Un gijonés en aguas chilenas
Juan Alvargonzález impulsó en 1995 la colocación de un busto de su antepasado el «Héroe de Abtao», un marino que se distinguió en la Guerra del Pacífico

El busto de Claudio Alvargonzález, que mira al antiguo muelle de Abtao del puerto viejo de Gijón. | ángel gonzález
J. M. CEINOS
El domingo 2 de mayo de 1897, el año anterior al llamado Desastre del 98, en el que España perdió a cañonazos sus últimas colonias de ultramar de Cuba, Puerto Rico y las Filipinas, el Ayuntamiento de Gijón colocó una placa, en un edificio de la plaza Mayor, en recuerdo de un destacado hijo de la villa. La placa, que se conserva en la fachada principal del actual hotel Asturias, tiene como objeto indicar que en dicho lugar había nacido el «ilustre hijo» de Gijón y «general de la Armada y héroe de Abtao» Claudio Alvargonzález y Sánchez.
Miembro de una de las familias más antiguas e influyentes de la villa (desde 1883 hasta 1917 se cuentan cinco alcaldes de Gijón que llevaban el apellido Alvargonzález: Juan Alvargonzález, Alejandro Alvargonzález, Faustino Alvargonzález, Fernando Galarga Alvargonzález y Santiago Piñera Alvargonzález), Claudio Alvargonzález y Sánchez pasó a la historia naval española por un hecho de armas ocurrido el 7 de febrero de 1866 en aguas sudamericanas del océano Pacífico.

Un gijonés en aguas chilenas
El 6 de julio de 1995, en las escalinatas anejas al edificio de la antigua Comandancia Militar de Marina, frente al puerto viejo de Gijón, se descubrió un busto de Claudio Alvargonzález, en un homenaje impulsado por Juan Alvargonzález González, fallecido el pasado sábado, también marino de guerra y descendiente del «Héroe de Abtao».
Pero antes de entrar en los pormenores de lo sucedido ya hizo 147 años en Abtao, es preciso situar el lugar geográfico donde se desarrollaron los hechos que llevaron a que Claudio Alvargonzález fuera condecorado con la gran cruz de Isabel la Católica y declarado «Benemérito de la Patria».

