua colonia española del Sahara Occidental son infinitas. Cadórniga ayuda como mejor sabe: con medicina y material sanitario.


Ha ganado para la causa a muchos profesionales. La mayoría de los residentes que aprendieron endocrinología con él acabaron arrimando el hombro en este desierto sin nada que se conoce como Hamada.


Sus pacientes saharauis lo esperan cada año como agua de mayo. Acude a la cita con la vocación intacta de quien siempre ha entendido su profesión como un servicio público.


De su otra causa, la que libra a seis kilómetros y medio del casco urbano de Gijón, también saben sus antiguos compañeros. Más de uno, y de dos, tienen pegatinas o papeletas con el emblema «SOS Cabueñes» que advierte de la transformación urbanística proyectada en la parroquia. El que no haya tenido ocasión de oírlo hablar del asunto se mantiene al día por los periódicos, donde aparece con cierta frecuencia como presidente de la Plataforma Ciudadana.


Desde que la portavoz del colectivo se mudó a Miami por razones familiares, Francisco Díaz Cadórniga ha sentido con más fuerza la presión de un conflicto vecinal que ha llegado hasta los tribunales. No acaba de acostumbrarse al trasiego mediático. Pero sus compañeros de filas siguen opinando que es la persona más adecuada para presidir el colectivo: «Su trayectoria es ejemplar, y el Ayuntamiento, por mucho que busque, no tiene nada que reprocharle». Un caballero ejemplar de bata blanca y escudo verde (color de su lucha ciudadana).

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