07 de agosto de 2019
07.08.2019

El estudiante mediocre que lo ganó todo

El voleibolista Jaime Fernández Barros, alumno distinguido del Jovellanos, comparte homenaje con Areces y Aurelio Menéndez

07.08.2019 | 02:50
El estudiante mediocre que lo ganó todo

"Se puede ser un ilustre profesional siendo un mediocre alumno. Mi vida no ha sido la de un alumno extraordinario pero he conseguido cosas y hacer feliz a la gente". Quizás Jaime Fernández Barros no se sienta el más brillante de los estudiantes que hayan pasado por las aulas del Real Instituto Jovellanos en sus 225 años de historia pero su vida es de todo menos ordinaria y por eso la asociación de antiguos alumnos y amigos del instituto le entregaba ayer el premio de alumno distinguido a quien, desde aquellas canchas del instituto gijonés donde entró en 1966 con diez años, ha llegado a serlo todo en el mundo del voleibol nacional como jugador, entrenador, seleccionador y director deportivo. Su perfil humano y sus decenas de títulos los glosó la profesora Carmen Díez.

Un Fernández Barros que recibió el tributo desde el agradecimiento y la generosidad. Emotivas fueron sus palabras de recuerdo a José Luis García González, aquel entrenador que le descubrió un mundo nuevo al chiquillo que practicaba fútbol y atletismo. "Yo ya llevaba el deporte dentro pero él me metió la pasión del voleibol", recordaba el gijonés afincado en Tenerife. Sus palabras llegaban solo unos minutos después de que la sobrina del profesor y entrenador fallecido en 1988 recogiera el diploma con el que la asociación de antiguos alumnos "hacía justicia" al impulsor del voleibol asturiano. Su trayectoria fue detallada por el profesor César Mateo.

Y entre García González y Fernández Barros, un tercer nombre: el de José Castro. Entrenador en el Grupo Covadonga y ayer un discreto integrante del público en el acto celebrado en el Antiguo Instituto al que el alumno distinguido sacó del anonimato para obligarle, con cariño pero sin opción al no, a salir al escenario para agradecerle públicamente su apoyo y su compromiso con el voley asturiano.

Fue solo uno de los muchos momentos emotivos de un ya de por si emotivo y singular 6 de agosto para la Asociación de antiguos alumnos, en el año del 225.º aniversario de la fundación del instituto por Jovellanos. Una efemérides que se aprovechó para rendir homenaje a los recientemente fallecidos Aurelio Menéndez y Vicente Álvarez Areces nombrándolos socios de honor a título póstumo. De recoger el diploma del jurista y ministro de Educación se encargó su hijo Pablo quien destacó la importancia del proyecto educativo que ejemplifica el Instituto Jovellanos, defendió la "inteligencia asturiana" y recordó que "mi padre era un jovellanista nato". Aurelio Menéndez no sólo encontró conocimientos en sus años en el instituto. De allí surgiría su familia al encontrar a quien sería su esposa, Mercedes García. El matrimonio da nombre al premio que recibe el alumno con mejor expediente del año.

También fue uno de los hijos de Álvarez Areces, Alberto, quien dio las gracias a la institución en nombre de su familia. A su lado, su madre y viuda del exalcalde de Gijón y expresidente del Principado de Asturias, Soledad Saavedra. Padre e hijo fueron alumnos del Jovellanos de donde, explicó el joven, "no solo nos llevamos una excelente preparación sino también un patrimonio de valores". En referencia a los dos homenajeados recordó que "ellos ya cumplieron su misión y dejaron su legado; ahora nos toca a nosotros".

La ronda de reconocimientos terminó con la entrega del premio Campanil a la Fundación Foro Jovellanos en el año de sus bodas de plata. De glosar a la entidad se encargó Pedro Sabando y de agradecer el premio Ignacio García-Arango Cienfuegos-Jovellanos, como presidente del Foro. Los dos aprovecharon sus intervenciones para hacer peticiones en voz alta. El primero con un llamamiento a los jovellanistas "salir a la calle en Asturias y fuera de Asturias porque se necesita saber quien fue Jovellanos. No sólo marcó el tiempo de su vida sino el siglo en que nació" y el segundo sugiriendo el cambio de nombre de la Escuela Politécnica de Gijón a Instituto Asturiano Politécnico de Gijón "Jovellanos" en homenaje al prócer y a ese Real Instituto Asturiano de Náutica y Mineralogía que fundara tras muchos esfuerzos.

Los recados al nuevo edil de Educación, Alberto Ferrao, se los dio el presidente de la asociación de antiguos alumnos, Manuel Santiago López, recordando que la anterior Corporación aprobó la reconstrucción del quiosco de Pachín de Melás en la plaza del 6 de Agosto y cambiar el nombre de la calle Argandona por el completo de Josefa Jovellanos "La Argandona". Fue la despedida oficial del profesor como presidente de la asociación. "Ha sido un honor y un privilegio; lo hemos hecho lo mejor que hemos podido", confesó agradecido.

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