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JAVIER BARÓN | Jefe del Área de Conservación de Pintura del siglo XIX del Museo del Prado

"Jovellanos es una figura inagotable a la que se puede volver una vez y otra con provecho"

"Entre el primer y el segundo retrato de Goya hay una evolución de los dos personajes evidente; el pintor se sentía cómodo y honrado por el encargo"

Javier Barón, ayer, en el Museo Casa Natal de Jovellanos.

Javier Barón, ayer, en el Museo Casa Natal de Jovellanos. ÁNGEL GONZÁLEZ

Javier Barón Thaidigsmann (Mieres, 1956) es desde el año 2014 el jefe del Área de Conservación de Pintura del Siglo XIX del Museo Nacional del Prado y antes fue profesor en la Universidad de Oviedo. Ayer, en el Museo Casa Natal de Jovellanos, pronunció una conferencia titulada "Los otros retratos de Jovellanos", dentro de las actividades relacionadas con la exhibición, en el citado museo, del retrato de Gaspar Melchor de Jovellanos que ejecutó Francisco de Goya en 1798. La próxima será el 11 de diciembre y estará a cargo de Benito Navarrete, catedrático de Historia del Arte.

- ¿Desde qué perspectiva enfoca los retratos de Jovellanos?

-Se trata de mostrar la riqueza y variedad de las imágenes que se hicieron de Jovellanos no solo en su vida, los dos retratos que le hizo Goya, ya que también tanto en vida como después la importancia que adquirió su figura a lo largo de todo el siglo XIX e incluso en buena parte del XX, tuvo una presencia a través de distintos retratos. Por ejemplo, muy importante la serie de propuestas para monumentos que acabó cuajando en el que finalmente se hizo en Gijón (inaugurado el 6 de agosto de 1891 y que es obra del escultor Manuel Fuxá). Eso explica que la proyección de la figura de Jovellanos va mucho más allá de su época y la fortuna que tiene en presencia pública es muy grande.

- ¿Pero todo lo posterior se basa en los dos retratos de Goya?

-No solo en los dos de Goya, también se basan muy especialmente los retratos escultóricos en el que le hizo Monasterio en 1809 por encargo de Lord Holland, que tuvo en cuenta a Jovellanos envejecido después del cautiverio en Mallorca. Este retrato que le hace Monasterio, que es conocido no solo a través del busto en barro y mármol, también a través de grabados, tuvo mucha difusión y fue en el se apoyaron sobre todo los escultores.

- ¿Ha sido la de Jovellanos una figura histórica reivindicada por el arte?

-Realmente siempre nos parece, dada la multiplicidad de aportaciones que tuvo, no solo en el aspecto político o vinculado con el Derecho, también con el arte, su faceta literaria, el coleccionismo o el conocimiento profundo del país, en todos estos aspectos, que es tan múltiple su figura que siempre cualquier reivindicación nos aporta nuevos puntos de vista. La de Jovellanos es una figura inagotable a la que se puede volver una vez y otra con provecho y una figura ejemplar.

- Goya "sacaba" la psicología de las personas a las que retrataba. ¿Qué diferencia existe entre los dos retratos que le hizo a Jovellanos?

-Hay una evolución de los dos personajes, evidente, en los quince años que los separan. En el primero, Jovellanos está en un momento crucial para él, es un punto de inflexión y tiene el deseo de intervenir en la vida pública y de llevar a cabo todos los proyectos ilustrados, pero luego al propio Jovellanos lo vemos, por sus escritos, con la certeza de las dificultades que tiene que atravesar. Eso lo refleja en buena medida el pincel de Goya en 1798, que ya es muchísimo más diestro y profundo que a principios de los años ochenta del siglo XVIII. En ese sentido, la madurez de Goya representando a Jovellanos, a quien admiraba y se sentía muy honrado de tener contacto con él, hasta llega a decir que el ministro le habla por signos, por el lenguaje de signos, ya que Goya había perdido mucho oído, en ese momento hace uno de sus mejores retratos, quizá el mejor de personaje ilustrado por excelencia, además un retrato próximo.

- ¿El estilo?

-En cuanto al estilo, también se ve una factura enormemente suelta. Quizá tal vez lo hace al saber que Jovellanos sabe apreciarla, ya que era un gran conocedor de Velázquez, así que Goya utiliza el pincel de una manera muy libre sabiendo que será muy apreciado.

- ¿Se sintió cómodo, entonces, retratando a Jovellanos?

-Efectivamente, se sentía cómodo, estimulado y enormemente honrado por ejecutar ese encargo, tanto por ese como por el que el propio Jovellanos le hace de su amigo Francisco de Saavedra para el propio Jovellanos.

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