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Maestra de memoria rosa

C. JIMÉNEZ

La pasión de la catedrática María Teresa González por Corín Tellado arrancó con un interrogante. ¿Por qué sus lectores le eran tan fieles? Así inició una larga etapa de estudio sobre la obra de la gran dama internacional de la novela rosa que tiempo después se convertiría también en amiga, estableciéndose entre ambas una relación «muy tierna», como ella misma confiesa. Recién cumplidos dos años del fallecimiento de Corín, María Teresa González verá cumplido en pocos días el que ha sido su máximo objetivo durante los últimos años: la lectura de su tesis doctoral sobre la novela de Corín Tellado que presentará el próximo miércoles en la Facultad de Filología de la Universidad de Oviedo.

María Teresa, catedrática de Francés ya jubilada, que ha ejercido la docencia en el Instituto de La Calzada, en el Instituto Jovellanos, el Colegio Santo Ángel y en la localidad valenciana de Manises, se define como una gran lectora, viajera y aficionada a largos paseos por Gijón, «mi casa, el lugar al que siempre vuelves con gusto después de viajar. Una ciudad hermosa, con un mar que la hace infinita», aunque si pudiera le gustaría volver a perderse en París o en Jerusalén.

Nacida en Gijón en 1940, hizo el Bachillerato en el Colegio Santo Ángel y la carrera de Filología Románica en la Universidad de Oviedo, en una etapa en que apenas había mujeres en las aulas. Posteriormente se presentó a agregaduría y cátedra de Francés, obteniendo ambas oposiciones. Entonces Románicas era la única carera de Letras que había en Oviedo. «En realidad, en aquel momento las opciones quedaban reducidas a Derecho, Químicas y Filología», confesaba en las páginas de este diario al hacer memoria de sus preferencias académicas. Además del gusto por el teatro, la poesía y la enseñanza, disciplina en la que cumplió cuarenta y tres años de ejercicio profesional hasta su jubilación, ha dedicado los últimos doce años al estudio de la obra de Corín.

«Decidí hacer la tesis doctoral por simple amor al arte», explica María Teresa, mujer tranquila, de sonrisa amable y gesto cordial. Dirigida por Socorro Suárez Lafuente, decidió enfrentarse al tema «Corín Tellado, vista por la prensa asturiana». La autora puso a su disposición todo su archivo. «Una suerte», repite ella una y otra vez, agradecida por aquel gesto.

Antes de formalizar su matrimonio con Pedro Pablo de Diego -que la haría madre de dos hijos- tuvo oportunidad de disfrutar de los veranos en Grenoble, Dijon, París... De vuelta a casa, en Gijón, y una vez obtenida la agregaduría y cátedra de Francés, cumpliría con sendos destinos docentes en Tarrasa y Manises; pero en Valencia se sentía «como una incrustación» y regresó al Instituto Doña Jimena. Fue ahí cuando comenzó a interesarse por la obra de Corín. Sus primeros contactos con la escritora llegaron en 1996. Entonces ya había realizado los cursos de doctorado y le faltaba el trabajo de investigación. Su opción fue la escritora nacida en Viavélez (El Franco) aunque asentada en Gijón desde muy joven. «Las conversaciones con ella eran una delicia, tenía curiosidad por todo, se interesaba por todo. Fue una amistad muy bonita, yo la admiraba mucho y ella también me apreciaba», rememora.

Tanto es así que María Teresa González sigue en su vida personal el patrón de algunas de las protagonistas de la gran dama de la novela rosa: una mujer triunfadora, ni mala ni fracasada, que transmite un espíritu optimista y positivo allá adonde va. De la novelista más universal que ha tenido la ciudad de Gijón dice la catedrática de Francés que fue admirable su voluntad y temple hasta en la enfermedad. Su pasión por Corín es tal que, cada año, coincidiendo con su cumpleaños, le dedicaba cariñosas palabras a través de las páginas de este diario para tratar de devolverle lo mucho que ella le había aportado. Incluso tras el fallecimiento de Corín, el 11 de abril de 2009, ha venido manteniendo esta costumbre. «Ella enseñó a muchas mujeres a leer, soñar y sentir ilusiones», recuerda.

En una ocasión tomó una frase de la profesora María Elvira Muñiz para definir su obra: «Corín Tellado toma lo que la vida le ofrece y luego lo embellece con su arte». Pues bien, María Teresa González ha logrado, casi sin quererlo, emular a la gran dama de la novela «rosa» brindándole el mejor homenaje a una maestra de las letras: devolverla a la Universidad.

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