06 de noviembre de 2019
06.11.2019

El acusado de asesinar a Silvia Hernández: "Intenté llevarla al médico; yo la quería"

La joven falleció por una puñalada en el estómago y otra en el pulmón, aunque su pareja defiende que "las heridas no parecían graves"

06.11.2019 | 02:41
Celestino G. V., ayer, en los Juzgados gijoneses.

Celestino G. V., el gijonés acusado de matar de dos puñaladas a su pareja Silvia Hernández hace tres años en su domicilio familiar de Roces, sigue defendiendo su inocencia. El nuevo juicio iniciado ayer en la Sección Octava de la Audiencia Provincial (el Tribunal Superior de Justicia de Asturias anuló la anterior condena de cuatro años por homicidio imprudente tras encontrar contradicciones en el acta del jurado popular) mantiene la misma línea de debate establecida el año pasado: la defensa pretende probar que la joven trató de autolesionarse con un cuchillo y que su cliente la hirió "sin querer" cuando se lo arrebató, mientras que las acusaciones (Fiscalía, acusación particular, acusación popular y Abogacía del Estado) relacionan la "ausencia de auxilio" durante las horas siguientes al incidente con un posible ensañamiento. Silvia Hernández falleció en la madrugada del lunes 14 de marzo de 2016 por dos incisiones de arma blanca en el tronco (una le perforó el pulmón y la otra la pared del estómago) que había recibido en la madrugada del domingo anterior.

La jornada de ayer (el juicio, con jurado popular, se alargará hasta el viernes) se centró en la declaración del acusado, la familia de la víctima y tres residentes del edificio en el que vivía la pareja, destacando algunas contradicciones en el testimonio de la abuela de Hernández (afirmó haber realizado varias llamadas a la joven que, según la defensa, no figuran en el registro) y la aportación de dos de estos vecinos, que aseguraron haber visto alguna vez marcas de golpes en el rostro del varón, pero no en el de ella, y tildaron la relación de pareja de "tumultuosa", pero "por ambas partes". Las distintas acusaciones piden desde 22 años de cárcel hasta la prisión permanente revisable y la defensa, su libre absolución o una pena de seis meses por un delito de lesiones.

Aunque desde el primer momento el varón, que esta vez llegó sin esposas ni acompañado por agentes de acuerdo a su libertad provisional, negó haber asesinado a Hernández, la acusación particular destacó ayer de nuevo el cambio en su versión sobre lo sucedido tras las primeras horas del suceso. En un primer momento, cuando el hombre de 50 años confiesa haberse despertado de madrugada empapado en sangre de la joven (se desangró por boca y nariz tras una hemorragia interna) él aseguró al 112 que a su pareja la habían atracado en la calle a punta de cuchillo. Según explicó él ayer, esa excusa se la había inventado la propia víctima horas después del incidente, porque temía que se les interpusiese una nueva orden de alejamiento, una medida que ambos habían tenido activas respecto al otro y que incumplían constantemente. En ese momento, defendió, ninguno de los dos sabía que las heridas, pese a ser aparentemente "leves", estaban matando a la víctima.

El principal argumento de Celestino G. V. o "Tino", tal y como le conocen sus allegados, se centra en esta idea: que las dos incisiones en el costado y abdomen de la joven "no parecían graves" y que por eso ella se negó a ir al médico. "Cuando yo llamé al 112 conté su versión porque yo todavía no sabía que estaba muerta. Después ya dije la verdad", razonó el investigado. Lo que sucedió, según su testimonio, fue que tras una discusión doméstica la joven empuñó "el único cuchillo de la cocina", un arma blanca de 22 centímetros de longitud y hoja dentada, y que salió al rellano amenazando con quitarse la vida, algo "que ya había hecho varias veces". Sostuvo que fue tras ella y que le presionó la muñeca hasta que tiró el cuchillo, y que en ese forcejeo se hizo "dos cortes" en el costado. "A mí me preocupaba otro que se había hecho en el dedo, porque ese sangraba bastante, pero los otros dos dejaron de sangrar al rato. Aún así, yo intenté llevarla al médico; la quería", aseguró. Como durante ese forcejeo la pareja cayó contra las escaleras del piso, cuando Hernández empezó a manifestar dolores en el costado ninguno de los dos se preocupó demasiado, aunque el acusado sí asegura que intentó llevarla al hospital.

Tanto la madre, el padre y la abuela de la joven, por su parte, insistieron en que el acusado "la controlaba siempre" y que Hernández, diagnosticada con un trastorno de la personalidad y con un 70% de discapacidad psíquica reconocida, había ganado mucho peso y roto casi todas sus relaciones con amigos y familiares tras conocerle. La abuela afirmó de nuevo que su nieta la llamó aquella noche asegurándole que el investigado la quería matar y que pedía socorro, pero reconoció que no alertó a la policía porque "siempre decía ese tipo de cosas". Los tres vecinos que acudieron como testigos confirmaron este tipo de peleas "frecuentes" entre ambos, en las que la mujer salía al rellano o al portal a pedir auxilio, un hecho que la defensa relaciona con que la joven mezclaba alcohol con los medicamentos que tenía recetados para su trastorno. En los próximos días declararán los agentes encargados de la investigación, peritos y forenses, reservándose para el jueves la escucha de las grabaciones registradas como pruebas, entre ellas, las llamadas que la víctima hizo al 112 aquella noche de marzo.

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