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Un colegio en el centro de la polémica

La investigación interna sobre la supuesta relación entre una profesora y un alumno, que mantienen sus versiones iniciales, sigue abierta

Colegio San Miguel.

Colegio San Miguel. / JUAN PLAZA

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I. Peláez

I. Peláez

El colegio San Miguel de Gijón trata de recuperar la normalidad tras el escándalo surgido al apartar hace ya una semana a una de sus profesoras, a la cual están investigando por mantener una presunta relación con un alumno, menor de edad, que si bien no es constitutiva de delito -así lo estimó la Policía Nacional mientras que ahora lo estudia la Fiscalía- podría no encajar con la filosofía del centro. Una investigación, todavía abierta a nivel interno, que siempre quisieron mantener en secreto y, sobre todo, dentro de los muros de este centro del barrio de Pumarín y dependiente del Arzobispado de Oviedo, para mantener a salvo la reputación de la maestra y el bienestar del alumno, un chico de quince años.

Los rumores y las sospechas ya existían desde hace tiempo y fue imposible mantener el secreto. El boca a boca hizo el resto y el miércoles pasado, por la mañana, todo se precipitó. La dirección asumió que no podía ocultarlo. Una vez saltó la noticia, desde el colegio -contando con todo el apoyo de la asociación de padres y el propio arzobispado- se apuró a dar su versión de los hechos para minimizar el posible escándalo, algo que no sentó nada bien a la perjudicada, una maestra de 34 años, que vio en los argumentos del centro una traición a lo discreción que habían pactado. "No les importamos ni el alumno ni yo, sólo quieren salvaguardar su imagen", recriminó en conversación con este medio después de mantener su inocencia. "No soy culpable de nada", argumentó tras haber puesto el tema en manos de abogados para tratar de limpiar su imagen y, llegado el caso tomar las medidas que considere oportunas contra quienes la señalaron.

Otros tenían una opinión distinta. Incluido el chico. Fueron varias las voces en su contra las que motivaron que se la apartase de sus funciones, de forma cautelar. Al tiempo, hubo quien desde dentro de la comunidad educativa aseguró que veía "cosas raras" por los pasillos entre los implicados. A ello hay se sumar que el joven frecuentaba, pese a estar en cuarto de la ESO, la zona de Primaria donde la profesora impartía clase hasta el pasado jueves, 17 de mayo. También desvelaron que el menor solicitaba con frecuencia ausentarse del aula, una actitud que bien podría encajar en que todo se trató del enamoramiento de un adolescente, como argumentó ella de inicio.

El conflicto se atasca porque ninguna de las partes implicadas cede y mantiene su relato inicial. La familia del joven, que permaneció en un segundo plano los primeros días desde que se hizo público el caso, dio un paso hacia adelante para defender la veracidad de las palabras del joven y advertir que tenían pruebas de ello. Si en un primer momento declinaron denunciar, cuando la policía les preguntó por ello, ahora no descartan esa posibilidad. Para ellos existió una relación y dicen tener pruebas de ello. El caso del colegio San Miguel no ha concluido.

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