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El millón de kilómetros de los Cuesta

La afición ciclista en la región arrancó en la factoría gijonesa de los hermanos Jesús y Marceliano, homenajeados en la muestra "Del velocípedo al carril bici"

Interior de la fábrica de bicicletas Cuesta y Compañía.

Interior de la fábrica de bicicletas Cuesta y Compañía. ARCHIVO FAMILIAR

Hubo a primeros de siglo XX en Gijón un taller de bicicletas que llegó a ser fábrica de referencia nacional y dos corredores ciclistas de los que se hablaba en muchos rincones de España. Sobre todo, en Asturias.

Jesús y Marceliano de la Cuesta González, y su factoría Cuesta y Compañía, están en los orígenes de la afición ciclista que desde hace más de un siglo domina en la región y que arrancó en Gijón. Con ingenio, conocimiento y capacidad física hicieron prototipos de bicicletas, consiguieron adaptaciones perfectas a las deficitarias carreteras del momento, despuntaron en pruebas ciclistas de toda España y alguna del extranjero, impulsaron instalaciones deportivas en la ciudad -hasta tuvieron un velódromo en la huerta de la finca familiar- y su nombre está detrás de muchas de las asociaciones de aficionados que fueron surgiendo por los distintos concejos.

De ahí que la asociación "30 días en bici", que durante todo este mes desplegará en Gijón una frenética actividad de promoción del uso de la bicicleta, no se ha querido olvidar este año de los hermanos Cuesta. "La bici en Xixón, del velocípedo al carril-bici" es el título de la exposición que hoy se inaugura en el Antiguo Instituto donde se recordarán los orígenes de un deporte en la ciudad a través de documentos, imágenes de los primeros ciclistas gijoneses, anuncios publicitarios, competiciones -en Gijón está la géneseis de la Vuelta a Asturias- y asociaciones de aficionados como el primer Club Ciclista Gijónes también impulsado por los Cuesta.

Seguro que las joyas de la muestra serán dos velocípedos de rueda alta, del estilo de los que circularían por Gijón a finales del XIX, varias bicicletas de la época y, como gran aportación, dos unidades salidas de la Fábrica de Bicicletas Cuesta y Cía. Una fábrica que empleaba para el montaje tubos enviados por la fábrica británica de armamento BSA, que luego se adaptaban en talleres locales a medida de cada cliente y del uso que quisiera darle. La fábrica, fundada en 1901, se sabe que sacaba en 1911 cerca de 124 unidades, y tenía pedidos de toda España. Pasados los años los señores Cuesta se hicieron también representantes para Asturias de las motocicletas BSA y Harley Davidson. Ahí es nada.

Dani de la Cuesta, nieto de Marceliano, está muy agradecido tanto a Carlos Rodríguez, impulsor de "30 días en bici" como al historiador Ángel Mato por ayudarle a sacar a la luz la historia de una familia que empezó teniendo un gimnasio a finales del siglo XIX en la ciudad y que en realidad no sólo pueden considerarse los impulsores del ciclismo, deportivo y de paseo, sino también de todos aquellos "sports" que se empezaban a dar a conocer en España.

"El gimnasio familiar fue el ñeru de aquello que se conocía como los 'sports'. Los hermanos, porque eran siete, lo mismo hacían esgrima que rugby, que impulsaban el fútbol en Gijón, que despuntaban en lucha o boxeo; al final también promocionaron los deportes del motor", sostiene Dani de la Cuesta basándose en la investigación histórica familiar a la que lleva dedicada mucho tiempo y que le ha llevado por archivos municipales y a consultar a fuentes de todo tipo.

Pero el ciclismo fue sin duda una pasión de Jesús y Marceliano de la Cuesta, dos hermanos que dejaron anotaciones que permiten al nieto saber que "entre los dos hicieron 1.300.000 kilómetros en bicicleta, que se dice pronto. Marceliano hizo 662.000 y Jesús 666.000 kilómetros", y todo en el tercio del siglo XX, en carreteras sin asfaltar y rutas de miedo. En esa afición metieron a sus hijos y la única que queda viva, Mercedes de la Cuesta Blanc, podrá certificar estos días que allá por los años 40 ella misma, sólo en salidas de fin de semana con otros miembros del Club Ciclista Gijonés, llegó a realizar algún año 3.770 kilómetros. "Y eso siendo muyer sería algo tremendo; había que ver la cara de los paisanos de todos los pueblos cuando la veían, a ella y a otras, llegar con su equipación de pantalones y en bicicleta", cuenta entre sonrisas el hijo, Dani de la Cuesta.

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