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De cuando el Ayuntamiento compró el reconstruido "Retablo del mar"

El escultor Sebastián Miranda quiso cobrar al contado los cinco millones de pesetas que costó la obra, para poder gastarlos en vida

Diversas personalidades de la época ante el "Retablo del mar".

Diversas personalidades de la época ante el "Retablo del mar". / ISIDORO CORTINA

Manuel DE CIMADEVILLA | Periodista

Los gijoneses debiéramos de sentirnos orgullosos de nuestros ancestros y no siempre lo hacemos, porque hay tiempos que nunca podrán volver pero que muestran nuestros orígenes. Ésta es la maravillosa historia de la génesis del "Retablo del mar". Sebastián Miranda (Oviedo, 1885-Madrid, 1975) se casó en 1926 en Covadonga con Lucila de la Torre. Y sabido es que una mujer inteligente siempre puede cambiar a un hombre bohemio, vividor y hedonista, cuya desorganización existencial era total. Un día Lucila le dio un ultimátum: -Los hombres sois capaces por un cigarrillo de faltar a los mayores juramentos.

Sebastián Miranda en aquellos tiempos en que el dinero no afluía a sus bolsillos, sino todo lo contrario, nunca escatimaba en gastos a la hora de fumar aquellos espléndidos "Hoyo de Monterrey, 1" que eran los puros más caros del mercado. Miranda miró a la mujer de la que estaba enamorado, con los ojos profundos de un artista cuya mirada atraviesa los cuerpos para llegar a lo más profundo de la intimidad. Y con decisión tiró al suelo el puro, lo apagó con el zapato y no volvió a fumar durante los doce años que duró su matrimonio hasta que ella murió en París.

De cuando el Ayuntamiento compró el reconstruido "Retablo del mar"

De cuando el Ayuntamiento compró el reconstruido "Retablo del mar"

Para demostrar a su amada Lucila que era capaz de realizar una monumental obra maestra -por la que pudiera pasar a la historia y superar las dificultades económicas por las que atravesaba el matrimonio- la inspiración la encontró en sus paseos por el muelle del antiguo barrio de pesquerías de Cimadevilla: en la rula.

Cimadevilla y la rula, motivo de inspiración

Fascinado por la peculiaridad de los personajes de la rula comprendió que tenía que dibujar los bocetos allí, ya que todos eran reacios a abandonar las fronteras de su barrio natal. Por esa razón pidió al ingeniero Villaverde, de la Junta de Obras del Puerto, que le dejase algún lugar en los numerosos almacenes colindantes a la rula.

Como suele ser habitual, los artistas nunca son ni comprendidos ni atendidos por quienes tienen asegurado su estipendio de las arcas públicas. Debido a ello, Miranda recurrió a su amigo Indalecio Prieto, quien fue receptivo su petición y pudo realizar los bocetos para llevar a cabo su "Retablo del mar". Así quedaron plasmados para la historia su obra monumental que fue realizada entre 1931 y 1933.

Aquella obra maestra fue expuesta, con gran éxito, en Gijón y en la Universidad de Oviedo. Y el 30 de junio de 1934, tras un debate en las Cortes, el gobierno republicano tomó el acuerdo de que pasase aa la propiedad del Estado. Pero las cosas de palacio van despacio y la obra permanecía almacenada en el estudio del escultor en la Ciudad Universitaria, colindante con su casa en la avenida de La Moncloa.

Su gran obra fue quemada para quitar el frío

La guerra estalló y la obra maestra de Sebastián Miranda -quien había huido a París con su amada Lucila- como era de madera fue quemada para quitar el frío a quienes habían ocupado su estudio. Nunca comprenderé los motivos del afán destructivo que tienen aquéllos que dinamitan, queman o destrozan el arte, sea cual sea su ideología.

Cuando pudo retornar a Madrid no solamente había perdido a su esposa, sino también todo su patrimonio, dado que su casa en la avenida de La Moncloa era un solar. Pero sacó fuerzas de flaqueza y gracias a sus amigos Julio Camba, Azorín, Gregorio Marañón, Julián Cañedo y Antonio Díaz-Cañabate logró que, cual ave fénix, retornase de sus cenizas para convertirse en un pequeño palacete de cuyas paredes colgaban valiosas obras de Solana, Zuloaga y Benjamín Palencia.

Una casa para el refugio de la intelectualidad

Su casa se convirtió en un punto de encuentro para la intelectualidad progresista en aquellos difíciles tiempos para quienes sufrieron la posguerra. En el año 1969 retornó a Gijón y dio una conferencia en el Ateneo Jovellanos para tratar de no ser olvidado. Al pasear de nuevo por el muelle la necesidad de volver a crear le invadió cabeza y corazón: tenía que recuperar su obra maestra. Así cuando tenía más de ochenta años sacó fuerzas de flaqueza y le pidió a su ayudante, el maestro sacador de puntos, que rescatase las piezas en escayola que estaban enterradas en un solar en el barrio de Chamartín, en Madrid. Y con todos aquellos restos volvió a Gijón a buscar un refugio. De nuevo el ingeniero de la Junta de Obras del Puerto, el tal Villaverde, le dio con la puerta en las narices.

El Ayuntamiento de Gijón le facilitó entonces una habitación en las ruinas de la casa natal de Jovellanos, pero un periódico local publicó que allí estaba porque lo único que quería era no pagar el alquiler de un estudio. Enfurecido lo recogió todo y retornó a Madrid en 1972.

Allí tuve la suerte de conocerle y hasta rondarle con la tuna del Colegio Mayor Alcalá -cuyo solista era el simpar Aquiles Tuero- en aquel chalecito de la avenida de La Moncloa, donde muy tímida nos contemplaba su pelirroja nieta, Rosina Gómez-Baeza y Tinturé.

Con entusiasmo me confesó entonces su ilusión de concluir la reconstrucción del "Retablo del mar".

Oposición a la compra por el Ayuntamiento

El 15 de enero de 1973, el Ayuntamiento de Gijón -después de muchas deliberaciones y con críticas de algunos concejales del sindicato vertical que eran la incipiente oposición a Luis Cueto- adquirió el "Retablo del mar" por cinco millones de pesetas, con un crédito blando de la Obra Social y Cultural de Cajastur -¡qué tsunami financiero ha provocado la desaparición de su obra cultural y cuántas incógnitas hay sobre su valiosa pinacoteca asturiana!-a pagar en cinco años, con un interés del seis por ciento. Sebastián Miranda -con su gracejo habitual- quiso cobrar al contado para poder disfrutar aquel dinero en vida. El concejal de Cultura, Fernando Adaro, fue fundamental para que el alcalde Luis Cueto -a quien le obsesionaba cerrar los ejercicios de los presupuestos municipales siempre con superávit- diese el paso adelante para adquirir aquel retablo marinero que algunos calificaron de pastiche.

Así es la historia del "Retablo del mar" que ahora está dignamente expuesto en el Museo de Gijón-Casa Natal de Jovellanos. Aunque a pesar del esfuerzo de Sebastián Miranda carece de la fuerza y de la calidad de su obra original, lo cierto es que en él se reflejan retazos de la memoria histórica de una época inolvidable de Cimadevilla.

Sebastián Miranda no tiene, desde luego, la culpa.

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