23 de septiembre de 2010
23.09.2010

Alzhéimer lúcido

La desconocida enfermedad que padecen los familiares de los que padecen este mal

23.09.2010 | 02:00
Alzhéimer lúcido

Alzhéimer lúcido es la soledad que se siente cuando se sale de una consulta sin respuestas, sabiendo que algo no va bien y con cita para dentro de cuatro meses. Es ocultar el diagnóstico a la enferma y quedarte muda cuando lee el prospecto de la medicación que ha empezado a tomar, esa que le habías dicho que era "una vitamina para la memoria".

Alzhéimer lúcido es buscar por Internet, leer y digerir que ella desaprenderá todo lo que sabe, incluso los actos reflejos que sostienen la vida ¿cómo se va a olvidar de andar, tragar, respirar? Se olvida.

Alzhéimer lúcido es prepararte para ir por delante de la enfermedad y fallar mil veces. Es una llamada de madrugada de la policía que la ha encontrado perdida en la calle, es desorden y oscuridad en su casa porque esconde por los cajones, sospecha que le roban, oye voces. Es ponerle papelitos, negociar que vaya acompañada al banco, que no maneje dinero; es franquear por primera vez la puerta de su baño para ayudarla en su aseo. Es asumir que ya no puede estar sola cuando sabes que ella no lo asumirá nunca.

Alzhéimer lúcido es responder mil veces la misma pregunta, aguantar insultos y palabras que hieren y coger aire y atar emociones. Es aprender a negociar con el "no quiero", tratar como una niña a quien te trató como una niña; reñir y sentirse un monstruo. Es desmoronarte al descubrir sus triquiñuelas para disimular su caos.

Alzhéimer lúcido es aguantar sentencias de las visitas, esas personas que nunca están en las decisiones. Es ir asistiendo a las deserciones y acabar discutiendo con los pocos que ayudan.

Alzhéimer lúcido es pasar cientos de olas por debajo y a pulmón, hacer trucos de magia a la enfermedad para que pierda tiempo. Es descubrir miradas o escuchar frases coherentes cuando pensabas que ella ya no era consciente de lo que ocurría. Es oír "no me dejes sola" cuando tienes que irte.

Alzhéimer lúcido es asistir al proceso irreversible de una persona que se encoje en cerebro, alma y cuerpo, y que un día se rinde. Y es darse cuenta.

Alzhéimer lúcido es preguntarse en Nochebuena si el año que viene estaremos todos, y poner al año siguiente un cubierto menos en la mesa. Es despedir a dos personas, la mujer que era y la niña en la que se convirtió, y descubrir que quisiste igual a las dos; es un funeral en el que todos se acercan a convencerte de que has hecho lo que estaba en tu mano y la convicción íntima de que no fue así. Pero estuviste y ella lo supo.

Y alzhéimer lúcido es la paz personal que va llegando después. Y es poder contarlo a otros.

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