03 de agosto de 2019
03.08.2019

Alfombra roja a un verano sin guerras

"Acoger fue la mejor decisión de nuestras vidas", dicen las familias que reciben a los 37 niños saharauis y de Kiev que pasarán el verano en Gijón

03.08.2019 | 01:32
Los niños saharauis y ucranianos que pasarán el verano con familias de acogida de Gijón, ayer, en el salón de recepciones del Ayuntamiento, con parte de la Corporación municipal.

Hasta el fin del verano 37 niños saharauis y ucranianos vivirán en Gijón con familias de acogida temporales que colaboran con los programas de voluntariado "Expoacción" y "Vacaciones en paz". Este tipo de campañas, habituales en buena parte de las ciudades españolas, buscan sacar a los más pequeños de sus campos de refugiados en unas fechas en las que las temperaturas pueden alcanzar los 50 grados, poner al día sus revisiones médicas y garantizarles una dieta equilibrada. Todos ellos, acompañados de sus nuevas familias, fueron recibido ayes por la Alcaldesa y parte de la corporación municipal en el salón de recepciones del Ayuntamiento y se llevaron una mochila con ruedas y entradas al Botánico y al Acuario.

Las acogidas temporales empezaron en los años 90 y se involucraban primero sólo con el pueblo saharaui, hasta que en el año 2006 se incluyó a Kiev, envuelto en conflictos con Rusia y afectado todavía por la radiación de Chernóbil. En la campaña gijonesa de este año se están ayudando a 25 pequeños saharauis, que llegaron el día 10 de julio y se marcharán a principios de septiembre, y a 12 niños ucranianos, que llegaron también a principios del mes pasado y regresarán a sus casa antes de que termine este mismo mes.

Según Valentina Barrial, voluntaria de "Vacaciones en paz", el pueblo saharaui "sigue viviendo de una ayuda humanitaria que está mejorando sus condiciones de vida muy poco a poco", aunque destacó el especial carácter solidario de Gijón. "En el 94 se hizo un viaje institucional pionero a los campos de refugiados que animó a muchas familias", aseguró.

Por su parte, Stanislava Pavlovskaia, responsable de los pequeños ucranianos, recordó que las consecuencias del accidente nuclear de Chernóbil "siguen causando muchos problemas de salud" entre la población ucraniana. "En los últimos años, además, mi país está pasando por momentos muy difíciles por los problemas con Rusia. Se están ocupando zonas que amenazan los campamentos", lamentó.

La alcaldesa Ana González, que prometió a los pequeños un verano "brutal" en la ciudad y les enseñó a pronunciar "Xixón" al unísono, destacó que lo que espera de este verano es que otras familias que se encuentren a los pequeños por la calle estas semanas se animen a colaborar en la campaña de acogida el año que viene.

Lo mismo desea Norma Rodríguez, una madre de la ciudad que lleva 17 años acogiendo a un niño saharaui cada verano. "Por entonces, cuando yo empecé a hacer esto, era bastante poco común; no se había puesto de moda. A mí siempre me había gustado la idea de tener a otro crío en casa y en cuanto me enteré de este tipo de campañas me animé. Desde entonces hay más voluntarios porque la voz se va corriendo", explica. Pasará este verano con Lala Baba, una niña de 13 años que ya casi es tan alta como ella. Es consciente de que este será probablemente el último año que pueda acoger a la joven. "El límite de edad de los niños a acoger son 12 años y tú luego, como mucho, puedes pedir alguna prórroga", concreta la gijonesa, que explica que le gustaría que más gente se animase a ayudar a niños de este rango de edad. "Normalmente las familias de acogida quieren tener niños pequeños, tan pequeños como sea posible. Conforme van cumpliendo años es más difícil que los voluntarios lo pidan. A mí eso me da mucha pena", asegura.

Rodríguez supone que esta tendencia es la forma que tienen las familias de evitar la temida edad del pavo, pero según ella "no tiene nada que ver": "Son como los niños de aquí; cada uno tiene su personalidad. Yo los primeros años tuve a niños que eran un encanto y luego me tocó uno muy travieso. Y no pasa nada. Son críos y quieren pasarlo bien". A su juicio, participar en este tipo de programas es otra forma más de reivindicar una injusticia. "Viene muy bien que se les vea por aquí porque ayudamos a sensibilizar a la gente, a recordarles que los campamentos saharauis siguen allí después de tantos años. Que a veces parece que se nos olvida que allí hay cerca de 200.000 personas", critica.

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