27 de enero de 2017
27.01.2017

Sobrevolar el Cantábrico en una avioneta de 1982

"Volamos una hora sin comunicación", relata el piloto Manuel Díaz, que recorrió junto a Arturo Piñón 800 kilómetros desde Asturias al aeródromo británico de Newqay

27.01.2017 | 03:17

"Fue una experiencia única, porque nadie lo había hecho antes. Y la verdad, ahora que pasa el tiempo, nos vamos acordando de algunas anécdotas, como cuando nos quedamos durante una hora de las cuatro de vuelo sin ningún tipo de comunicación, y teníamos que intentar establecerla de otra manera con aerolíneas comerciales". Manuel Antonio Díaz logró, junto a Arturo Piñón, recorrer los 800 kilómetros que separan el Aeropuerto de Asturias con el británico de Newqay, en apenas cuatro horas, en una avioneta "Socata" del año 1982, con un solo motor, y sin ningún tipo de apoyo marítimo ni aérero.

Ayer Manuel Antonio Díaz contó su experiencia en el acto del Club LA NUEVA ESPAÑA de Gijón, ya que finalmente Arturo Piñón no pudo acompañarle al encontarse de viaje. "Fuimos en un avión muy estandar, con apenas seis horas de autonomía, con 200 litros de combustible, de fabricación francesa, que permite llevar hasta cuatro personas", explicó Díaz.

El vuelo se puede considera histórico, ya que ninguna travesía aérea había optado por ese recorrido hacia el norte de unas 415 millas y a 7.500 metros de altura nunca. Antes siempre, con ese modelo de avioneta, habían preferido volar hacia el sur. Por eso en los preparativos uno de los aspectos en que más hincapié hicieron fue en una posible evacuación en caso de avería, ya que quedarían en medio del mar sin ningún recurso. "Teníamos previstos todos los aspectos relacionados con la supervivencia. Nadie baraja viajar en un coche de hace treinta años sin pensar en posibles averías. Pues esto es muy parecido", señaló Díaz. Aunque por fortuna no sucedió y llegaron al destino marcado, que estaba próximo a la ciudad británica de Plymounth.

"El viaje fue bastante entrenido. Tardamos cuatro horas en alcanzar la costa sur inglesa. Cruzamos el mar Cantábrico y el canal de La Mancha por la parte sur, que es la más ancha", recordó Manuel Antonio Díaz, que trabaja como instructor en la escuela Falcon Air Academy. Debido a que a partir de 10.000 metros de altura existe falta de oxígeno, tuvieron que volar a 7.500 para ahorrar combustible y tener unas condiciones de vuelo óptimas. La velocidad media del vuelo fue de 120 nudos, y en la ida aprovecharon las condiciones meteorológicos, al cruzarse una borrasca, para establecer su velocidad media.

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