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Melquiades Álvarez mira al cielo y a la noche en la exposición "Nuevas obras"

"Me pongo en guardia con mi propio manierismo", afirma el artista, que presentará el próximo jueves en Gema Llamazares sus últimas pinturas

De izquierda a derecha, "Tocando el cielo" (óleo sobre papel), "Tres de la tarde" (acrílico sobre madera) y "El temor" (acrílico sobre madera).

De izquierda a derecha, "Tocando el cielo" (óleo sobre papel), "Tres de la tarde" (acrílico sobre madera) y "El temor" (acrílico sobre madera).

Hace exactamente un año inauguraba Melquiades Álvarez (Gijón, 1964) en Santillana del Mar (Cantabria) la antológica (en todos los sentidos) "Un mar para Santillana". Pero llevaba cuatro sin exponer en Asturias y en su propia ciudad, así que hay una enorme curiosidad entre los aficionados por "Nuevas obras", la muestra que el artista inaugurará el próximo jueves en la sala Gema Llamazares. Más de cuarenta piezas, firmadas entre 2016 y 2018, en las que dominan algunos de sus asuntos centrales (el paisaje, las aves, las flores...). Y polarizadas, además, hacia el cielo o sus luces y hacia la noche con sus sombras.

No descubrimos nada al afirmar que Melquiades Álvarez es uno de los tres o cuatro grandes pintores asturianos del último medio siglo. En primer lugar, por ser dueño de un mundo plástico propio que incorpora una muy original revisión de la tradición romántica; en segundo lugar, por el extraordinario dominio que tiene del oficio. "Nuevas obras" es, en este sentido, una constatación de que el artista mantiene el rigor y el vigor con que ha ejercido hasta la fecha.

Acierta el pintor, que ha publicado un muy estimable libro de poemas ("La vida quieta"), cuando escribe para los visitantes de "Nuevas obras": "Me pongo en guardia con mi propio manierismo y procuro ir al principio aquel para materializar, en su espíritu, la última obra como si fuese la primera". No incurrir en repeticiones y pintar cada cuadro como si fuese el primero. Una intención que preside la labor de Melquiades Álvarez, por mucho que sus obras ofrezcan estilemas comunes y una coherencia pictórica evidente.

Esas continuidades, nunca redundantes, son apreciables en esta exposición. El artista, un renovador de la figuración, vuelve por ejemplo al uso de la madera. En el caso de Melquiades Álvarez este material es algo más que un soporte: es un elemento expresivo más del cuadro; es más, la obra no se entendería de otra manera. Igual que cuando horada sus piezas o recurre a los relieves y a las vetas. "Nuevas obras" incluye, asimismo, óleos o acuarelas sobre papel. Junto con cuadros como "Río color", donde el artista da curso a su capacidad para imprimir su pintura de una temperatura onírica, hay una serie ("Resurrección") de flores sobre tablas quemadas.

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