02 de marzo de 2011
02.03.2011
Crítica de arte

Paisajes sagrados de Asturias

02.03.2011 | 01:00

La asociación Cubera de Amigos del Paisaje de Villaviciosa, dirigida por Etelvino González López, ha preparado un libro titulado «Paisaje sacro», editado por la Mancomunidad Comarca de la Sidra. En esta denominación entran los concejos de Bimenes, Cabranes, Colunga, Nava, Sariego y Villaviciosa. El libro lleva casi cien dibujos de Humberto Alonso (Colunga, 1926), decano de los acuarelistas asturianos, que el autor ha dedicado a su mujer, Margarita Amandi Rimada, de la que no piensa divorciarse después de medio siglo de matrimonio.


Qué se entiende por paisaje sacro lo explica Etelvino González en la introducción o exordio. Lugares misteriosos, por su luz, sus arboledas y sonidos, por la magia del atardecer o el sonido del agua del arroyo. Tal vez una cueva, como la de San Pedrín. Lugares donde el hombre viene sintiendo desde siglos la presencia de lo numinoso, de lo sagrado, algo que en un momento te embarga y lleva más allá de las experiencias cotidianas, hasta conexiones sublimes de alturas, rumores, puestas de sol, rayos y tormentas. Pequeños lugares donde se alzan las capillas cristianas, muchas del siglo XVIII, con su espadaña cobijando las campanas y su pórtico columnado para la reunión de los vecinos en concejo. Capillas erigidas para atender a una población campesina dispersa, que requería todo tipo de atenciones, y edificadas al amparo de la bonanza económica de la época de Carlos III.


Los dibujos de Humberto Alonso se centran en las capillas cristianas, pero recogen hórreos, fuentes, árboles, caminos y caserías. Son dibujos a plumilla de tinta china, con líneas de diferentes grosores y aguadas de muy precisa graduación. Lo mismo sucede con otra variante de dibujo, el esquema a tinta china y las aguadas de sanguina, con resultado de agradable aspecto que recuerda las antiguas fotos en sepia. Está latente esa facilidad que Humberto Alonso tiene para el encuadre paisajístico y el toque al agua, que eso es la acuarela, dando al papel de soporte el protagonismo que requiere.


Cada dibujo va acompañado de un pequeño texto que le conviene. Entre los autores figuran Jovellanos, Magín Berenguer, Evaristo Arce, Agustín Hevia Ballina, Jorge Gilbert Tarruel, José Antonio Mases, Venancio Iglesias Martín, José A. Fidalgo Sánchez, Fernando Fernández Sánchez, Paco Ayala Florenciano...


Quiero añadir al dibujo de La Virgen del Camino, en Martimporra, una acuarela de Humberto Alonso, precisa, atrayente y colorida, la del palacio del marqués de Casa Estrada. En la capilla hay dos lápidas iguales en alabastro, con las inscripciones funerarias más intensas y curiosas de Asturias. Bajo el escudo: «Aquí yaze el capitán D. Gerónimo de Estrada. Rueguen a Dios por él». En los bordes: «Esta es la casa de Estrada y al Rey no le debe nada. Fundada sobre un peñasco, más antigua que Velasco». En las esquinas: «Cum canet tuba / tunc ipse resurgat. / In illa die tremenda / Domine miserere mei». Y la línea más intrigante: «FAC LAETUS LETO LECTE LETALIA LAEDAS». Un canto al orgullo de una trayectoria personal y al honor de su casa. No hay otro palacio en Asturias que se acomode por dentro al desnivel del terrero. Y ese grito de fe profunda. Versos inspirados en el «Dies Irae». «Cuando suene la trompeta, resucitaré. En aquel día tremendo, Señor, ten piedad de mí». Y la línea intrigante, que podemos traducir así: «Estate alegre en tu lecho (pues ahora) podrás dañar selectivamente todas las cosas mortales».


Debía ser una frase muy famosa en el siglo XVIII. La citan en su libro dos insignes viajeros holandeses: Van Egmont, embajador de las Provincias Unidas en la corte de Nápoles, y Johannes Heyman, profesor de lenguas orientales en la Universidad de Leyden. La encuentran en el cementerio de Pisa. Y no la traducen, que es muy difícil, en ese latín altamente concentrado y conceptual del Medievo. Simplemente dicen que este hombre estaba preparado para irse de este mundo. La cita se encuentra en la página 27 de su «Viaje por Europa, Tierra Santa, Egipto y Oriente», publicado primero en Leyden (1757) y después en Londres (1759).

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