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Gijón en retrovisor

Torcuato y Carrillo coincidieron en que su ciudad natal era la más hermosa

Lo comentaron cuando se encontraron por primera vez en el Congreso, en presencia de Rodolfo Martín Villa, que fue quien los presentó

Una manifestación por el muelle tras la legalización del Partido Comunista.

Una manifestación por el muelle tras la legalización del Partido Comunista.

La legalización del Partido Comunista fue una decisión trascendental tomada por Adolfo Suárez quien era muy consciente de que el Partido Comunista, a pesar de ser el más consolidado entonces en España, no tenía ese peso real en la sociedad española, por lo que era necesario confrontarlo en las urnas. Adolfo Suárez se había reunido varias veces con el gijonés Santiago Carrillo quien le había asegurado su aceptación de la monarquía parlamentaria y la integración total del Partido Comunista en el proceso que se estaba abriendo para pasar de la dictadura a la democracia. De ahí que la legalización del PCE cuya responsabilidad política asumió totalmente Adolfo Suárez -tras la inhibición del Tribunal Supremo ante la consulta legal procedente tras el Real Decreto de 8 de febrero de 1977 sobre la legalización de todos los partidos políticos- el 9 de abril, jornada que fue calificada como el "sábado santo rojo" y que motivó el ruido de sables en los cuarteles militares. Por las principales calles gijonesas, los comunistas celebraban su inesperada legalización con pancartas solicitando la amnistía total. Santiago Carrillo llenó la plaza de Toros de Gijón cuando dio su primer mitin electoral entre el entusiasmo general por la recuperación de las libertades.

León y Asturias, sin comunidad autónoma potente

Aunque el leonés Rodolfo Martin Villa -el responsable de que León y Asturias no formasen una comunidad autónoma potente, a cambio de pactar con Adolfo Suárez ser ministro del Interior y no de Relaciones con las Cortes- y el sensato vicepresidente Alfonso Osorio temían que la violencia fascista hiciese descarrillar todo aquel complejo proceso político -en el que se resolvieron los problemas de la memoria histórica-, el asesinato de cinco abogados laboralistas en su despacho del número 55 de la calle de Atocha -24 de enero de 1977- supuso todo lo contrario. Aunque el terrorismo fuese noticia en primera página muchos días de la semana, los auténticos demócratas tuvieron claro que la solución no estaba en responder con armas a las armas. Así se inició la auténtica conquista de la libertad y de los derechos políticos de los ciudadanos. Tal era la necesidad de lograr la reconciliación nacional que ni siquiera se pidió la pena de muerte para los asesinos.

Yo viví en el piso donde se fraguó la matanza de Atocha

Veinte años después, cuando trasladé mi residencia a Madrid para asesorar al ministro Josep Piqué en temas de Asturias y León -era cuando pretendía cerrar HUNOSA-, alquilé el piso 4º B, en el número 5 de la calle de Alberto Alcocer, frente al Ministerio de Industria. En la misma casa en la que había encontrado cobijo temporal vivían la hija mayor de Sabino Fernández Campo, María Elena Fernández Fernández de la Vega, el príncipe Kardan de Bulgaria y su esposa Mirian Ungría, a quienes habitualmente visitaban los entonces príncipes Felipe y Cristina. Unos meses después, las vecinas nos contaron que en aquel salón con chimenea veinte años antes había una especie de altar con velones presidido por retratos de Mussolini y de Franco. Allí se celebraban reuniones de docenas de personas sentadas en sillas plegables, en un clima de violencia por las altas voces que daban los asistentes. El día de la matanza, los asesinos se despidieron cordialmente y al día siguiente los reconocieron gracias a las fotografías que aparecieron en los periódicos. El piso era propiedad del militar fascista Jerónimo del Moral quien desconozco si lo había arrendado o sencillamente dejado como base de operaciones, ya que nunca denunció que se hubiesen marchado sin pagar la renta. Que conste mi testimonio a los efectos oportunos.

El concejal José Manuel Palacio, líder gijonés del PSOE

Cuando fueron convocadas las primeras elecciones generales democráticas para el 15 de junio de 1977, el PSOE no tenía un candidato presentable, por lo que recurrieron al concejal por el tercio sindical -trabajaba en el Banco de Bilbao- José Manuel Palacio, anticomunista visceral por haber nacido en La Habana. Aunque creía que iba de relleno, le adelanté que iba en el tercer puesto de la candidatura del PSOE, por lo que salía diputado seguro, lo que le dejó perplejo. Aquella candidatura iba encabezada por el honrado Luis Gómez Llorente, a continuación Honorio Díaz y después José Manuel Palacio, por delante de los dos militantes más relevantes que entonces tenía el PSOE en Asturias: Emilio Barbón y Ludivina García Arias. Pero la cantera de votos de Gijón era fundamental y aquí no tenían a nadie, por lo que optaron como mal menor por el concejal Palacio, quien se había hecho muy popular por su oposición a la gestión de Luis Cueto-Felgueroso. Tan desconocido era para el PSOE que hasta su nombre se puso mal en la candidatura publicada en el BOE.

Una campaña magnífica, con muy pocos medios

Aquella primera campaña del Partido Socialista Popular, con Francisco Prendes Quirós como presidente y Pedro de Silva como secretario fue magnífica y muy asturianista -los demás partidos utilizaron paracaidistas políticos, lo que inspiró la composición de mi himno "Asturies ponte'n pie"- pero pobre en medios. Marcelo Palacios, a quien le parecían pequeños sus carteles electorales a senador pagó de su bolsillo unos mucho más grandes que le hizo la imprenta La Industria, pero tuvo el gran problema de que eran de tan buen papel que luego no quedaban bien pegados en las paredes y se caían.

El mitin de Felipe González en El Molinón

El entusiasmo en la ciudad era muy grande, ya que, además, el Sporting había ascendido a Primera División, por lo que Felipe González aprovechó el hito futbolístico para decir en el mitin que dio el 12 de junio en El Molinón que ya estamos en primera. Dejó escrito Ignacio Gracia Noriega que: "González se mostró displicente y altanero, dos actitudes señoritiles que le gustan mucho al 'pueblo soberano'". Dijo que los socialistas ganaremos las elecciones, sea cual fuere el resultado, ya que somos la primera fuerza política del país. Así de rápida iba la Historia aquellos días. El año anterior éramos cuatro gatos mal contados y ahora galleando. En medio del mitin alguien le pidió que le cediera el micrófono para comunicar que se había perdido una niña. A lo que González dijo, con gracejo andaluz: "Esa niña no se ha perdido, porque está entre socialistas". Ingeniosidad que fue premiada con ovación más atronadora que cuando despreció a la derecha y al centro, que para él eran lo mismo. Alguien aseguró que la niña era hija de Vigil y que la pérdida había sido preparada previamente, pero es evidente que la respuesta del líder hizo efecto".

Gijón es la ciudad más hermosa del mundo

Así lo aseveraron, en presencia de Rodolfo Martin Villa, que fue quien presentó a Santiago Carrillo y a Torcuato Fernández-Miranda cuando se cruzaron por primera vez en los pasillos de las Cortes.

-Di un paso atrás discretamente para dejarles hablar, pero estaban tan entusiasmados que presté atención a lo que decían y ambos estaban totalmente de acuerdo en que Gijón era la ciudad más hermosa del mundo.

Aquello sí que fue una auténtica reconciliación histórica entre dos gijoneses.

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