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Día mundial de la arquitectura

Espacios para recorrer el siglo XX

Un paseo por una docena de edificios, del Ayuntamiento a la Laboral, que muestran la variedad del trabajo de los arquitectos de la pasada centuria

A la izquierda, arriba, el salón de actos del Antiguo Instituto; debajo, mural y escaleras de la cafetería de la Laboral. A la derecha, imagen de la parroquia de La Resurrección.

A la izquierda, arriba, el salón de actos del Antiguo Instituto; debajo, mural y escaleras de la cafetería de la Laboral. A la derecha, imagen de la parroquia de La Resurrección. MARCOS LEÓN

La arquitectura del pasado siglo fue una de las más heterogéneas de la historia. Nuevos materiales, nuevos métodos constructivos y diversas corrientes estéticas se sucedieron y superpusieron generando singulares paisajes urbanos.

Pese a la desaparición de muchas creaciones sobresalientes, y a la modificación radical de otras, Gijón es una buena muestra de esta variedad y aún es posible encontrar en nuestra ciudad ambientes propios de cada una de las décadas de la pasada centuria, en especial si nos centramos en los interiores de algunos edificios. Seleccionamos aquí una docena de lugares de acceso público que permiten revivir el ambiente de distintos "Gijones" creados entre 1901 y el año 2000.

Salón de Plenos del Ayuntamiento. Aunque hoy está muy transformada, la sala utilizada para los plenos de la Corporación Municipal mantiene el carácter de espacio de reunión solemne con el que fue diseñado por Luis Bellido en 1902. La parte mejor conservada es la tribuna presidencial -en la que se sientan el alcalde o alcaldesa, el interventor/a y el secretario/a municipal-- realizada en madera de roble con una calidad de talla sobresaliente. La distribución de las zonas destinadas a la presidencia, a concejales y concejalas y para público y prensa sigue siendo igual a la de hace más de un siglo.

Antigua central térmica de El Musel. Construida en el año 1906 para suministrar energía eléctrica a las grúas e instalaciones portuarias, es un buen ejemplo de la arquitectura industrial del momento. El diáfano espacio interno, antes destinado a acoger turbinas y generadores, está ahora ocupado por un centro de recepción de visitantes en el que merece la pena prestar atención a las armaduras de acero roblonado que sustentan la cubierta. El mejor lugar para apreciarlo es subiendo a la sala de exposiciones de la planta superior.

Salón de actos del Antiguo Instituto de Jovellanos. Manuel del Busto diseñó en 1911 la abigarrada decoración modernista de esta sala para acoger los actos del primer centenario de la muerte de Jovellanos, de ahí que destaque en ella un símbolo funerario como las hojas de palma. Aunque vinculado desde su origen a actividades docentes y culturales, este espacio vivió sus momentos más tristes durante la posguerra, ya que en él se celebraron consejos de guerra y juicios sumarísimos traducidos en numerosas sentencias de pena capital, e incluso fue el lugar elegido por las autoridades locales para celebrar el 50.º aniversario de Adolf Hitler.

Iglesia del Sagrado Corazón de Jesús. En el interior de La Iglesiona se suman la arquitectura modernista catalana propia de su autor, Joan Rubió, las pinturas de los hermanos bávaros Immenkamp y las vidrieras de la casa Maumejean, componiendo uno de los conjuntos más sobresalientes de la arquitectura gijonesa de la primera mitad del siglo XX. El templo, utilizado en 1934 y entre 1936 y 1937 como prisión, ha sobrevivido a un importante incendio y al fallo de su cimentación, si bien la profunda restauración realizada la pasada década consiguió devolverle su esplendor.

Hotel Asturias. El único de los hoteles históricos de la ciudad que ha llegado hasta hoy, ha conseguido mantener en sus espacios públicos el característico gusto historicista del periodo primorriverista. Tanto la recepción como la cafetería mantienen los acabados vinculados a la remodelación hecha al alimón por el arquitecto Miguel García de la Cruz y el maestro de obras Benigno Rodríguez. A ellos se suma el singular salón de fiestas con fachada al Campo Valdés realizado ya en la década de 1940 y que también es un buen ejemplo del gusto del momento.

Café Dindurra. Acaban de cumplirse 85 años de la reforma que, bajo la batuta de Manuel del Busto y mediante el buen hacer del escultor Pepín Morán, dio al Dindurra su imagen actual. Una joya Art-Decó que resume la estética más cosmopolita de los años veinte y treinta. Hoy es uno de los espacios de encuentro imprescindibles de Asturias.

Teatro Jovellanos. Los arquitectos José María Mendoza y Gonzalo Cárdenas asumieron la reconstrucción del que hasta 1937 había sido el mítico teatro Dindurra, destruido por una bomba de la Legión Cóndor. Pese a levantar un edificio de estructura moderna, su interior quedó determinado por la imagen ampulosa y con cierto encanto decadente propia de los años de la autarquía franquista, supuestamente ajena a influencias extranjeras.

Cafetería de la Universidad Laboral. Este es uno de los pocos espacios internos del edificio que fue terminado antes de la paralización de las obras en 1956 y que, en lo esencial, no ha sido afectado por las reformas realizadas durante el presente siglo. La sala ocupa la parte inferior del bloque del paraninfo, obra audaz en la que participó Juana Ontañón, una de las primeras arquitectas de España. Marcada por un criterio de plena modernidad en ella se suman magistralmente el gran mural de Francisco Arias que representa los oficios tradicionales asturianos, el mobiliario de Aurelio Biosca, una de las geniales escaleras del edificio y la potente retícula de hormigón armado que sustenta la planta superior.

Oficina central de Seguros Santa Lucía (avenida de la Costa, número 30). Pocos espacios de la década de 1970 representativos quedan ya en la ciudad, el más interesante es este, recubierto de travertino y dominado por el escultórico pilar central de acero inoxidable obra de Joaquín Rubio Camín. Tanto esta pieza como el vestíbulo merecían recuperar su iluminación original.

Parroquia de La Resurrección (calle Juanín de Mieres, número 6). Vicente Díez Faixat creó en 1980 en este templo un sosegado interior conseguido mediante la suma de luz, naturaleza y arquitectura.

Museo Barjola. El sacrificio del conjunto de la Trinidad -un palacio urbano y su capilla levantados en el siglo XVII- para su reconversión en museo, permitió la creación de este interior diáfano, blanco, luminoso y arbolado obra de los arquitectos José Antonio Galea y Álvaro Llano.

Pabellón del Ayuntamiento de Gijón en la Feria Internacional de Muestras de Asturias (FIDMA). Proyectado por Andrés Diego Llaca en el año 2000, cerrando ya el siglo, y terminado en 2002, constituye un magnífico colofón para este recorrido. Su escultórico techo, translúcido y facetado, dota al interior de esta modesta construcción de una personal riqueza espacial.

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