01 de noviembre de 2019
01.11.2019

Mata a golpes a un amigo al que conoció en la cárcel tras una discusión por dinero

Jorge Aquilino Llamedo, "siempre con malas compañías", apareció muerto en su casa de Lloreda l El autor, de unos 40 años, ya ha sido detenido

01.11.2019 | 01:25

Unas desavenencias por temas económicos motivaron el enfrentamiento entre dos viejos socios y compañeros de celda en la prisión de Asturias que desembocó en la muerte violenta de uno de ellos y el arresto del otro implicado en una disputa que acabó en tragedia. El gijonés Jorge Aquilino Llamedo Sánchez, de 62 años, falleció la pasada madrugada en su casa del barrio de Lloreda, entre las parroquias de Tremañes y Porceyo, después de recibir una brutal paliza a manos de otro hombre, de unos cuarenta años, al que tenía acogido en su vivienda tras el paso de ambos por prisión y con el que posiblemente mantenía negocios turbios. Este segundo individuo, de unos cuarenta años, fue detenido al mediodía de ayer como presunto autor del crimen y ya se encuentra en dependencias de la Comandancia de la Guardia Civil de Gijón. Víctima y supuesto verdugo cuenta ambos con un amplio historial delictivo que les unió durante su estancia en la cárcel.

La hora exacta del crimen la revelará la autopsia -el cuerpo fue trasladado al Instituto Anatómico Forense de Oviedo-, pero el hallazgo del cadáver tuvo lugar pasadas las cinco de la mañana y parece ser que fue la compañera sentimental del fallecido quien se lo encontró muerto y con signos evidentes de violencia. Todo apunta a que Jorge Aquilino Llamedo Sánchez -al que sus vecinos conocían como "el Cuatrero" por sus antecedentes y fama de marrullero- recibió una fuerte paliza con un objeto romo que bien podría ser un palo y que causó importantes traumatismos por todo el cuerpo que le provocaron la muerte. A simple vista ya se podía descartar que la muerte se debiese a un hecho accidental por la etiología violenta de las heridas que presentaba. Serán los forenses quienes determinen el tipo de arma -si es que no lo han encontrado ya los investigadores- y las lesiones que le causaron la muerte a este gijonés, que estuvo en la cárcel condenado tras la "operación Pezuña" contra el tráfico de armas y de animales en la región.

Cuestiones económicas

Los primeros en llegar a la zona -se trata de una finca aislada en la carretera que va de Porceyo a Lloreda- fueron agentes de la Policía Nacional, pero al tratarse de demarcación de la Guardia Civil fueron estos últimos quienes asumieron de inmediato las pesquisas. A partir de las 5.25 horas ya se encontraban realizando indagaciones en la zona con agentes de la Unidad Orgánica de la Policía Judicial del Instituto Armado al frente de estas labores. Ya en ese momento, la mujer que descubrió el cadáver de Jorge Aquilino Llamedo Sánchez les puso sobre la pista de su antiguo compañero de cárcel, con el que mantenía buena relación y al que llegó a acoger en su casa tras su salida de prisión. A la vista de los resultados algo se torció entre ellos. Todo apunta a que fue un tema de dinero que el fallecido no quiso prestar a su presunto asesino cuando éste se lo pidió. Fue entonces cuando la emprendió a golpes. También se intentará confirmar que el principal sospechoso actuó en solitario.

La búsqueda de este individuo, de unos cuarenta años y con antecedentes por delitos violentos, dio sus frutos al mediodía de ayer, momento en el que fue detenido. Al tiempo, la Guardia Civil recababa todas las pruebas posibles en la escena del crimen, que se cometió en el interior de la vivienda. Llamedo Sánchez vivía en un bloque de dos pisos anexo a una cuadra y a otro inmueble con el techo derruido, que daba muestras del deplorable estado de una finca poblada de ovejas, cabras, perros y toneladas de excrementos. Lo heredó de su madre y siempre fue un vecino más en la zona, aunque cuentan que tras sus pasos por prisión provocó algún problema.

Tras conocer su muerte, hubo quienes referían que era un hombre que "todos sabíamos que andaba en malos pasos", que se relacionaba "con gente dudosa" y vivía siempre "de forma trafullera", descuidado con su vida, su aspecto y su ambiente, pero sin que de ello se derivara "ningún temor" hacia el vecindario. "En las distancias cortas era amable, pero los antecedentes que sabíamos, el hecho de vivir en una zona apartada, su descuido general y el mal entorno le marcaban demasiado", contaba una mujer que le trató.

"Dejadme tranquila"

Durante buena parte del día los investigadores estuvieron recogiendo pruebas y restos biológicos que ayudasen a corroborar la autoría de este crimen. De hecho, con el sospechoso ya identificado y detenido, los agentes del laboratorio de criminalística estuvieron revisando y recabando muestras hasta pasadas las cuatro y media de la tarde. Mientras realizaban sus labores otra pareja de agentes del Instituto Armado acercó a la compañera del fallecido hasta la vivienda, una mujer de mediana edad visiblemente afectada por lo ocurrido. "Dejadme tranquila, lo estoy pasando muy mal y no puedo contar nada", aseguró a la puerta de la casa en la que, al parecer, convivía habitualmente con Llamedo Sánchez.

En esta vivienda unifamiliar, con aspecto cochambroso y un entorno plagado de residuos y boñigas, era frecuente el entrar y salir de personas con un amplio historial delictivo a sus espaldas. Desde compañeros de la etapa en prisión del fallecido hasta trapicheros de poca monta a los que daba cobijo, según relatan vecinos de la zona. Al parecer, la víctima de este crimen acostumbraba a hacer acopio de artículos robados -desde hortalizas a todo tipo de piezas y materiales- y cometer pequeños delitos en compañía de estos individuos que pululaban por la zona. Era muchos los que aseguran que algo así "se veía venir" por "las malas compañías" que frecuentaba.

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