15 de junio de 2018
15.06.2018

La odisea de un asturiano para poner una reclamación a Consumidores

Un lector relata en una carta las trabas que encontró para defenderse respecto a un supuesto abuso de una empresa de intercambio de estudiantes

15.06.2018 | 03:35
Una hoja de reclamaciones.

Un lector de LA NUEVA ESPAÑA relata hoy, en una carta al director, la odisea que supuso para él intentar poner una reclamación ante Consumidores por un supuesto abuso de una empresa de intercambio de estudiantes. Así relata los hechos Alejandro Fernández Ludeña.

Consumidor a la intemperie

Fernando Savater se lamentaba recientemente del maltrato recibido por una compañía aérea en un aeropuerto de Londres. Confesaba en un artículo la sensación de desamparo que uno experimenta cuando constata que el consumidor cada vez está más indefenso ante los sinsabores de "la vida moderna". Concluye el filósofo vasco en su columna: "A los viejos a veces nos da rabia". Soy de una generación posterior a Savater, pero tengo la suficiente edad para recordar cuando al ser humano se le trataba como tal en las entidades bancarias, en los aviones y en la pescadería de su barrio. Ahora cuesta trabajo que a uno lo traten bien hasta en las asociaciones de consumidores. A mí me pasó. Y lo voy a contar con la esperanza (lo sé, improbable) de que quienes se ganan la vida defendiendo los derechos del consumidor tengan en cuenta que a menudo son nuestra última línea de defensa. Si ellos nos fallan, nos quedamos a la intemperie.

En diciembre de 2017 acudí a la oficina que la Unión de Consumidores de Asturias tiene en Gijón. Quería informarme sobre el derecho que me pudiera asistir para reclamar ante una organización internacional de intercambios estudiantiles con sede en Valencia que, según mi criterio, actúo con poca profesionalidad y notoria negligencia, perjudicando a mi hija de 16 años, que se fue a hacer el bachiller a Alemania y a punto estuvo de perder su curso escolar.

La abogada que me atendió en la Unión de Consumidores se interesó y me aseguró que ellos podían asesorarme, animándome a reclamar. Eso sí, me orientaron a hacerlo antes que nada por medio de la oficina municipal de Gijón en el entendido de que, si por ese medio no prosperaba, ellos lo retomarían. Me hice socio y pagué 78 euros en concepto de membresía anual, animado como estaba por esta primera impresión francamente positiva.

Unos meses después, el pasado martes 12 de junio del corriente año, tras haber sido notificado por el Ayuntamiento de Gijón de que el proceso de mediación por ellos iniciado fracasó y que ellos no tienen nada más que hacer, me personé de nuevo en la calle María Bandujo. La respuesta que recibí fue que, dado que el ayuntamiento no había hecho prosperar la reclamación, la Unión de Consumidores ya no podía hacer nada. Desconozco cuál es la razón de este cambio de criterio. Se me ocurren algunas hipótesis, pero me entristece explorarlas, pues es bien conocido que el esfuerzo inútil conduce a la melancolía.

De natural conforme como soy, me hubiera servido con una disculpa por el malentendido. O con una explicación más explícita de por qué no podemos reclamar nada contra una entidad que no tiene su sede en Asturias. Pero ante la ausencia de alguna de las anteriores, insistí en explicar que en su momento me habían dicho lo contrario, es decir, que ellos actuarían si fracasaba la mediación del ayuntamiento. Entonces desde la mesa contigua una defensora echó un capote y me espetó: "Usted ya vino el verano pasado y se le explicó que no se podía hacer nada". Obviamente, ni yo había ido el verano pasado ni habíamos tenido dicha conversación. Llegados a ese punto, donde la memoria parece fracasada y corremos el riesgo de entrar en un diálogo de besugos, pensé que mejor me daba por vencido.

En fin, recogí mis papeles, firmé la baja de la asociación y me vine para casa cabizbajo a escribir este artículo, con el leve consuelo que brinda pensar que algo puedo hacer para exigir a las asociaciones de consumidores que no incrementen "la rabia" de la que habla Savater. Lo que más me duele es que nadie me preguntó qué le pasó a mi hija, ni de qué forma, supuestamente, algunas organizaciones de intercambio se aprovechan del deseo de superación de los jóvenes para ganar dinero fácil. Al fin y al cabo, no soy más que un padre que hizo un sacrificio para darle a su hija un año de estudio en Alemania y que, ante los supuestos abusos sufridos, hubiera querido encontrar apoyos más efectivos para evitar que otras personas pasen por lo mismo. Y, sobre todo, un poquito más de empatía. "A veces nos da rabia".

Compartir en Twitter
Compartir en Facebook

Farmacias de guardia

Farmacias de guardia en Gijón

Farmacias en Gijón

Todas las farmacias de guardia hoy en Gijón

Farmacias de guardia en Asturias

Farmacias en Asturias

Consulta las farmacias de guardia hoy en tu localidad

Enlaces recomendados: Premios Cine