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Gijón en retrovisor

El campus de Gijón precisó de más de mil millones de pesetas para su consolidación

El Ayuntamiento solamente tuvo que pagar la urbanización, pero no se aprovecharon las instalaciones de la inacabada Universidad Laboral

El primer edificio del campus universitario, obra del arquitecto Ignacio Álvarez Castelao.

El primer edificio del campus universitario, obra del arquitecto Ignacio Álvarez Castelao. ARCHIVO EPI GIJÓN

Antes del inicio de la campaña electoral -en la que coherentemente se negó a participar- el alcalde José Manuel Palacio procedió, eso sí, a bombo y platillo al montaje de una cascada de inauguraciones oficiales de obras ejecutadas durante su mandato que indudablemente supusieron el inicio de una radical transformación de Gijón para su modernización: el nuevo matadero municipal en La Riega (Granda), el Parque Móvil Municipal, la estación de trenes de la plaza del Humedal, el paso inferior del Natahoyo, la apertura de la gran avenida A-1, el Centro de Servicios Sociales de La Camocha, el centro cultural de La Calzada -también en aquellos días se aprobó un presupuesto de sesenta y cinco millones de pesetas para el Centro de Salud de aquel barrio obrero cuyas graves carencias de servicios fueron prioritarias para el alcalde José Manuel Palacio; los jardines del entorno de la parroquia de Fátima y del Bibio -donde habían estado las cocheras de tranvías- frente a la plaza de toros, además de encauzar la necesaria remodelación urbanística del paseo de Begoña que no pasaba por sus mejores tiempos.

Un nuevo polígono en Tremañes para paliar la falta de suelo industrial. Otro de los grandes logros del final del mandato del alcalde José Manuel Palacio fue la puesta en marcha del polígono industrial de Mora-Garay, en Tremañes. Todo ello fue posible tras la entrega oficial por parte del gobierno del Principado de los ciento treinta mil metros cuadrados ya totalmente urbanizados y el alcalde José Manuel Palacio advirtió que más de una cuarta parte del suelo industrial ya había sido comprometido a treinta y tres empresas que querían instalarse allí, lo que constituyó un éxito total en su comercialización. Previamente, el Ayuntamiento había comprado a finales de 1985 unos doscientos mil metros cuadrados en aquel polígono denominado de Mora-Garay por los que había pagado más de cuatrocientos millones de pesetas, a fin de dar solución a la carencia de suelo industrial en Gijón.

El coste total de la creación del nuevo polígono industrial de Tremañes-2 fue de quinientos setenta y dos millones de pesetas, por lo que el Ayuntamiento y el Instituto de Fomento Regional fijaron el precio del metro cuadrado de suelo industrial en cinco mil pesetas, a fin de recuperar los costes de aquella gran operación urbanística en un lugar idóneo, al formar parte del núcleo urbano de Gijón, de forma racional dado que una superficie superior estaba prevista en el Plan General de Ordenación Urbana de Gijón.

La consolidación del campus universitario. Después de muchos años de que algunos rectores de la Universidad de Oviedo no comprendiesen la necesidad de potenciar el campus universitario de Gijón con nuevos centros e instalaciones -dado que no se había ido mucho más allá del famoso colegio universitario creado gracias a Torcuato Fernández-Miranda, en tiempos del alcalde Luis Cueto-Felgueroso, con un proyecto desarrollado por el arquitecto Ignacio Álvarez Castelao- finalmente el ministro de Educación y Ciencia, José María Maravall, su secretario general Alfredo Pérez Rubalcaba y el rector de la Universidad de Oviedo, Alberto Marcos Vallaure llegaron a un esperanzador acuerdo para invertir más de mil millones de pesetas en la ampliación y consolidación del campus universitario de Gijón, con la construcción de seis edificios en los terrenos que van desde la carretera de Villaviciosa hacia Castiello que ocuparían cuarenta mil metros cuadrados de superficie construida. El mayor edificio sería destinado a aulas y laboratorios, además se procedería a la construcción de talleres, de un edificio departamental y una gran biblioteca. No tenían muy claro en el momento de la firma del acuerdo oficial qué otros centros universitarios deberían ubicar allí, aunque pronto comprendieron que era el lugar idóneo para la Escuela Superior de la Marina Civil, cuyo gran proyecto fue encargado al arquitecto gijonés Diego Cabezudo. Lástima de que el fabuloso planetario no esté abierto por razones presupuestarias, ya que sería otro excelente atractivo turístico para la ciudad. De esta manera, al desarrollar la docencia de la industria y la navegación se confirmaban las raíces bien puestas por Jovellanos.

