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RUBÉN MARTÍN VAQUERO | Historiador, acaba de publicar "La sintonía de la memoria"

"Ahora todos fueron antifranquistas, pero el soplo de libertad venía de Asturias"

"En una dictadura tan fuerte, sin televisión, cerrados, sin atisbo de nada, la radio supuso una chispa para pensar que no estabas liquidado del todo"

Rubén Martín Vaquero, autor de "La sintonía de la memoria". ÁNGEL GONZÁLEZ

Historiador y escritor, Rubén Martín Vaquero (Salamanca, 1953) acaba de publicar "La sintonía de la memoria. La radio en España (1939-1975)", una historia de esos años a través de los programas radiofónicos. Muy vinculado a Gijón, es autor de varios libros sobre los Trastámara, entre otros trabajos de historia, y fue asesor de la serie de TVE sobre Isabel la Católica

-¿Qué ha querido contar en este nuevo libro?

-Es una síntesis de lo que fue la radio durante el franquismo. Toco la mayoría de los aspectos de una programación a través de la que la población veía el mundo. Una radio por la que se pagaba, por cierto, un impuesto. Cuando presenté "Una Historia de España para Martina", entré en contacto con un museo de la radio que hay en Salamanca. Tiene una sorprendente cantidad de cintas de la época que, unidas a otras fuentes, incluida la biblioteca de Ciencias de la Educación de Salamanca, con una gran colección facsímil de periódicos, me permitió hacer este libro. Llevaba mucho tiempo acopiando documentación, pero el año pasado me decidí a pasarlo a limpio. Total, que estructuré treinta y seis años de radio en doce imaginados días de radio.

-Con los que escribe los doce capítulos del libro.

-Efectivamente, y todos con la misma estructura, pero con contenidos específicos. Lo que he tratado es de aproximarme lo más posible a un día de emisión de una hipotética emisora de radio de aquella época. Sería una primera alocución de Radio Nacional de España (RNE) para todas las emisoras, boletines horarios, avisos, mensajes, cartelera de espectáculos con clasificación moral, el Ángelus, las alocuciones del Padre Venancio Marcos, concursos, ecos de sociedad. RNE tenía dos diarios hablados, uno a las dos y media y otro a las diez de la noche, el famoso parte. Venía de los partes de guerra que se emitían en la zona controlada por Franco. Todas las emisoras del país tenían que conectar con RNE, que daba las noticias españolas y extranjeras. La sintonía de los diarios hablados era el toque militar de ordenanza llamado generala, adaptado para la radio por el Padre José María Otaño.

- Todo muy pautado.

-Sí, después venían la radionovelas: de "Ama Rosa" a "Periquín" o "Lucecita"; los programas musicales y de humor, el Santo Rosario, concursos, avisos, discos solicitados y dedicados. A la gente joven le hace gracia lo de los discos dedicados, pero llegaba a todos. Se felecitaban los novios, las bodas... "Para Fulanito, que está en El Ferral haciendo la mili, de parte de quien él sabe". Se solicitaban canciones como "La hija de Juan Simón", "Soy minero", "Blanca y radiante"... Y después, el parte de las diez de la noche, seguido de avisos, el fútbol. En el libro meto también las radios clandestinas. Había una en Estados Unidos, pero me he centrado fundamentalmente en la BBC, Radio Andorra, Radio París y la más oída, al menos por estas tierras, que era Radio España Independiente, más conocida como La Pirenaica.

-O sea, para tener una memoria completa de la radio de aquellos años hay que atender a la radio oficial pero también a las emisoras exteriores, del exilio, antifranquista.

-Claro. Es posible que el libro les diga poco a personas menores de cuarenta y cinco o cincuenta años. De esas edades en adelante, les dice todo. Si sólo se escuchaba RNE, Radio Popular y la Cadena Ser, pues la cosa quedaba coja, naturalmente. Es imprescindible mostrar la otra cara de la moneda, al menos los grandes hechos, porque si no se dejan de comprender la época.

-Bueno, una parte de los españoles escuchaban esas emisoras clandestinas. Es la imagen de dos o tres personas escuchando La Pirenaica bajo una manta.

-Sí. El estribillo de La Pirenaica era muy bueno: "Ay, qué bien. Ay, qué bien. Mi vecino la escucha y yo también". En Salamanca se oía en todos los pisos de estudiantes. En RNE te decían: "Han sido fusilados tal y tal...". Y en La Pirenacica te daban la otra cara: "Han sido asesinados...". De las huelgas de los mineros, a los que llamaban productores, te enterabas, por La Pirenaica. Lo de Asturias era muy importante, como un soplo de libertad. Ahora resulta que todo el mundo estuvo en la lucha, como todos los que dicen que participaron en el Mayo del 68, pero los que pringaron de verdad fueron otros y los conocemos. Es la realidad.

-Para su libro ha acotado un espacio temporal que va desde el final de la Guerra Civil hasta la muerte de Franco. ¿Ha querido contarnos la historia de un medio de especial importancia durante una dictadura?

-Exactamente. El libro empieza con el último parte de guerra. RNE nació en Salamanca en un frontón, con una emisora de segunda mano que trajo un piloto alemán de la Legión Condor. Luego pasó al Palacio de Anaya , con Millán Astray al frente. Y el libro termina con la muerte de Franco, su testamento. Antes están los cinco últimos fusilamientos. Quizás algún día me ponga con la Transición. En lo setenta hay más libertad en la radio, aunque todavía hay mucha represión.

- Es un período en el que la radio tiene una importancia determinante, más si tenemos en cuenta de que la televisión llega tarde a España.

-Es crucial. No me he inventado nada de lo que incluyo en el libro. ¿Es posible que a la mujer que se bañaba con un bikini la detuvieran en un calabozo y le pusieran una multa? Pues sí. En una dictadura tan fuerte, sin televisión, cerrados, sin atisbo de nada, la radio supuso una chispa que te hacía pensar que no estabas liquidado del todo. Y más si escuchabas Radio París o La Pirenaica, porque pensabas que había gente que se movía, que hacía cosas, que no estabas solo. Un chorro de aire fresco. Y la radio unía a la gente. Más de cuatro en la calle, decían "disuélvanse", pero diez o doce personas podían escuchar un partido o la radionovela. La mujeres de mi casa se juntaban, por ejemplo, para oír "Lucecita". Había una comunidad.

-Pero el franquismo también utilizó la radio para ahormar ideológicamente a los españoles. Los consultorios sentimentales son un ejemplo.

-Totalmente, pero creo que no podían con el tema. La publicidad estaba también muy manipulada: "Lor rojos no usaban sombrero. Sombrerería Brave. Montera, 6". Es muy bueno. Y otro: "No tengo pecas. Soy seductora. Todo se lo debo a la bella Aurora". "Lejía Herrero. Lava la señora, lava el caballero"; jamás vi a mi padre con lejía.

-En su libro hay presencia asturiana, con las huelgas de los mineros y otros hechos.

-Así es, mucha. Por ejemplo, el nacimiento de Comisiones Obreras en La Camocha. Por supuesto las huelgas de la minería. Pero antes ya había tenido una especial importancia informativa con el maquis. Creo que el "Asturias, patria querida" es un poco el himno de toda España; es un gravísimo error decir que es la canción de los borrachos. En Madrid, me hice amigo de dos asturianos de Avilés y Mieres y siempre le he dicho que estaban equivocados al pensar que el paisaje de su tierra es una maravilla. Todo el Norte es muy bonito pero lo mejor de Asturias no es Asturias, si no los asturianos; gente especial. De hecho, he comprado un pisín en Gijón. Voy a tener una nieta asturiana.

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