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La gijonesa que cuida a las "brujas" de Liberia

La psiquiatra Marta Menéndez Gabielles, de 29 años, participa en un proyecto para recuperar a mujeres con problemas de salud mental, lo que en el país africano implica que sufren violencia, abandono y estigma social

Marta Menéndez Gabielles, primera por la izquierda, en una jornada de trabajo en el proyecto.

Marta Menéndez Gabielles, primera por la izquierda, en una jornada de trabajo en el proyecto.

Hace un año la gijonesa Marta Menéndez Gabielles (29 años) estaba a punto de acabar su residencia como médico psiquiatra en San Sebastián y sintió la necesidad de "salirme del largo camino al que nos vemos obligados a seguir los médicos españoles: una carrera, el MIR, la residencia, preparación de oposiciones y pasar el resto de la vida laboral en un ambulatorio o en un hospital". Así que tomó un desvío que la acabó llevando a África. En concreto, a Liberia, el séptimo país más pobre del mundo, asolado durante décadas por dos guerras civiles consecutivas y azotado por el ébola en los últimos años. Un país que Marta ni sabía ubicar en el mapa, y donde luego supo que sólo existe un psiquiatra para 4,4 millones de personas, dado que entre las prioridades sanitarias no está, precisamente, la atención a la salud mental.

Desde el pasado mes de noviembre son dos los psiquiatras que ejercen en Liberia y uno de ellos es Marta Menéndez. De la mano de las Hermanas Hospitalarias del Sagrado Corazón de Jesús, que desarrollan proyectos solidarios en la zona desde hace más de medio siglo, la gijonesa y la enfermera donostiarra de 22 años Cecilia Álvarez han puesto en marcha la Unidad de Convalecencia "María Josefa Recio" del Saint Benedict Menni Health Center, la primera unidad de media estancia para la recuperación de mujeres que han sufrido episodios agudos de patología psiquiátrica. Mujeres que arrastran el estigma de unos problemas mentales que en su entorno casi nadie comprende, con el handicap añadido de su condición femenina. Así que a su enfermedad se suma, casi siempre, el haber sufrido casos de extrema violencia, haber sido repudiadas por su familia e incluso tachadas de brujas.

"El manejo de la salud mental en Liberia está francamente mal, como podía ser en España hace décadas. Escasos recursos, desconocimiento cultural acerca de la enfermedad, brutal estigma y exclusión social", relata la médica gijonesa. Las vidas de sus pacientes así lo demuestran: una mujer de 36 años vivía encadenada porque su familia creía que estaba poseída por el demonio, de ahí que la llevaran a una iglesia donde le quemaron partes del cuerpo como forma de purificación; una esquizofrénica vivió en las calles y dormía en los árboles para evitar que los hombres abusaran de ella; otra paciente, de 27 años, fue acusada de bruja tras sufrir un episodio psicótico, por lo que su familia, su marido y toda su comunidad la abandonó. Tras recuperarse y volver a su entorno todo empezó de nuevo porque le obligaban a confesar que era una bruja y la acusaban de las desgracias que habían ocurrido a su alrededor.

Marta, pese a todo, destila entusiasmo por lo que hace: "los resultados están siendo muy buenos. A nivel psicopatológico, es decir de síntomas, no encontramos grandes diferencias entre estas pacientes y las que te puedes encontrar en España aquejadas de una enfermedad mental, pero lo que sí vemos es muchísimo dolor, trauma y desconfianza en el ser humano", explica la gijonesa. De ahí que "lo que más me está marcando es el gran vínculo que se va creando con las pacientes. En España quizás hay que mostrar más distanciamiento afectivo con los enfermos para que entiendan que el hospital no es más que una parada en el camino hacia su recuperación. En Liberia, sin embargo, vemos que estas pacientes necesitan recuperar su confianza en el ser humano, necesitan calidez y volver a sentirse seguras y aceptadas".

