10 de julio de 2012
10.07.2012

Un cerebro de campeonato

El estudiante gijonés galardonado en la Olimpiada de Matemáticas orientará su futuro profesional «en las Ciencias»

10.07.2012 | 02:00
Sergio Junquera, en una clase del Instituto Rosario de Acuña.

Gijón, Sergio IGLESIAS

En Asturias hay olímpicos del deporte pero también de las cifras y de las operaciones aritméticas. Sergio Junquera Pérez, alumno del IES Rosario de Acuña de Segundo de ESO y 14 años de edad, no acudirá a la cita deportiva londinense, pero ha sido el único estudiante asturiano con mención en el cuadro de honor de la XXIII Olimpiada de Matemática celebrada en Vitoria-Gasteiz del 24 al 28 de junio pasados. Su mención honorífica tiene, en esa competición académica, el valor de un diploma olímpico.


Sergio se muestra como un chico tranquilo, afable y al que «le gusta mucho aprender», asegura su madre, Marisa, orgullosa de la trayectoria académica del adolescente. Toda competición tiene un primer paso, un primer intento. El suyo, Sergio se lo debe a su profesora de Matemáticas, que le habló de la oportunidad de participar en la primera fase del certamen, celebrada en el «Emilio Alarcos».


En ese primer obstáculo de su maratón matemático, tuvo que competir en una prueba por grupos. Después vino la individual, «más larga pero más fácil», en palabras del joven estudiante, comparada con la colestiva, «más enrevesada». Se presentaron 400 aspirantes y pasaron la primera criba sólo 40, los que optarían finalmente a un puesto en la fase nacional con una última prueba regional a celebrar en Salas.


En este último examen, se formaron grupos de cuatro, en los que ya no podían coincidir más de dos alumnos del mismo instituto. Sergio hizo equipo con un alumno de Luarca, «que posteriormente pasó también a la fase nacional» recuerda, uno de Ribadesella y otro de Oviedo. La prueba de Salas se disputó en tres fases: relevos, gymkhana matemática y prueba individual. «Teníamos que resolver diez problemas que estaban repartidos por Salas. Había que buscarlos y resolverlos», explica Sergio, que después tuvo que enfrentarse a una prueba de fotografía matemática, que consistía en realizar instantáneas «con base matemática, relacionadas, por ejemplo, con la geometría», puntualiza.


De la fase celebrada en Salas, fueron escogidos diez alumnos, de los que solo los tres mejores representarían al Principado en la fase nacional. «Entre los escogidos estábamos mi compañero; un chico del instituto Montevil y yo», sentencia Sergio, orgulloso de su hazaña, que aún tendría continuación. Como premio, obtuvo un juego de mesa, un libro y un diploma, además del galardón más importante: la posibilidad de disputar la fase nacional con los mejores alumnos de matemáticas del país.


Sergio recuerda que «nadie de clase quería presentarse a la olimpiada regional», por lo que tuvo que convencer a algunos compañeros para poder competir. La fase nacional se celebró en Vitoria, donde les acogieron en un albergue «muy bien preparado» a pesar de que eran doce personas durmiendo en la misma habitación. A la mañana siguiente llegó la prueba individual, en el instituto Ekialdea. La dificultad era, apunta Sergio, «un poco mayor» que la que se encontró en la fase regional.


Tuvieron que resolver cinco problemas matemáticos en dos horas además de explicarlos ante un tribunal y dar un razonamiento. Ya por la tarde, disfrutaron de una visita a Bilbao y algo de tiempo libre. Sergio y sus compañeros ocuparon la noche en corregir los problemas de la fase individual.


Al segundo día, llegó la gymkhana en el parque de Gamarra, de Vitoria, «con la misma estructura que la de Asturias» pero con diferentes problemas. Un día después los participantes disfrutaron de una visita a Donostia, donde conocieron el museo Chillida Leku. «Nos recibió el hijo de Eduardo Chillida, Luis», recuerda el estudiante asturiano. Posteriormente visitaron el Planetarium Eureka Zientzia Museoa, para culminar la jornada con una función a cargo del mago matemático Pedro Alegría, que se retrasó «por el partido de Eurocopa de España, así que el mago tuvo que hacer sus trucos durante la prórroga».


Llega el último día de esta particular olimpiada, y Sergio Junquera aguarda el veredicto de los jueces. En la sede del Gobierno Vasco, donde fueron recibidos por distintas autoridades educativas, se iba a a hacer público el nombre de los ganadores.


«Nos dieron a todos como premio una calculadora, un libro y un diploma de participación», recuerda Sergio. Llegó la hora de la entrega de galardones, primero de la categoría de fotografía matemática, luego de la categoría de grupos y finalmente las seis menciones de honor en categoría individual, «entre los que estaba yo y me sorprendió bastante», recuerda Sergio y añade que «las pruebas me habían salido bien, pero pensaba que no tanto como para estar entre los mejores». Tanto le sorprendió el veredicto que lo primero que hizo fue «llamar a mi madre y después a mi abuela, ya que mi padre estaba en el trabajo».


Así se cerraban unos días inolvidables para el joven Sergio Junquera, que ponía fin al curso escolar con una matrícula honorífica en una de las asignaturas más complicadas. Como si tal cosa, Sergio asegura que la preparación de la olimpiada no le exigió un esfuerzo especial, «bastó con lo que habíamos dado en clase durante todo el curso», explica. Se confiesa un chico «normal», reconoce que el nivel de dificultad de este curso «no fue mayor respecto a los anteriores». Asegura que dedica al estudio «no más de media hora diaria». Su madre reconoce que se trata de un chico «muy metódico y ordenado».


En su tiempo libre, Sergio se declara aficionado a la lectura, acude a clases particulares de piano y se reconoce aficionado a los videojuegos. «Hago los deberes y estudio antes de jugar», añade, aunque también puntualiza que su madre tiene que recriminarle alguna vez que se pase demasiado tiempo «con la maquinita».


Para el futuro, este joven virtuoso de las matemáticas tiene clara su preferencia por las ciencias. Y no descarta ejercer en el futuro «como profesor» de la asignatura en la que ha triunfado con solo 14 años. Pero aún es muy joven y confiesa que «no lo tengo claro» y con el paso de los años irá orientando sus gustos. No será un problema, acostumbrado como está a resolverlos.

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