05 de septiembre de 2010
05.09.2010
 

«Las ciudades están hechas a la medida de un adulto, varón y trabajador»

«Los pediatras lo dicen muy claro: nunca se debería permitir que la última experiencia de un niño antes de acostarse fuera ver la televisión»

05.09.2010 | 02:00
Francesco Tonucci, en el Centro de Profesores y Recursos de Gijón.

Estudioso del comportamiento y el pensamiento infantil

C. JIMÉNEZ


Francesco Tonucci es investigador del Instituto de Ciencia y Tecnología de la Cognición del Consejo Nacional de Investigación italiano en Roma. Su actividad profesional se ha dirigido al estudio del pensamiento y del comportamiento infantil. Es también un reconocido dibujante que firma sus viñetas como «Frato». Ha publicado varios volúmenes sobre la cultura de la infancia y es el creador y responsable del proyecto internacional «La Ciudad de los Niños» que propone a los administradores cambios en las ciudades asumiendo a los niños como parámetro ambiental y de sostenibilidad. El pasado jueves, Francesco Tonucci participó en el inicio del ciclo «La escuela infantil, hoy» en el Centro de Profesorado y Recursos de Gijón, para hablar a los docentes sobre la importancia de escuchar a los niños.


-¿Qué nos pueden enseñar los niños?


-Los niños son competentes, tienen cosas para decir y lo que es más interesante, dicen cosas que nosotros hemos olvidado. No es porque sepan más que nosotros, los adultos, sino que saben otras cosas, ven las cosas con otro punto de vista. Físicamente son más bajos, psicológicamente tienen pensamientos, deseos, sueños y necesidades distantes de los nuestros y normalmente la ciudad no tiene en cuenta esto.


-¿La ciudad es una amenaza para los niños?


-La ciudad está hecha a la medida de un adulto, varón y trabajador. Los que no son adultos, varones o trabajadores se encuentran excluidos en la ciudad. Y eso también afecta a la infancia. Es difícil que encontremos niños que se están moviendo solos por la ciudad porque se les rechaza.


-¿Cuál es, pues, el valor de la infancia?


-Existe un doble rasero: por un lado, el del niño pequeño que no sabe, que espera crecer para aprender y, por otro, el que considera al niño como una persona que sabe y va a la escuela para crecer en el saber relacionándose con los demás niños y con la ayuda metodológica de un adulto para favorecer su saber, con lo cual los niños se convierten en autores y actores de su propio conocimiento.


-¿Qué papel debe jugar la escuela en el desarrollo de los niños?


-Su labor fundamental es la de crear un mundo de palabras, de escritura, de lectura dentro del cual el niño desea entrar como protagonista y como autónomo. Pero la costumbre de la lectura va desapareciendo porque la televisión lo ha puesto muy difícil. La mayoría de los padres no tienen costumbre de lectura y si la escuela desea de verdad introducir a los niños en ese mundo, se debería leer mucho en alta voz a los niños.


-¿Y las familias?


-Si fuera un maestro de Infantil, aconsejaría renunciar a un poco de televisión para ofrecer un poco de lectura. Los pediatras lo dicen muy claro: nunca se debería permitir a un niño antes de acostarse tener la televisión como última experiencia, es decir, dormirse frente a la televisión o después de haber visto sólo televisión. Sería muy higiénico apagar la tele, acompañar al niño a la cama y leerle algo: un cuento o un libro hasta que sea el niño quien diga «quiero volver a leer este libro». Creo que es la única forma para que en ellos surjan la gana de aprender a leer solos. Y desde ahí sigue todo un proceso hacia la lectura en que debería prevalecer el libro como regalo. En un mundo que ha puesto al niño en el medio del comercio, creando alrededor de ellos un negocio impresionante, sustituir los regalos tradicionales por un libro sería un gran éxito.


-¿Vincularía la falta de hábito de lectura y el fracaso escolar?


-No digo que los padres no deban hacer todo lo que puedan, es justo involucrarlos, pero la responsabilidad de la formación es de la escuela y el fracaso escolar es el fracaso de la escuela. Un niño que fracasa denuncia una escuela incapaz porque si la escuela es obligatoria cambia el sentido de quién tiene que seguir a quién. Dudo mucho que sean los niños los que tienen que seguir a los maestros; claro que el hecho de que sean los maestros los que tengan que seguir a los alumnos resulta complicado.


-¿Qué pueden aprender los maestros de los niños?


-A lo largo de los años hemos asistido a decenas de reformas educativas, siempre pensando que podemos salvar, mejorar, solucionar los problemas de la escuela con leyes. Esto es ilusorio, y es falso. Uno que no es un buen maestro no puede hacer una buena escuela, a pesar de las leyes que tenemos; y también ocurre al contrario.


-¿Dónde está el equilibrio?


-Un maestro que permite a los alumnos trabajar juntos, que los pone en una condición de autonomía de trabajo es un buen maestro. También lo es el que no tiene miedo de reconocer que no sabe, que está dispuesto aprender con los alumnos y que los escucha, porque si no los escucha no sabe cómo proceder. Se puede decir que en la buena escuela la acción educativa y pedagógica siempre debería empezar con la escucha y nunca con una propuesta, porque la escucha pone a todos los niños como protagonistas.

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