La sanidad gijonesa, y en especial el hospital de Cabueñes, ha entrado en una época de jubilaciones masivas. Casi 600 culminaciones de la vida laboral en el sector sanitario desde 2012 así lo atestiguan, en una progresión que se acentuó desde el 2016: 114 jubilaciones ese año, y 103 en el pasado 2017. "Y las que seguirán, porque la cosa no acaba aquí. Nos toca renovar equipos e incluir savia nueva en la organización", indicó ayer el gerente del área V, Miguel Rodríguez.

Sus palabras, enmarcadas en un discurso de enorme agradecimiento hacia todos los trabajadores, se pudieron escuchar en el acto de homenaje a los jubilados del sector sanitario gijonés durante los últimos doce meses. En total, 29 personas vinculadas a la Atención Primaria y 74 al hospital. De ellas, 19 facultativos.

En 1997, año en que se celebró el primer homenaje grupal, fueron 16 los empleados de Cabueñes que recibieron los aplausos de los compañeros. Hasta el 2008 no se hizo una fiesta conjunta de Atención Primaria y especializada y entre todos sumaron 58 veteranos jubilados. Diez años después la cifra está en el doble. "Es uno de los retos en los que estamos inmersos en unos tiempos que van a ser cruciales para la sanidad en el área V", resolvió a decir el gerente.

En dos décadas de homenajes han cambiado los números, pero poco o nada la emoción de los discursos y el tono de los recuerdos. Ayer fueron tres mujeres, las doctoras Paloma Fernández Muñoz y Carmen Echegaray, y la secretaria Mª Ángeles Leivas, quienes se dirigieron al salón lleno en representación de todos.

La doctora Paloma Fernández, especialista de Admisión y Documentación Clínica, y quien encarnó en Gijón la lucha de la implantación del "Selene" -el sistema de registros digital-, se congratuló de que "el último regalo" que le deja Cabueñes haya sido dirigirse a un salón de actos "lleno, sin tener que haber colgado yo misma antes los carteles ni haber mandado un montón de emails recordando lo interesante de la sesión clínica". Paloma Fernández dejó un dato para el análisis: "este año es el de la jubilación de la primera promoción de la Facultad de Medicina", y reconoció que "hemos vivido una época interesante, llena de hitos sanitarios". La doctora admitió que "los avances en la calidad de vida" han ido de la mano de los avances en la atención sanitaria, y recordó su primera entrada en Cabueñes "fue como residente de Pediatría y nos llevaron a ver a un niño con un cuadro de raquitismo, algo que en nuestro entorno ya se ha superado".

En lo que respecta a su labor, la gestión de registros y documentación clínica, Paloma Fernández tuvo que llevar la vista hacia un tiempo en que "la historia clínica eran medias cuartillas que iban en sobres naranja, o los contenedores de radiografías eran totalmente inmanejables". De ahí que el salto al Selene haya sido abismal. "Pero creo que tengo un mal karma asociado a esto, por eso el día que fui a tramitar mi jubilación se colgó el sistema", contó entre risas generalizadas.

Pero los momentos más hilarantes los provocó la doctora Echegaray, jubilada del centro de salud de Contrueces, en cuanto comenzó a recordar el tiempo en que los médicos atendían en jornadas de dos horas y media y veían pacientes como churros. "Sólo te daba tiempo" a una revisión mínima para descartar patología grave y acabar con una receta de "lizipaína, abríguese y gárgaras de limón", dijo, si lo que tenían enfrente era una inflamación de garganta. O cuando debían acudir a la llamada de algún pueblo donde había fallecido un paisano y "para cuando llegabas ya estaban allí los de las pompas fúnebres y el muerto en la caja. Y tú decías: '¿habrá que auscultar al muerto, no?' y te contestaban: 'Ah, ¿es que usted tiene costumbre?".

Entusiasta, enérgica y llena de ilusión, la doctora admitió que "en tiempos de mucho trabajo y saturación" si "no nos hemos quemado es gracias a los compañeros, a los residentes que nos enseñan tanto, a los pacientes que nos dan su confianza casi hasta el punto de la veneración, y a la propia capacidad que hemos tenido para reinventarnos y superar retos". Para Carmen Echagaray "en ninguna profesión recibes tanto cariño como en esta".

También llena de cariño se mostró Mª Ángeles Leivas, secretaria de todos los últimos gerentes que tuvo Cabueñes. Recordó su llegada a Cabueñes en 1977 y admitió que fue la suya "una tarea apasionante" desde los tiempos de las "mastodónticas olivettis, o cuando las nóminas se pagaban en efectivo y en los sobres no podía faltar ni sobrar ni un céntimo si no querías tener que volver a empezar desde el principio". La secretaria admitió su ilusión "por haber participado de este profundo cambio que ha sufrido la sanidad" y reclamó para todos una "nueva etapa, distinta pero en la que sigamos conservando la misma curiosidad y el interés por todo lo que nos rodea".