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Japoneses advirtieron que en El Musel había muchos muelles y pocos barcos

La estatua en el paseo del Rinconín en homenaje a - "La madre del emigrante" fue destrozada por una bomba

El puerto de El Musel en los años ochenta.

El puerto de El Musel en los años ochenta. ARCHIVO DE LA AUTORIDAD PORTUARIA DE GIJÓN

Un puerto con dos bocas era la síntesis de la idea del gobierno del PSOE para coordinar la gestión de los puertos de Gijón y Avilés. La gravísima crisis industrial que se estaba padeciendo con la reconversión siderúrgica, el cierre de los astilleros, la desaparición de la tradicional industria textil gijonesa y el abandono de las empresas no rentables motivaban un panorama económico desalentador, sin esperanzadores horizontes a la vista. Los puertos vivían fundamentalmente de los tráficos cautivos del hierro y el carbón, por lo que no siempre se aplicaban tarifas competitivas, lo que motivó que muchos empresarios asturianos que exportaban su producción utilizasen el puerto de Bilbao al resultar más rentable y poseer mejores conexiones internacionales. Durante aquellos difíciles tiempos los barcos paraban en el horizonte de la bahía gijonesa, unos para ahorrar tasas y otros porque carecían de mercancías para transportar.

El siempre prudente presidente de la Junta del Puerto de Gijón, Mariano Abad Fernández marcó muy claramente el escenario del juego de la coordinación: "la autonomía portuaria conjunta de Gijón y de Avilés no debe de ser una absorción del más débil, ni una rémora para el más fuerte. No somos enemigos, sino complementarios".

Mientras el director general de la Marina Mercante, el gijonés Rafael Lobeto Lobo -antiguo alumno del Corazón de María de Gijón- se subía ostentosamente a bordo del "Azor" para tomar simbólica posesión de un barco que formaba ya parte de nuestro pasado histórico, con fotografía oficial incluida, otros se dedicaban a ir por otros caminos.

Así el siempre imaginativo consejero de Industria del gobierno del Principado de Asturias, el economista Jesús Fernández Valdés -quien afirmaba que los empresarios se perdían por los aeropuertos y que calificó al Musel como nuestra sultana- no paraba de atraer posibles inversores y de vender las excelencias de las instalaciones de que disponíamos. Así un día subimos con un grupo de empresarios japoneses hasta la Campa Torres para mostrar desde las alturas las excelencias del puerto del Musel. Con su ejemplar filosofía oriental los hombres de los ojos oblicuos sintetizaron acertadamente nuestro gran problema.

Muchos muelles y pocos barcos. Años después, por aquello del grandonismo que tanto nos lastra a la hora de priorizar inversiones públicas pasó lo que pasó y solamente recuerdo la autorizada voz de una persona que se opuso a la nueva ampliación, cuyos gravosos costos no se sabe muy bien todavía a qué bolsillos fueron a parar: Pedro de Silva Cienfuegos-Jovellanos.

Que conste a los efectos oportunos porque el tiempo siempre da la razón a quien la tiene y la supo argumentar a tiempo, aunque nadie de los que mandaban entonces le hizo caso.

Un pedestal más alto para la escultura de Muriedas. Miles fueron los emigrantes que a finales del siglo XIX y también después de la Guerra Civil, se desplazaron en busca de una nueva vida en ultramar. En el "Rinconín" del paseo de la playa de Cervigón, el Ayuntamiento había encargado en el año 1970 -con motivo de la celebración de un congreso mundial de sociedades asturianas- mediante una adjudicación directa, sin concurso alguno porque no eran habituales en aquellos tiempos, la primera estatua modernista al escultor Ramón Muriedas Mazzora (Villacarriedo, Cantabria, 1938-Santander, 2014) quien entonces así iniciaba una exitosa carrera reconocida tanto en su tierra natal, como por diversas instituciones que le concedieron notables distinciones honoríficas. El escultor Muriedas era un artista que le gustaba recrear la melancolía envuelta en un halo de misterio con temática relacionada con la familia y el amor. De ahí que el alcalde Luis Cueto-Felgueroso le encargase a él su realización.