Un gijonés en aguas chilenas
Abtao es un lugar de la costa sur de Chile situado al Oeste de la ciudad portuaria de Puerto Montt y al Norte de la isla de Chiloé. Una costa intrincada, salpicada de islotes, con angosturas y cerradas ensenadas, verde a vista de barco, como la de Asturias, mientras a lo lejos preside el paisaje, hacia el Este, la línea del cielo que marcan los Andes.
Por lo que respecta a la situación histórica, todo comenzó en 1864, cuando el Gobierno de la reina Isabel II, que sería destronada cuatro años después, ordenó a la Real Armada ocupar las islas Chinchas, situadas frente a la costa del Perú, tras un confuso incidente diplomático. Los hechos posteriores desencadenaron la que en la historia española se llama Guerra del Pacífico, que terminaría por involucrar contra España a una coalición formada por Perú, Chile, Bolivia y Ecuador.
Desde el punto de vista chileno, la historia se cuenta diciendo que España, con el propósito de un viaje de amistad y de comercio con las nacientes repúblicas del Pacífico que antes habían sido territorios españoles, envió una flotilla de tres buques de guerra, pero con otros fines que no eran otros, según la historiografía chilena, que reclamar los territorios que consideraba aún suyos. Además, las Chinchas eran ricas en guano (excrementos de ave muy apreciados como fertilizante), cuya venta proporcionaba al Perú de entonces grandes beneficios.
Reforzado el escuadrón naval español con nuevas unidades ante la posibilidad del inicio de las hostilidades, el Gobierno de Madrid ordenó a sus barcos de guerra bloquear los puertos de Chile y Perú. El capitán de navío Claudio Alvargonzález estaba al mando de la fragata «Villa de Madrid», que formaba parte del segundo escuadrón de la Real Armada despachado al Pacífico por el Gobierno de Madrid.
El almirante español Pareja mandaba las operaciones, pero eran muchas millas de costa las que debía controlar. Por su parte, la incipiente Marina de guerra chilena, que no tenía operativos más que dos buques, el mejor artillado de ellos la corbeta «Esmeralda», dio un golpe por sorpresa y capturó, en combate, la goleta española «Virgen de Covadonga» en aguas chilenas de Papudo el 26 de noviembre de 1865. Al conocer el resultado de la batalla el almirante Pareja se suicidó y fue reemplazado por el vigués Casto Méndez Núnez, que se vio en la imperiosa obligación de vengar la afrenta a la Armada española y a la nación. Los barcos chilenos, mientras tanto, pusieron proa al Sur con el botín y se refugiaron en aguas de Chiloé, uniéndose a varios buques enviados por Perú para formar una flotilla combinada.
Informado Méndez Núnez de la presencia de los buques enemigos en la zona del canal de Chiloé, despachó hacia aquellas aguas dos de sus fragatas para «vengar el orgullo nacional» y calmar las críticas que se le hacían desde Madrid.
Y ahora vamos a las páginas escritas por el que fuera cronista oficial de Gijón Joaquín Alonso Bonet en «Pequeñas historias de Gijón. (Del archivo de un periodista)», en las que relata que «inmediatamente, sonó un nombre (para mandar la delicada misión): el del capitán de navío don Claudio Alvargonzález».
Hacia el Sur de Chile, desde aguas de Valparaíso, partió Claudio Alvargonzález con las fragatas «Villa de Madrid» y «Blanca», esta última mandada por Juan Bautista Topete. Los dos buques se presentaron frente a Abtao, donde estaba apostada la escuadrilla naval chileno-peruana. «Y no queriendo esperar más tiempo, el marino gijonés abrió fuego contra Abtao, obligando a salir y aceptar combate a la fragata peruana "Aprimac" (en realidad "Apurímac") y las corbetas "América" y "Unión", que fueron vencidas y aniquiladas. Era el día 7 de febrero de 1866», escribió Alonso Bonet.
Por parte chilena, la historia se cuenta de otra manera. Por ejemplo, en «Historia de Chile», libro editado en dicho país sudamericano en 1992 y del que son autores Julio Maltés y Alejandro Concha Cruz, se relata que el de Abtao fue «un combate sin mayores consecuencias», dado que la acción se redujo al intercambio de descargas a gran distancia.
Después de Abtao prosiguió la guerra, con el bombardeo del puerto peruano del Callao por los barcos de Méndez Núnez y cinco años después se acordó un tratado de tregua que se convertiría en uno de paz en 1882. Así terminó la Guerra del Pacífico, en la que varios marinos españoles fueron elevados a la categoría de héroes, entre ellos Claudio Alvargonzález y Sánchez (Gijón, 1816-1896).
El mismo año del fallecimiento del «Héroe de Abtao», el Ayuntamiento de Gijón decidió poner su nombre a la calle que bordea el puerto viejo desde los jardines de la Reina hasta el dique de Santa Catalina.
- Una pareja se precipita desde el Cholo al enredarse con la correa de un perro
- El detenido por el homicidio de un mendigo en Gijón solía dormir junto a la víctima, que tenía un corte de cinco centímetros en el cuello
- Max Ndiaye llegó a España desde Senegal a los 12 años y ahora tiene tres bares en Gijón donde emplea a catorce personas “para dar la oportunidad que a mí me dieron”
- El onanista de la Escalerona acaba detenido al intentar allanar una casa en Gijón y agredir sexualmente a la dueña
- Herido muy grave un joven al precipitarse por una ventana en Gijón
- Tres heridos en Gijón tras una colisión frontal entre dos coches: el conductor que causó el accidente da positivo en alcoholemia
- Hallan muerto en el centro de Gijón a un hombre con signos de violencia
- El suelo de Naval colindante con el Acuario ya tiene fecha de apertura para la ciudadanía