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La Faraona de la calle de la Merced

Loli Alonso, conocida como la "Lola Flores gijonesa", llenó teatros y salas con sus coplas en España y Francia con el "Trío los Morenos"

Ignacio PELÁEZ

Con su largo y negro cabello, sus verdes y expresivos ojos y un vistoso abanico al viento, María Dolores Alonso Cuervo -Loli Alonso- pisó con garbo y tronío los escenarios de España y parte del extranjero para deleitar con una voz tan segura como natural que brotaba desde lo más profundo sin haber recibido nunca nociones de cómo hacerlo. Su espontaneidad, su joven belleza y el aplomo sobre las tablas le valieron el apodo de "la Lola Flores gijonesa" y el reconocimiento del público desde que debutó en público a los quince años. "No canta, no baila... no se la pierdan" decían de la Faraona. Pues bien, de Loli, que cantaba y bailaba y nadie se la perdía, decían que era "el arte que canta y el arte que baila".

Su pasión por la música, en especial por la copla, comenzó de bien pequeña, escuchando a Juanita Reina y Concha Piquer en la radio que había su casa del barrio de Cimavilla, junto a sus padres Higinio -el también mítico jefe de Salvamento- y Ludivina, que repartía fruta por el barrio alto. Estudió en el colegio Santo Ángel tras pasar un tiempo en la escuela "Les Pegañes" y antes de asistir como aprendiz con el popular sastre gijonés Luis Fernández, en la calle de los Moros.

La Faraona de la calle de la Merced

La Faraona de la calle de la Merced

Debutó en el teatro Robledo a los quince años en un concurso organizado por "Educación y Descanso". Loli, que afortunadamente vive para contarlo, recuerda que el pianista le preguntó por su partitura. "Le dije que no sabía ni lo que era", recuerda entre risas. Él se comprometió a acompañarla cuando empezase a cantar pero el torrente de voz que emanó de su garganta para interpretar "Capote de grana y oro" rebajó al piano a su mínima expresión. Loli ganó aquel certamen al que, por edad, no podía presentarse. "Tenía quince años y el límite eran dieciséis, pero ya era yo muy mujerona y coló", desvela. Pero la treta no salió bien porque se dio de bruces con la envidia. Una de las perdedoras la denunció ante los organizadores. "Me quedé con el diploma pero no con les perres del premio", recuerda a carcajadas.

Sus éxitos se sucedían en cada concurso. Uno de los más importantes llegó en el teatro Principado de Oviedo en "Rumbo a la gloria", que presentaba la abuela de la reina. Allí interpretó "Limosna de amores" y "La jota de mi balcón" para meterse al público en el bolsillo. "La gente se ponía de pie para escucharme y me enviaban flores al camerino".

Participó mucho en la radio, incluso puso su voz a los anuncios del "Colacao" y "Escamas Saquito" con los hermanos Dorado. Pero en las ondas, en una visita a Madrid, algo cambió. "Me hicieron una entrevista en la radio y el locutor me dijo que le enseñara las piernas; ¿para qué si yo lo que hago es cantar?, le respondí". A partir de ahí optó replegarse. "Fue un momento incómodo, me hizo coger miedo y dejé el cante para irme con el Trío los Morenos", junto a su marido y su cuñado, Julio y Paco Salvanés. Su época dorada llegó en 1962 de la mano del ovetense Ruiz de la Peña que como representante les organizó una tournée por París de casi dos años. Compartieron cartel y camerino con reputados artistas galos como Charles Aznavour, Johnny Hallyday -el marido de la también cantante Sylvie Vartan- Gloria Lasso. "Dejad España muy alto", les vocearon desde el público una velada antes de una actuación donde presumiblemente se concentraron varios compatriotas exiliados. Tiempo después volvieron a coincidir con ellos en Saint-Tropez durante los bolos por la costa azul. "Lo que vivimos en Francia fue algo fascinante", rememora.

La época de los pomposos escenarios fue quedando atrás. Pero quede claro que no fue la cla la que les invitó a irse. Loli fue madre y optó por centrarse en su familia, en sus tres hijos -Julio, Sergio y Sofía- del mismo modo que ahora hace con sus seis nietos. También en la hostelería, junto a su marido Julio y su cuñado Paco con quienes, de cuando en cuando, regalaban actuaciones guitarra en mano a sus clientes. Durante largo tiempo regentaron varios negocios en Gijón, como el popular bar "La Cabaña", en Cimavilla; "Los Pacos", en la calle Instituto; el "Saint-Tropez", en la calle Buen Suceso y primero en Gijón dedicado al jazz; el "Polinesia", en la calle Corrida; el "Zoo Psicodélico", en la calle Santa Elena.

Queda por despejar la incógnita. Un enigma como el de si apareció o no el pendiente en el Florida Park. ¿Conoció en persona a Lola Flores? "Sí, coincidí varias veces con ella, era muy simpática, me reí mucho con ella; cuando la fui a saludar la primera vez, ella ya había oído hablar de mi". Ese día, el "torbellino de colores" -que bautizó Pemán- había conocido a Loli Alonso, la Faraona gijonesa de la calle de la Merced.

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