18 de julio de 2019
18.07.2019

Fallece a los 105 años el último combatiente asturiano de la División Azul

José Antonio Montero Álvarez fue defensor de Oviedo y luchó en Rusia, donde resultó gravemente herido en el frente de Leningrado

18.07.2019 | 02:56
Montero Álvarez, en una imagen de 2010.

Estuvo en los peores frentes de batalla, fue herido y laureado y pudo disfrutar de una vida muy longeva. José Antonio Montero Álvarez, el último superviviente asturiano de la División Azul, la unidad de voluntarios españoles que formó una división de infantería para luchar contra la Unión Soviética en la Segunda Guerra Mundial, falleció ayer en Gijón a los 105 años.

Militar del Ejército del Aire, defensor de Oviedo, caballero laureado con cruz, placa y encomienda de la Orden de San Hermenegildo, nació en noviembre de 1913 en Pajares del Puerto en una familia con quince hijos. Era el séptimo y tanto a él como a sus hermanos la Revolución de Octubre y la Guerra Civil les tocaron de lleno. De hecho, el 34 cayó una bomba en la casa familiar que le alcanzó y tuvo que ser operado para sacarle un puñado de trozos de metralla.

Con la contienda civil ya en marcha, acudió con dos hermanos al cuartel del Milán para alistarse en la compañía del capitán Janáriz. Cayó herido en la posición de Pando, cerca de Fitoria, y el 21 de febrero de 1936, le cayó una bomba a los pies en Oviedo y resultó herido muy grave. Posteriormente ingresaría en una academia militar de Jerez, y cuando estalló la Segunda Guerra Mundial solicitó incorporarse a la División Azul.

"Un infierno"

En Rusia luchó en los arrabales de Leningrado. "Un infierno, nevadas terribles con temperaturas de hasta 40 grados bajo cero. Se me congeló la nariz, las pasé moradas. Un centinela que no puso bien el gorro fue a cogerse una oreja y se quedó con ella en la mano, completamente helada. Caí herido muy grave, me daban por muerto", relataba él mismo a este periódico hace unos años. Permaneció seis meses en la División Azul, manejando cañones antitanque y ametralladoras, antes de ser evacuado a España como mutilado de guerra con una pierna y un brazo afectados y todavía con metralla dentro de la que fue intervenido a su vuelta.

Después de eso, se casó en Oviedo, fue padre de siete hijos y fue destinado a Luanco para trabajar en el servicio de Telégrafos. Por su participación en la División Azul, en el 18 Batallón, cobraba una pensión de Alemania, aunque siempre lamentó que España no le pagara por su labor en Rusia. Una vez jubilado, se instaló en Gijón para que estudiaran sus hijos, y vivió en la ciudad hasta su fallecimiento, ayer.

La capilla ardiente con sus restos mortales ha quedado instalada en la sala 3 del tanatorio de Cabueñes, y la conducción del cadáver tendrá lugar esta tarde al cementerio de Ceares, donde recibirá sepultura. El funeral por su eterno descanso se oficiará en la iglesia parroquial de Nuestra Señora de Begoña a la una de la tarde del viernes.

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