El emplazamiento para la escultura era idóneo, ya que la madre miraba hacia El Musel con el desgarro en su rostro y la maternal mano tendida a la espera del retorno de su hijo. Pero el grave error que cometió el Ayuntamiento fue no tener en cuenta la propia concepción de la estatua por lo que ignoró que el pedestal sobre el que tenía que ser colocada tenía que ser mucho más alto -los expertos calcularon que sobre tres metros- a fin de que la cabeza observada desde el paseo tuviese las dimensiones correctas desde una perspectiva lógica. Para que nos entendamos: los santos y vírgenes de nuestros altares han sido colocados en las alturas para compensar estéticamente su proporcionalidad.

La habitual coña gijonesa motivó que entonces fuese bautizada popularmente como "La lloca del Rinconín", cuando de demencia no tenía nada más que los entrañables sentimientos de una madre que sufría por la marcha de su hijo. Así fue víctima de constantes pintadas y la falta de respeto culminó con la colocación de un artefacto explosivo que la derribó. No se dieron mucha prisa en las labores de reparación, por lo que tardó tiempo en volver a ser colocada, pero sin resolver hasta hoy en día el problema del pedestal.

Oleada de atentados con bombas. Pero no fue solamente la escultura en homenaje a "La madre del emigrante" quien padeció las explosiones con bombas. En aquellos tiempos de gran conflictividad laboral, como consecuencia de la gran pérdida de puestos de trabajo por las reconversiones industriales, también se colocaron explosivos en la sede del Club de Regatas en la calle Corrida, en el Instituto Nacional de Empleo, en la factoría Riera y en la casa sindical con rotura de lunas en los edificios colindantes. Aunque alguien atribuyó los atentados al Grupo Antifascista Primero de Octubre (Grapo), nunca se supo a ciencia cierta quienes fueron los autores de aquellos actos vandálicos que la verdad sea dicha no aportaban solución alguna a la terrible problemática laboral y que llevó a una huelga general contra la reconversión industrial, en la que participaron más de setenta mil personas y que afectó especialmente al sector servicios, ya que se trabajó con normalidad en "Ensidesa", el puerto del Musel y en la mayoría de los astilleros. Pîquetes lanzaron bolas de acero con el supermercado de "Simago", a pesar de las calles estaban patrulladas por miembros de la Policía Municipal con material antidisturbios. Los enfrentamientos fueron constantes durante aquellos meses y uno de los escenarios favoritos para las reivindicaciones fue el domicilio privado del presidente del Principado, Pedro de Silva, en la calle de Granados, donde unos mil trabajadores corearon la consigna de "Silva traidor quieres hundir Gijón". Gajes de la política, desde luego, aunque aquella injusta acusación careciese de justificación alguna.

Los enfrentamientos de los agentes de la Policía Municipal quienes reivindicaban aumentos salariales, lo que también les llevó a la huelga, también propició que el automóvil oficial del alcalde, un Peugeot 505 matrícula O-4683-W que estaba aparcado en la plaza Mayor frente a la Casa Consistorial fuese desvalijado a plena luz del día, entre las dos y las cuatro de la tarde, cuando alguien forzó la puerta del coche con un ganzúa para robar un radio-cassete que valoraron en unas catorce mil pesetas. La realidad siempre supera a la ficción, desde luego.

Un premio para el fotógrafo gijonés Senén Merino. En el XXI Salón Internacional de Navidad de Fotografía, el ingeniero de Caminos, Canales y Puertos residente en Valladolid, el gijonés Senén Merino Carriles -también antiguo alumno del Corazón de María- se llevó el premio "Asturias" dotado con veinte mil pesetas, por una fotografía -su autor siempre defendió el monocromatismo como mejor técnica para el desarrollo de su creatividad artística- sobre la playa de La Ñora. En blanco y negro, pues, tal como era el panorama de entonces.

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