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La minicorporación inició la municipalización de los servicios

Tras la dimisión de Luis Cueto-Felgueroso y sus concejales afines, Pedro Lantero fue nombrado Alcalde

Pedro Lantero presidió la minicorporación desde 1978.

Pedro Lantero presidió la minicorporación desde 1978.

Los problemas se amontonaban en la mesa del despacho de la Alcaldía y Luis Cueto-Felgueroso cada día se sentía más incómodo por la intensificación de las críticas de los concejales que se habían convertido en su oposición permanente. Además de José Manuel Palacio, Aurelio Visuña Estrada y Gerardo García Vega -todos ellos provenientes del llamado tercio sindical- le ponían trabas a todo y constantemente le pedían cuentas con sus dudas sobre la dudosa tramitación de algunos expedientes relativos fundamentalmente a temas urbanísticos. Luis Cueto-Felgueroso Granda -quien nunca se llevó una peseta de las arcas municipales y que cerró siempre los ejercicios con superávit- a veces miraba para otro lado con algunas operaciones ilegales hechas por amigos suyos como, por ejemplo. Severino Canteli.

Las tropelías urbanísticas. Severino Canteli quien junto con sus seis hermanos mineros en el pozo Mosquitera había hecho una fortuna con las obras del plano inclinado en el túnel de Anes (Siero) ferrocarril Langreo-Gijón quería ser alguien en Gijón. Solicitó como nuevo rico la entrada como socio en el Club de Golf de Castiello, pero en la votación secreta dos bolas negras se lo impidieron. Tanto le contrarió que le dieran con las puertas en las narices que puso mucho dinero para el traslado a Viesques y la construcción del edificio social del CHAS -un club que había sido constituido en 1965 en terrenos cedidos por Joaquín Juliana en Tremañes, cuyo presidente era entonces Víctor Manuel Felgueroso- pero en plan grandón no solamente construyó el edificio con busto y todo en su honor, sino que no dudó en ocupar terrenos rústicos municipales para las instalaciones deportivas, lo que motivó la apertura años después de un expediente para tratar de regularizar aquella ilegalidad.

Pero las tropelías de Severino Canteli no cesaron con el CHAS, sino que logró licencia para la construcción del mamotrético edificio a cuatro calles -donde se encontraba el Parque Japonés, luego Gijonés- ignorando la volumetría del Ambulatorio de la Puerta de la Villa para darle más altura. Y no se quedó ahí la cosa, sino que con sus conocimientos como encofrador para abrir túneles en las minas prolongó el aparcamiento de automóviles por debajo de la calle de Donato Argüelles hasta la plaza del 6 de Agosto.

El "pacto de Las Delicias". Así que en la primavera de1978 Luis Cueto-Felgueroso que -a pesar de haber sido elegido para ser alcalde durante diez meses y que, en total, ya llevaba siete años y medio- se sentía cansado al no ver en el horizonte elecciones municipales que le liberasen de la pesada carga en que se había convertido la Alcaldía para él optó por tirar la toalla. Su decisión la comunicó a sus concejales afines en una comida en "Las Delicias" recibiendo el unánime apoyo de todos que también presentaron su dimisión. Ello motivó la disolución de la Corporación Municipal porque faltaba un edil para poder ser constituida de nuevo. A pesar de las reuniones celebradas por el gobernador civil, José Aparicio Calvo Rubio, con los concejales que habían presentado su dimisión irrevocable, no solucionaba el problema. Me llamó entonces desesperado para informarme de que estaba en la cama con colitis y que no sabía cómo arreglar la crisis en el Ayuntamiento. Se lo puse muy fácil: convences a Ángel Rodríguez para que retire la dimisión como concejal argumentándole razones de Estado y nombras alcalde a Pedro Lantero. Aunque le dije que el próximo alcalde iba a ser José Manuel Palacio -ya que las elecciones las ganaría el PSOE en Gijón- lo más conveniente era que quien metiese las manos en los cajones fuese una persona más afín a él. Así fue y así se hizo. Cuando al mediodía del día siguiente Pedro Lantero subía parsimoniosamente las escaleras de la Casa Consistorial para asumir sus nuevas responsabilidades, lo recibí diciéndole con gran sorpresa para él:

-Enhorabuena, señor Alcalde.

Grandes problemas tuvo que resolver aquella mini-Corporación. Aquella mini-Corporación Municipal que se constituyó entonces la obligaron a adoptar trascendentales decisiones: resolver el problema de la ubicación de un basurero con capacidad para algunos años y municipalizar las empresas de limpieza y autobuses. El problema de la ubicación de un nuevo basurero -hasta entonces se utilizaban las marismas del Piles, pero sus aguas de lixiviación ya empezaban a contaminar el río- ya que ninguna parroquia lo quería. Sin autorización oficial alguna se habían iniciado hacia años los vertidos de basuras en la hondonada natural de Pica de Corros, lo que motivó la indignación de los vecinos de Cenero. La respuesta de rechazo del vecindario fue inmediata y, sobre todo, contundente. Los camiones se encontraban, en no pocas ocasiones, con aceite en la carretera de acceso e, incluso, eran apedreados por personas desconocidas y nunca localizadas por la Guardia Civil. Era evidente que los autores conocían mejor el terreno. Al frente de la movilización estaba Manuel Sirgo, un dirigente vecinal que dejó profunda huella en la parroquia y que, por entonces dimitió como alcalde pedáneo ante la indiferencia municipal a la paralización del basurero y pasó a encabezar la revuelta. Tras dos años y medio en los que Pica Corros fue basurero ilegal, el gobernador civil, Fernando Jiménez firmó en 1979 la orden de acabar con los vertidos.

En cuanto a la municipalización de los autobuses perdí entonces la apuesta de una comida -que no pagué, por cierto, porque nunca se me reclamó- con Gonzalo Arrojo quien, junto con Pepe Cosmen, eran los empresarios de TUNISA que reivindicaban la subida de una peseta en el precio de los billetes. Al salir del despacho de la Alcaldía, tras renunciar a la concesión, me aseguró entonces Gonzalo Arrojo que, en cuanto fuese municipalizado el servicio, no subirían una peseta, sino mucho más. Y así fue, efectivamente.

La democratización de las reinas de las fiestas. Hasta entonces las reinas de las fiestas las solía escoger Paloma Felgueroso, la esposa del Alcalde y solían ser muchachas de familias de toda la vida de Gijón o veraneantes, como es el caso de la hija del famoso psiquiatra Juan José López Ibor. Pero la mini-Corporación optó por cambiar el dedocrático sistema y que fuesen las asociaciones de vecinos las que presentasen a sus candidatos y se eligiesen democráticamente en votación secreta en un acto celebrado en "La Panerona" del Pueblo de Asturias. Así salió elegida la representante del barrio del Llano, la quinceañera Mary Cruz Toyos, quien años después triunfaría como cantante. Aquella fue la primera y última elección de reinas de las fiestas de Begoña, ya que no hubo más.

Torcuato se opuso a la Constitución por el artículo séptimo. En octubre de 1978 fue aprobado -tras un ejemplar trabajo de auténtica reconciliación histórica- el proyecto de Constitución Española por las Cortes Generales -que fue refrendada por los ciudadanos españoles en un referéndum y entró en vigor el 29 de diciembre- aunque su presidente Torcuato Fernández-Miranda se opuso a ella al advertir -con clarividencia- que el artículo séptimo referente al Régimen de Autonomías iba a dividir y a empobrecer a España. El tiempo le ha dado la razón al ilustre gijonés. ¿O no?

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