05 de mayo de 2017
05.05.2017

Un teatro del pueblo para el pueblo

La Escuela Superior de Arte Dramático rinde un didáctico homenaje a la centenaria Compañía Asturiana de Comedias con un repaso a su historia

05.05.2017 | 03:07

La longevidad de la Compañía Asturiana de Comedias es la prueba incontrovertible de un éxito. Ahí sigue cien años después pese a sus detractores, con un público fiel y bienhumorado que recompensa sus actuaciones con el aplauso agradecido. Un fenómeno escénico y sociológico que, en ocasiones, se despacha con un exceso de displicencia. Eso es, al menos, lo que opina Sergio Buelga, director interino de la agrupación artística: "Es un teatro escrito por gente del pueblo, interpretado por el pueblo y dirigido al pueblo".

Buelga participó ayer en un animado coloquio, junto al incombustible Arsenio González y Armando Felgueroso, en el teatro Casona de la Escuela de Arte Dramático de Asturias (ESAD). Tres generaciones de la Compañía Asturiana de Comedias unidas por la cordada de la tradición. Respondieron a las preguntas del actor y director Antón Caamaño, doctor en Artes Escénicas, que tiró del hilo para demostrar que en la pervivencia de este grupo, recuperado por Eladio Sánchez y uno de los más veteranos de España, hay algo más que una generosa obstinación. Los asturianos peninsulares y los transoceánicos han aplaudido y siguen aplaudiendo un teatro que otros tachan de meramente costumbrista, exhibiendo prejuicios o dando razones. El coloquio, seguido de la representación de "Que nun se pierda en el aire", hay que incluirlo en el recuerdo y homenaje que la ESAD quiso rendir a la Compañía Asturiana de Comedias con motivo de la celebración de la Selmana de les Lletres, según explicó el director de la institución académica, Joaquín Amores. "Son cien años de actuaciones y trabajo con la llingua asturiana", hizo resaltar Caamaño.

Arsenio González -actor, autor y "gallu de la quintana"- sigue a sus 86 años a pie de obra: "Todavía me queda ilusión para seguir haciendo teatro asturiano". Debutó en 1960 con la legendaria Rosario Trabanco. "No pensábamos en ser profesionales", recordó. Y contó que, pese a los indudables éxitos, podía ganar un día dos pesetas por representación y otro veinticinco duros. La crónica inestabilidad económica ligada a la escena. Armando Felgueroso empezó con nueve años, "cuando no había ESAD". "Les caí en gracia", apuntó este defensor de géneros como el del monólogo asturiano. "Es imposible vivir del teatro aquí y es costoso sacarlo fuera de Asturias", señaló. Y más: "La identidad de un pueblo es importante".

Para Sergio Buelga, con un discurso muy elaborado, el futuro de este tipo de propuestas dependerá de que el público siga apoyándolo. "Me hace sentirme que pertenezco a una comunidad, a una tradición centenaria", indicó. A su juicio, es un teatro que nació en el Gijón obrero por la "señaldá" de quienes había dejado sus aldeas para hacerse proletarios. Y ligado a las sociedades culturales y de higiene. Un teatro, en oposición al burgués, utilizado por la izquierda y la derecha. Y una fecunda historia en la que sobresalen activistas escénicos como Isidro Carballido, Pachín de Melás, Joaquín Sánchez, Aurora Sánchez, Eladio Sánchez, José Manuel Rodríguez, Felipe Villa, Eladio Verde o la citada Rosario Trabanco, entre otros.

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