La verdad es que siguen sin entenderse las razones por las cuales en aquellos momentos no quisieron ser utilizadas las excepcionales instalaciones de la inacabada Universidad Laboral duplicando con nuevas construcciones servicios que ya existían al otro lado de la carretera de Villaviciosa, al ser olímpicamente ignoradas. Cuanto allí tenían de todo: anfiteatro, comedores y un gran teatro. Servicios que siempre son fundamentales en un "campus". No sé dónde está escrita la maldición que todavía cierne sobre esa maravilla arquitectónica. No obstante, posteriormente, la Universidad de Oviedo comprendió el craso error trasladando al grandioso complejo arquitectónico concebido por Luis Moya otras escuelas universitarias. No obstante, que quede constancia del error histórico ante la falta de sensibilidad demostrada entonces, con lo que además de perderse una gran oportunidad histórica, se dilapidó mucho dinero. Y de aquellos polvos vinieron los lodos que todavía lastran con grandes pérdidas económicas a la Laboral, al no utilizar con coherencia lo que ya estaba hecho.

De todos modos, el ambicioso proyecto de urbanización realizado por Ramón Fernández-Rañada con la creación de un viario alternativo a modo de ronda de circunvalación que dejó a la carretera de Villaviciosa como una vía específica para las comunicaciones de los centros, con lo que integrando allí la Universidad Laboral y sus centros en los aledaños, se planificó con una gran visión de futuro un excepcional "campus" con dimensiones que ya quisieran muchas prestigiosas universidades europeas.

Murió el alcalde José García-Bernardo. En mayo de 1987 falleció José García-Bernardo y de la Sala, quien gobernó acertadamente en tiempos muy difíciles para afrontar el desarrollo urbanístico la ciudad, por la falta de la necesaria financiación y la desconsideración política de algunos conspicuos que no quisieron reconocer su gran gestión sin apenas fondos públicos. Entre sus logros hay que destacar la prolongación del paseo del muro de San Lorenzo hasta El Rinconín -de ahí que se diese su nombre a la nueva avenida- que se pudo llevar a cabo gracias a las competiciones deportivas organizadas en el entorno de La Escalerona, por lo que hubo quien le puso el mote de "Pepe Portielles" por proteger con vallas el recorrido para evitar accidentes; la ampliación del parque de Isabel la Católica que pasó de ser un vertedero de escombros y basuras a una nueva dimensión para el uso y disfrute de todos;, los fantásticos festivales de verano en le entoldado de la plaza Mayor -precedente indudable del instalado durante la época de José Manuel Palacio, al no disponer Gijón de escenario idóneo para grandes espectáculos- y la construcción en edificación abierta -lo nunca visto hasta entonces- de las mil quinientas viviendas de Pumarín, que hasta tuvieron ascensores, lo que posibilitó dar el primer paso para el inicio de la ronda de camiones que estaba prevista en el planeamiento urbanístico de Germán Valentín Gamazo.

No me puedo resistir -ante la coincidencia de hechos que se dan en aquel año de 1987- a un innegable paralelismo histórico: el alcalde José García-Bernardo pasó a mejor vida reconociéndosele su labor antes de morir y al alcalde José Manuel Palacio también lo quisieron enterrar apropiándose de muchas de sus obras los oportunistas que vinieron después con ínfulas modernizadoras basadas fundamentalmente en el hormigón.

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