25 de agosto de 2019
25.08.2019

Nombres contra el olvido

Un historiador gijonés descubre la identidad de dos víctimas asturianas del nazismo hasta ahora desconocidas: "El censo oficial está incompleto"

25.08.2019 | 00:29

El gijonés Rafael González nació en 1917, por lo que la Guerra Civil le pilló siendo aún muy joven. Posible combatiente contra Franco, acabó exiliado en Burdeos y deportado, junto a otros 500 republicanos, al campo de concentración nazi de Neuengamme, próximo a Hamburgo. Tras su liberación en 1945, pasó por varios campos de refugiados y llegó a Suiza, donde conoció a su mujer. Con ella regresó a España en la década de los 50 para instalarse definitivamente en Ciudad Real. La historia de González -ya fallecido- como víctima del nazismo, sin embargo, era desconocida hasta ahora. Así lo asegura Antonio Muñoz Sánchez, un historiador gijonés que investiga desde la Universidad Rovira i Virgili de Tarragona la historia de los 40.000 republicanos españoles que acabaron como trabajadores forzosos para los alemanes en la Segunda Guerra Mundial.

El experto ha rescatado a un segundo asturiano desconocido, Juan Mateo Iglesias, que aunque sí figuraba en un registro de deportados no se especificaba su procedencia, que resultó ser Mieres. "Aún quedan muchos más asturianos por descubrir; los poderes públicos deben implicarse", asegura el historiador, que aunque aplaude la medida del gobierno nacional, que este mes publicó la identidad de 4.427 españoles que murieron en este tipo de campos, matiza también que "la única fuente utilizada para componer la lista son dos volúmenes entregados por el gobierno francés en los años cincuenta, olvidando la investigación realizada desde entonces" que, según él, "arroja una cifra de fallecidos bastante mayor". También lamenta la ausencia en el censo de los españoles deportados que sí salieron vivos de los campos nazis pero que perecieron igualmente pocos meses o años después a consecuencia de los malos tratos recibidos. "En cualquier caso, la cifra conocida de asturianos deportados a campos nazis era de 181 y, ahora, sube a 183", apunta Muñoz.

El investigador toma como una de sus principales fuentes el archivo Arolsen, un centro alemán considerado el mayor del mundo sobre víctimas del nazismo. El acuerdo con su Universidad le permite acceder de forma directa a la inmensa base de datos del archivo, que tiene unos treinta millones de documentos. Fue así como ya ha localizado a decenas de españoles deportados de los que nada se sabía hasta ahora y, entre ellos, los dos asturianos citados. "Que yo los haya encontrado demuestra que el censo asturiano de víctimas no está concluido; se deben impulsar proyectos de investigación serios con participación de expertos de varios países", razona.

Rafael González, según las pesquisas del historiador, se exilió en Burdeos, donde fue detenido en 1944 por la Gestapo y enviado junto a 500 compañeros a Neuengamme. "Uno de sus compañeros de infortunio fue el también gijonés Francisco Cristóbal, con quien trabó amistad. Fue enviado a algún comando de trabajo, quizás a reparar infraestructuras dañadas por los bombardeos, y liberado por los rusos en abril de 1945", añade el responsable. Menos se sabe de Juan Mateo Iglesias. En los registros figura como un mierense nacido el 7 de octubre de 1924 que podría haberse exiliado con sus padres a Francia, a un pueblo entre París y Lyon. "Juan fue posiblemente obligado a emigrar a Alemania, como centenares de miles de jóvenes franceses, para trabajar en la industria de guerra. Su destino fue Núremberg, donde fue detenido por la policía el 14 de julio de 1943 y enviado al campo de concentración de Dachau", completa Muñoz, que pudo averiguar allí que durante su encierro enfermó de tuberculosis y llegó a pesar 43 kilos. Sin embargo, al historiador le confirmaron ayer que Iglesias también sobrevivió al encierro (lo liberaron los americanos), aunque no se sabe adónde fue después.

Muñoz también está rastreando a familiares vivos de decenas de deportados españoles a los que se les arrebató durante su cautiverio objetos personales. El último hallazgo se produjo el mes pasado, cuando Muñoz encontró a Paquita González, hija de un catalán llamado Francisco a quien se le confiscó en el momento de su encierro un retrato de su pequeña. Ochenta años después, se lo pudo devolver. El experto también presentó recientemente en Burdeos una exposición sobre los deportados asturianos (www.rotspanier.net), elaborada con la ayuda de Peter Gaida.

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