17 de mayo de 2010
17.05.2010

Los directivos de Emulsa destacan la valía del conductor fallecido

La Alcaldesa despidió en el tanatorio a Luis Fernández, que fue incinerado l Se desconocen aún las causas del suceso

17.05.2010 | 02:00
Asistentes a la celebración de la palabra, ayer, en el tanatorio. A la izquierda, la viuda, María del Mar Dago.

Eloy MÉNDEZ


La capilla del tanatorio se llenó ayer de familiares, amigos y compañeros de trabajo en la Empresa Municipal de Servicios de Medio Ambiente Urbano de Gijón (Emulsa) de Luis Eugenio Fernández, el conductor del camión de la basura fallecido en la madrugada del sábado tras precipitarse con su vehículo desde el viaducto de Somonte en la autopista «Y». Antes del acto religioso, previo a la incineración de los restos mortales de la víctima, los más allegados al trabajador recibieron en persona el pésame de la alcaldesa, Paz Fernández Felgueroso; la concejala de Medio Ambiente y presidenta de Emulsa, Dulce Gallego, y de otros directivos de la empresa municipal.


Después del oficio, los asistentes arroparon con especial cariño a la viuda, María del Mar Dago, y a la hija, Marta Inés Fernández, que recibió la noticia de la muerte de su padre en la madrugada del sábado, horas después del fatal accidente. Por el momento, se desconocen las causas que motivaron el suceso y todo está pendiente ahora de que la Guardia Civil haga público un informe al respecto, después de que varios agentes tomaran datos en el viaducto de Somonte y en la carretera que pasa por debajo de esta estructura, cerca de donde cayó el camión.


La nota dominante ayer en el tanatorio era similar a la del día del fallecimiento de Fernández: incomprensión y estupefacción. Ni compañeros ni familiares se pueden explicar cómo un conductor con veinte años de experiencia pudo perder el control de su vehículo en plena recta y en un lugar que, en principio, no ofrece problemas de visibilidad. El ovetense, que había llegado a Gijón tras su matrimonio, era considerado por los responsables de Emulsa uno de sus trabajadores más competentes. Había llegado a la empresa a principios de los noventa, para trabajar en las labores de baldeo de la vía pública y, poco después, reunió méritos para ponerse al volante de uno de los camiones de la basura. Ayer, sus jefes lo recordaron como un empleado veterano y cumplidor y así se lo transmitieron a la viuda, la hija y los tres hermanos de Fernández.

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