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Destino a las Indias

El historiador gijonés Santiago Díaz-Jove habló en el RIDEA sobre la emigración local a la América española entre finales del siglo XVII y el año 1825

Destino a las Indias ÁNGEL GONZÁLEZ

Entre los años 1880 y 1930 se calcula que alrededor de 300.000 asturianos emigraron a América, unos impulsados por las duras condiciones económicas en las que vivían y una cerrada estructura social que ofrecía un futuro poco alentador a los jóvenes, y otros para eludir el servicio militar obligatorio, sobre todo en tiempos de las guerras en Marruecos. Gijón no se quedó al margen y, de hecho, el puerto exterior de El Musel fue el embarcadero de miles de emigrantes.

Pero mucho antes, casi en los comienzos de la colonización, ya hubo gijoneses en las Indias. El pasado jueves, en la sede del Real Instituto de Estudios Asturianos (RIDEA), Santiago Díaz-Jove Blanco (Gijón, 1954), protagonizó una conferencia titulada "Notas para una geografía de la emigración gijonesa a las Indias", basada en el libro que publicó en 1992 y que lleva por título "Gijoneses en Indias (1700-1825). Notas sobre emigración e índice geobiográfico".

Santiago Díaz-Jove Blanco estudió en el colegio de la Inmaculada y es licenciado en Historia de América por la Universidad Complutense de Madrid. Trabaja como documentalista en el Instituto Cervantes (su último destino fue Varsovia) donde ahora tiene una excedencia de un año. Horas antes de su intervención en el RIDEA, el historiador desgranó lo esencial de sus estudios sobre la emigración gijonesa a las Indias, que comenzó, a grandes rasgos, a finales del siglo XVII.

¿Por qué? "Hay un motivo fundamental -afirma el historiador- y es que Asturias era una parte bastante marginal y la emigracion a las Indias era un asunto más de andaluces, extremeños y castellanos". Además, el Norte de España vive un momento de expansión en el siglo XVII precisamente por la introducción del cultivo del maíz procedente de América. "Aquí se aclimata muy bien y no hay hambre", subraya Santiago Díaz-Jove, pero todo cambia a finales de siglo "por una razón muy clara: hay una crisis muy fuerte por un ajuste monetario y es entonces cuando empieza a emigrar la gente que tiene que ver, sobre todo, con el comercio; son pequeños comerciantes los que se van a las Indias, no emigra el campesino".

¿A qué destinos? "En principio van a México -entonces virreinato de Nueva España-, sobre todo al Norte, alrededor de las minas de plata, donde a unos Valdés de Gijón les va bien", señala el historiador.

A finales del XVII "vienen varias hambrunas y es cuando empiezan a emigrar los campesinos de la zona rural del concejo". Otro factor muy importante que destaca Santiago Díaz-Jove para explicar el motivo por el que no hubo entonces una emigración más numerosa a las Indias fue que "el pasaje era carísimo. Trasladando lo que costaba entonces ir a las Indias en barco desde Sevilla a los euros actuales podemos cuantificarlo en unos 25.000 euros, aunque la mitad de los que se marchaban lo hacían clandestinamente desde puertos del Cantábrico".

Ya a comienzos del siglo XVIII, según los estudios de Santiago Díaz-Jove, la emigración gijonesa a las Indias sigue teniendo el núcleo en los habitantes de la villa y ya se conoce a algún gijonés enriquecido, como "Diego Garía Argüelles, que se hizo muy rico en Zacatecas alrededor de la plata". Una característica común de quienes hacían fortuna en ultramar era que "cuando regresaban compraban un oficio de regidor y se casaban bien", en un concejo que "en 1720 tenía diez mil habitantes", y "el ejemplo de esta gente hace que se echen a andar las cadenas de emigrantes", afirma el historiador gijonés.

A mitad del XVIII, prosigue, "vemos una diversificación de los destinos, aunque México sigue siendo el principal, empieza un núcleo en Perú, en torno a Lima, donde hubo una calle de Fano por alguno de los hermanos gijoneses Fano que emigraron allí".

Asimismo, argumenta Díaz-Jove, "la Corona empieza e incentivar en las Indias una economía no tanto centrada en las minas de plata y se comienza a dar importancia a la agricultura. También vemos entonces gijoneses en Cartagena de Indias y en Guayaquil, y luego, ya a finales del XVIII, se crea el virreinato del Río de la Plata y se mandan allí muchas familias asturianas, gallegas y leonesas para repoblar lo que ahora es Uruguay. Es entonces cuando empieza la emigracion al Río de la Plata", indica el historiador.

Otro plan de repoblación que no fructificó entonces tuvo como destino Centroamérica, donde fueron varias familias gijonesas y gallegas, fundamentalmente, "pero hubo una enorme mortandad en lo que ahora es Honduras y la Costa de los Mosquitos". En sus estudios, Díaz-Jove también encontró la llegada de gijoneses a Chile y a la zona de Arica, en el sur de Perú, de los 1.500 que tiene documentados.

En plena Ilustración, se rompió el monoplio comercial de Sevilla y Cadiz con las Indias y se permite a Gijón y otros puertos españoles negociar con las provincias de ultramar, "y Gijón comercia mucho con el puerto de La Guaira (en la actual Venezuela) y La Habana, y fue el núcleo establecido en La Habana el más numeroso con diferencia, y el que asentó, en el último cuarto del siglo XVIII, las bases para la relación de Gijón, y tal vez de Asturias, con Cuba, un fenómeno que tanto peso habría de tener en los dos siglos posteriores", escribe en su libro Díaz-Jove.

El historiador termina sus investigaciones sobre la emigración gijonesa a las Indias en el año 1825, cuando España pierde la soberanía de sus territorios continentales americanos y en cuanto a los gijoneses más señeros que salieron hacia las Indias, Santiago Díaz-Jove cita, entre otros, a Pedro de Valdés y, sobre todo, a Alonso Carrió de la Vandera,"el más universal de nuestros indianos y que escribió un libro, que es una pequeña joya, de un viaje de inspección que hizo, siendo un alto funcionario de Correos, entre Buenos Aires y Lima".

De los retornados quedan algunas huellas en el concejo, "por ejemplo una casa levantada en el siglo XVIII en Baldornón por Andrés de Fano, que se enriqueció en Perú como comerciante, y la casa de los González de la Vega, en Serín, que ahora está en el Museo del Pueblo de Asturias".

A modo de resumen, Santiago Díaz-Jove Blanco señala que "podemos definir al emigrante gijonés a las Indias entre 1700 y 1825 como varón, soltero, de extracción social urbana y medio o media alta -más atendiendo a los 'blasones' que a la 'pecunia'-. Si emigra a principios del setecientos, lo más probable es que se dirija a los distritos de las Audiencias de México o Guadalajara; si lo hace en la segunda mitad del siglo, eligirá, además, entre Perú, Cuba y el Río de la Plata, y, si en el primer cuarto del XIX, casi con toda seguridad se dirigirá a Cuba".

Y "la mayor parte de los ausentes debió dedicarse a actividades relacionadas de muy diferente manera con el comercio".

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