El Saint Benedict Menni Health Center está situado en Pipeline Road, en el suburbio de Paynesville, al noreste de Monrovia, la capital de Liberia. Precisamente en la capital es donde está el único hospital psiquiátrico para la atención a pacientes en fase aguda. "Llegan a convivir hasta 80 enfermos en un espacio que debería ser para 30 o menos. Muchas veces se quedan sin medicación, que difícilmente se puede encontrar en farmacias", apunta Marta. Es de este centro de agudos desde donde envían a la unidad de Marta Menéndez a mujeres que necesitan algo más de tiempo para recuperarse de la crisis sufrida. A base de muchos tipos de terapia rehabilitadora se intenta su rehabilitación "porque igual que ocurre en España, muchos casos de enfermedades mentales pueden ser tratados con una expectativa de que la persona que la sufre pueda ser perfectamente funcionante, es decir tener una pareja, trabajo, una vida social... Con un correcto tratamiento, que incluye rehabilitación mental y reinserción social, los pacientes pueden llevar una vida digna", sostiene Marta Menéndez.

Un año es, por ahora, el plazo que se han puesto las dos jóvenes españolas para desarrollar su trabajo en Liberia y pasado ese tiempo esperan el relevo de algún otro cooperante para seguir adelante con el proyecto.

Al margen de lo sanitario, cuenta Marta, exalumna del colegio de la Asunción y formada como médico en la universidad de Cantabria, que "lo que más nos costó fue adaptarnos a la mentalidad liberiana. En occidente vivimos en la era de la prevención, nos educan para ser trabajadoras, organizadas y prevenir los problemas antes de que ocurran. Aquí es la jungla, las soluciones se ponen una vez que los problemas ya hayan llegado". Recuerda la gracia que le hizo saber cómo la veían sus pacientes: "me imitaban caminando corriendo, o hablando muy rápido. Aquí se toman las cosas con muchísima calma y les sorprende ver a dos mujeres blancas ir corriendo de un lado a otro, ir al mercado solas sin coche o limpiando cristales en la unidad...".

Y lo que le está encantando es "empaparme de una cultura totalmente diferente a la mía, hablar con los trabajadores, los pacientes, conocer sus historias, la historia de Liberia... descubres tópicos que son ciertos y otros no. Toda esta experiencia hace que me sienta muy pequeña. En general la experiencia está siendo súper positiva, muy enriquecedora tanto a nivel personal como profesional. Verse en un país culturalmente tan diferente al tuyo hace que reflexiones muchísimo y mires mucho hacia tu interior. Creo, sinceramente, que esto me está ayudando a crecer como persona y como psiquiatra".

También se está dando respuesta a esa inquietud de conocimiento que asaltó a Marta Menéndez desde bien joven, cuando estudiaba en La Asunción. "Desde pequeña pensé en ser médico y en bachiller, cuando llegó a mis manos la asignatura de Filosofía, fue cuando decidí formarme como psiquiatra o psicólogo. Siempre sentí inquietud por saber cómo funcionamos por dentro y creí que la psiquiatría podría acercarme a entender mejor al ser humano, nuestras motivaciones y conductas".

Su decisión de marcharse como cooperante del proyecto de las hermanas hospitalarias en Liberia cayó como una bomba en su entorno familiar y social. Tenía delante oportunidades laborales concretas y a muchos, incluidos sus padres, les resultó difícil comprender la necesidad de arriesgarse en un país que aún arrastra muchas connotaciones de violencia. "La primera respuesta de mi familia a mi decisión de irme a África fue 'no, estás loca'. Pero acabaron por asumir que era algo que siempre había estado en mi naturaleza y en mi forma de ser y contra eso no se puede luchar". y respecto a la realidad de Liberia, "ya está libre de epidemia de ébola y de conflictos bélicos y el ambiente que se vive es de ansia por recuperar la paz. Creo que tocaron fondo y sólo quieren salir de esos años difíciles. En general es un sitio seguro, donde no puede ir u sola por la calle de noche, pero donde Cecilia y yo nos movemos con bastante libertad por la ciudad, siempre con precauciones básicas. Hasta la fecha sólo hemos recibido amabilidad por parte de los liberianos e incluso nos protegen especialmente".

Sabe que su acción ha generado en su entorno tanto miedo como orgullo, y ella aprovecha para advertir que "el coraje de verdad es el que tiene mi compañera Cecilia Álvarez, que sólo tiene 22 años y recién acabó la carrera decidió unirse al proyecto". Son tal para cual.

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