Sobre el manto de pintura negra que cubre cada año el muro de Punta Lequerica, siete grafiteros explotan su arte urbano en una de las escasas ocasiones en las que pueden utilizar sus sprays sin temer ser perseguidos por la autoridad. "Hay que renovar los grafitis porque son algo efímero: se deterioran rápidamente y también hay gente que pinta encima", comenta Raúl Gil (de nombre artístico "Niño"), uno de los artistas partcipantes, aunque también confiesa que no le da ninguna pena borrar los dibujos anteriores: "Al contrario. Esa es la gracia, renovarse". Grafiti sobre grafiti.

Aunque el Ayuntamiento les propuso pintar unas vallas para el Arcu Atlánticu, desde "AsociARTE" insistieron en que sería mejor idea renovar el diseño del muro en cuestión, lo que la administración aprobó. Debido a la situación de la obra y al tema escogido, Niño comenta que "el propio tema -la mocedad creativa- coincide con lo que es el mundo del grafiti en sí mismo". De esta forma, la originalidad de estos artistas es la pieza clave en la propia obra, que cuenta también con tintes de ambientación marítima para adaptarse al entorno que ocupa.

"La idea es compartir el arte urbano", comenta Díaz, en relación a las actividades de la asociación, que también organiza el "Most Wanted Fest", un festival nacional de grafiti que se celebra en Gijón desde hace nueve años. Sin embargo, eventos de este tipo se plantean de forma ocasional, cuando el Consistorio lo permite. "Agradecemos que existan estos espacios", comenta Xav, otro de los participantes, que también opina sobre lo efímero de este grafiti: "Es un sitio muy alejado y hay gente que viene a pintar encima", lamenta. Este artista urbano también explica el proceso de creación de la obra, que en esta ocasión ha sido "improvisado", ya que fue la pasada mañana cuando le propusieron participar. "El cuerpo del cisne y las dos alas provienen de tres fotografías diferentes", afirma señalando el boceto por el que se guía, diseñado por él en la mañana de ayer.

Con temor a la lluvia, que puede estropear su trabajo o paralizarlo, estos grafiteros -conocidos o amigos entre sí- tienen que buscar ideas para conectar sus diseños, con el fin de homogeneizar la obra completa. "Lo hacemos sobre la marcha, pero es más fácil si nos conocemos entre nosotros", apunta Unaalome, otro grafitero gijonés, que se ha centrado verdaderamente en el tema "la mocedad creativa" y trabaja en el dibujo de un niño frente a una pizarra, que terminará mañana.

Hoy, los artistas urbanos darán sus últimos retoques a la obra mural, en una de las pocas oportunidades que obtienen los grafiteros para plasmar su creatividad sin que conlleve problemas con la autoridad. Al respecto, Xav comenta que "igual que existe el skatepark de Cimadevilla, deberían existir más espacios como éste para nosotros". El grafiti pide paso gota a gota, demostrando una vez más su valía artística en el entorno urbano.